El muro de cemento

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Juan y Manu me habían esperado cerca del ascensor a pesar de que ya había sonado la campana y tocaba entrar a clases.

-Vamos super espía, antes de que nos vean. -Manu me cogió por el antebrazo y tiró de mi a paso rápido.

-Dónde vamos? -No me respondieron. Cruzamos el patio y giramos una esquinita que quedaba en angulo muerto del resto del patio.

-Cómo llevas la agilidad? -Me preguntó Juan con una sonrisa traviesa en la cara.

Los dos unieron sus manos para que yo subiera el pie y trepara el muro, que no era demasiado alto, de hormigón.

Miré hacia atrás, desconfiando de que alguien nos estuviera observando y planteándome si escabullirme de las clases o no. Pero cuando miré sus caras se me pasaron las dudas. Por una vez en todos los años de niña buena no me iba a morir.

Puse un pie encima de sus manos y pegué las manos al muro. Di un pequeño salto y ellos me impulsaron. Un poco más y caigo directamente al otro lado del muro. Nuestras caras de pánico cuando yo estaba en el aire fueron de foto, por suerte me agarré a la parte de arriba del muro y quedé ahí, sobre mi estómago agarrándo el otro lado y a punto de perder el equilibrio y caer hacia delante. Rápidamente recuperé el equilibrio con un par de gestos rápidos y quedé sentada, con una pierna a cada lado del muro.

-Estás bien? -Preguntó Juan, que había empalidecido.

-Pesas demasiado poco! Calculamos que pesabas más y te empujamos demasiado. Peso pluma... -Me recriminó Manu, como si la culpa fuera mía. Iba a contestarle pero de golpe empezamos a oír unos pasos acercándose por el patio.

Juan impulsó a Manu del mismo modo que yo. Él se sentó en el muro con una habilidad que solo se conseguía con años de práctica y luego estiró del brazo de Juan a la velocidad de la luz. Luego saltaron al otro lado, pero a mi me daba miedo, estaba muy alto.

-Salta! -Me susurró Manu. Los pasos cada vez se oían más cerca. -Yo te cojo, confía en mí. -Tenía los brazos extendidos y justo cuando alguien estaba a punto de girar la esquina y verme allí arriba salté, cerré los ojos y recé para no romperme nada.

Caí en los brazos de Manu. No me hice ni un rasguño. Abrí los ojos y me separé de Manu, me miró de manera protectora, como un hermano, seguramente preocupado porque no me hubiera torcido un pie o algo.

Juan me sostuvo por la cintura y me empujó con cuidado para que salieramos a la calle.

Una vez lejos del muro empezamos a hablar.

-Buen salto, para ser la primera vez que te escapas del insti no lo has hecho nada mal. Quitando que casi vuelas hasta el otro lado. -Comentó Juan, todos reímos recordando que casi aterrizo directamente al otro lado del muro.

-Eran las ganas reprimidas de salir de allí, que la impulsaron para llegar antes al otro lado. -Comentó Manu riendo.

-Durante unos segundos me vi con la cara en el suelo del otro lado de ese jodido muro. La próxima vez lo treparé sola.

-Me gustaría ver eso, gatita trepa árboles. -Contestó Manu sarcástico.

-Tío, cuantos motes le vas a poner a la pobre? Creo que has batido el record de motes por día. -Juan quitando hierro al asunto como siempre.

-No me crees capaz de trepar el muro sola? -Le reté.

-Cincuenta euros a que no lo trepas a la primera sin caerte. -Intenté visualizar el muro y analizar si sería capaz de subirlo solo con mis manos y el impulso. La pared de cemento era escarpada, tenía un cuarenta por ciento de posibilidades de llegar arriba sin contar con el impuslo... Suficiente.

-Echo. -Dije dándole un apretón que hacía la apuesta oficial.

-Os veo muy confiados chicos... -Juan soltó una carcajada. -Pero hasta mañana no podremos averiguar quién gana y quién pierde.

Luego les conté lo que había pasado con Usui. Los chicos no se pudieron resistir a gritar SALSEO en cuanto les conté la última parte.

-Ese tío es demasiado. -Dijo Juan riendo.

-Tú! Que haces aquí? -De pronto Usui apareció se pie al lado de Manu, en la terraza del bar.

-Me llamo Coco! No tú. -Usui se limitó a sonreír.

Los chicos se levantaron y se fueron sin decir nada. Usui se sentó frente a mí.

-Qué eres? El capo de la mafia? Una mirada y la gente te deja a solas? -Usui sonrió de medio lado y miró hacia un lado.

-Pequeño saltamontes... Así que has saltado el muro y te estás saltando clases... Toda una malota. -No pude evitar reir porque puso la voz de El padrino.

-Esos dos me convencieron. Pensé que era una buena forma de acabar la mañana, después de descubrir tu escondite secreto.

-Respecto a eso... No se lo comentes a nadie, por favor. Intuyo que se lo acabas de contar a esos dos pero, que no se difunda. Me gusta que sea secreto. -Su mirada se extravió en algún punto de la calle a mi derecha.

-Significa algo para tí? -Le pregunté notando tristeza en su mirada.

-Simplemente no lo difundas. -Tecleé un par de mensajes por Whats a Juan y Manu.

-Listo. Nadie dirá nada. -Dije levantando el móvil y enseñándole la pantalla desde mi lado de la mesa.

-Gracias. -A partir de ahí se hizo el silencio. No era incómodo, había un ambiente agradable en el aire y Usui sonreía, pero decidí romper ese silencio igualmente.

-Te llamas Usui, pero no pareces japonés o chino o lo que sea el nombre. Pareces inglés.

-Mis padres son irlandeses, pero nací en Japón. Viví en Tokyo hasta el año pasado. Nos mudamos aquí por el trabajo de mis padres. Por eso mi nombre es Usui.

-Un irlandés... Nunca había conocido a uno. -En el fondo me hubiera encantado decirle que me moría por los irlandeses y los australianos, manias que tenía de adolescente, pero hubiera sido muy descarado decirselo. Y yo seguía pensando que ese chico escondía algo raro. -Encantada, chico irlandés.

-Tecnicamente soy japonés. -Me puse las gafas de sol antes de contestarle.

-Siempre he pensado que la sangre que corre por tus venas es lo que cuenta, no el lugar en el que naciste. Te define lo de dentro, no lo de fuera. -Le dije sonriendo mirando el precioso día que hacía.

-Me gusta esa filosofía. -Se quedó mirando mis ojos unos segundos. Yo también miraba los suyos. Sabía que me veía los ojos porque cuando a mis gafas les daba el sol de frente se volvían más claras y podía verse lo que había detrás.

Pero de pronto algo iba mal. Un hombre en el interior del bar sacó una pistola y gritó que nos tirásemos al suelo. Hizo que los de la terraza entrásemos dentro, al principio vacilamos pero la gente empezó a entrar. Todo el mundo se tiró al suelo, algunos vacilaron y un hombre salió corriendo pero el tío le disparó.

Usui estaba junto a mí. Me tapaba la cabeza con su brazo. Enganchó su boca a mi oido y me empezó a susurrar cuando vio que yo lloraba.

-Tranquila todo pasará. Estoy aquí, todo saldrá bien.

-CALLAD! -Gritó el hombre mirándonos y apuntándonos con una pistola.

Todo pasó muy rápido. De golpe entraron al bar cuatro tíos más, armados y con pasamontañas. Cogieron el dinero y una gran caja metálica y se fueron. Solo se quedó el hombre del principio.

De golpe ese tío estaba muy nervioso y empezó a gritar a cualquiera que hablara. Encañonó en la cabeza a un hombre que intentó a hablar con él e hizo que se levantara pero de golpe se oyeron cuatro tiros y el atracador cayó al suelo bajo en charco de sangre que crecía.

Usui fue de los primeros en ponerse de pie y tirar de mi, gritando que corriera.

-DESALOJEN EL BAR POR FAVOR. -Dijo lo que supuse un policía desde un megáfono. Todo el mundo corrió hacia la salida.

Se llamaba UsuiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora