Aquel lunes era de los peores. Madrugar, examen de mates a las ocho de la mañana... Me faltaba algo? A parte de que se me dan de pena las mates.
Pues estabamos en el examen. Juan estaba sentado delante mio, y delante de Juan estaba Manu. Este último se había hecho una mini chuleta con el ordenador, con las formulas que entraban en el examen. Pero siempre se ponía nervioso, muy nervioso, al copiar.
Pues bien. La cosa fue así. Como siempre que Manu se ponía nervioso por copiar, no paraba de mirar hacia los lados. También hacia atrás por si podía copiar a Juan.
En eso que vemos que empieza a toser y a toser. Hasta que al final para de toser, se gira, y nos hace una especie de señas. Pero no le entendimos y acabamos de hacer el examen.
Al salir, cuando el profe ya no estaba, le preguntamos qué había pasado.
-Qué decías antes tonto del culo? Un poco más y nos ve el profe hablando -le preguntó Juan.
-Que me metí la chuleta en la boca y me entró la tos y me la tragué -los ojos de Juan quedaron como platos y yo empecé a descojonarme.
-Animal! Si la habías envuelto en celo para que no se arrugara! -le gritó Juan también riendo.
-Ya lo sé, joder! Casi me ahogo con ella!!
La chuleta no era muy grande pero aún así... Se trago cinco centímetros cuadrados de celo y papel.
-Por que coño te la metiste en la boca?? -le pregunté yo, que aún me reía.
-Porque la había metido en el paquete de Kleenex pero el profe me pidió uno y yo casi me muero. Ya pensaba que me había pillado -Manu estaba sudando literalmente y Juan y yo nos meábamos de risa-. Bueno vale ya, que lo he pasado mal!
-Vale, vale, lo siento. Ya paramos.
Nos fuimos de ahí. El resto del día pasó aburrido. No quise saltarme clases otra vez. Lo había hecho un par de veces y me di cuenta de que no me enteraba de lo que explicaban en clase, así que me moderé un poco con lo de saltar el muro y petarme clases. Como mucho una vez por semana y, en caso de pasar una semana entera sin pirarme, se acumulaba y la siguiente podía hacer dos días. No me podía permitir bajar mis notas o no podría entrar en la universidad. Menos aún con la situación que tenía en casa.
Nada más volver empecé a oír la máquina de oxígeno. Subí rápido al cuarto de mi madre por si estaba excesivamente mal. Ella solo usaba la máquina cuando se encontraba realmente mal.
-Mamá.
La saludé mientras entraba. Estaba sentada en la cama con la mascarilla sobre la boca. Dando largos tragos de esa maldita máquina tan cara.
-Hola hija -la vi más pálida de lo normal-. Estoy bien, tranquila.
Me fijé en el medidor de oxígeno y le quedaba muy poco.
-Se acabó. Pienso buscar un trabajo. Y lo pienso encontrar -dije tirando mi bolso a un lado, con los libros dentro.
-Llevas meses buscando trabajo. Y nada. No te martirices hija.
Las lagrimas empezaron a salir. No soportaba ver a mi madre así y no poder hacer nada para ayudarla. Mantenía su trabajo sin hacer gran cosa gracias a la estrecha y larga relación con su jefa. Pero la enfermedad la mataba poco a poco. Si al menos tuviéramos el sueldo de mi padre para pagar la medicación cara y la máquina de oxígeno...
Mi padre. Ese bastardo que se largó sin decir palabra en cuanto se enteró de la enfermedad de mi madre. No hemos vuelto a saber nada de él.
-Pues buscaré aunque sea en la otra punta de la ciudad. Y preguntaré a Juan y a Manu si conocen a alguien que me enchufe.
Entonces mamá sonrió como si no estuviéramos hablando de los problemas que teníamos.
-Me gusta que me hables de esos dos -su sonrisa me partió el corazón, solo de pensar que en algún momento no podría volver a verla...-. Quiero que los traigas a casa algún día.
-Para qué? Para que se enteren de que estás enferma y me tengan pena? -le dije aguantando las lágrimas.
-No siempre estoy mal como hoy. Si los traes un día que me encuentre mejor puedo aguantar una tarde sin oxigeno. Ya lo sabes. Además, últimamente no paras de hablar de ellos. Deberías contarles ya lo que me pasa. En realidad me harías muy feliz si se lo contaras...
Yo no lograba entender cómo mi madre llevaba de manera tan liviana una carga como su propia enfermedad mortal. Y le daba igual explicarlo.
-Mamá... -le dije, ya cansada de hablar siempre del mismo tema.
-No importa cariño, no lo entiendes y tampoco espero que sea así. Pero espero poderles conocer antes de morir.
-Mamá! Basta! No vas a morirte. Conseguiré trabajo y medicación. Me vas a dar por culo unos cuantos años más, eso no lo dudes -dije al borde de llorar, con un nudo en la garganta que me dolía y no me dejaba casi respirar.
-Coco. No te tienes que aguantar las lagrimas. No conmigo, cariño.
Abrió los brazos y movió las manos indicándome que la abrazara. Y eso hice. Me tiré a sus brazos y lloré como hacía tiempo que no lloraba.
A cada día que mi madre pasaba sin medicación se ponía peor. Yo me moría por dentro también, aunque no literalmente, pero se me venía el mundo encima solo de pensar qué haría cuando ella ya no estuviera.
-Si quieres, los puedo traer mañana -le dije a mi madre, sin muchas ganas, más que nada por hacerla feliz.
-Me haría muy feliz -dijo ella con su tranquila voz y pausadamente.
-Entonces lo haré.
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Se llamaba Usui
RomansUns vez conocí a un chico muy especial. Él cambió mi vida por completo. Fue mi primer y único amor, y no le he vuelto a ver. Pero si queréis, os puedo contar nuestra historia. Él se llamaba Usui...
