Al quitarme el casco me quedé un poco parada con lo que vi. Nos acabábamos de meter en el garaje de una casa unifamiliar. Estábamos en una urbanización después de haber ido en moto durante tres cuartos de hora largos.
-Esta es mi casa. Bueno, técnicamente de mis padres, pero suelo venir aquí los fines de semana y cuando quiero evadirme de la realidad -me dijo sacándose su casco y cogiendo el mío.
Lo dejó en una especie de armario que había en una de las paredes del garaje.
-Vamos, te la enseñaré.
Me enseñó su casa y la verdad es que no estaba mal. Para él y sus padres había espacio de sobras. Era pequeñita pero obviamente solo tres personas no necesitaban más. Además, se compensaba con el jardín y la piscina que tenían.
-No sabía dónde llevarte ni dónde ir, y cuando no se dónde ir vengo aquí -Dijo mientras se ocupaba de la cena.
Y por ocuparse de la cena me refería a llamar a una pizzería para que nos la trajeran.
-¿Para beber cerveza? -asentí con la cabeza- Sí, dos cervezas y que estén frías. No como la última vez que las pedí -exigió dejando de sonreír unos instantes-. Sí, traed cambio de veinte -después de eso colgó.
-Te devolveré el dinero en cuanto cobre -le prometí mientras miraba mi bolso que estaba en la mesa.
Obviamente mi monedero estaba totalmente vacío.
-No hace falta. En serio. Voy a coger el dinero del bote de emergencias. Básicamente es un bote en el que mis padres meten dinero cada vez que lo ven vacío y que es para cuando me escapo aquí de improvise. Es porque muchas veces me vengo después de alguna pelea o discusión y no llevo nada encima.
-Igualmente. Te devolveré la mitad de lo que cueste -insistí, pero él solo sonreía y negaba con la cabeza.
-Coco, si esto no es una emergencia no sé lo que es. En serio, déjame pagarla, no cuesta nada, me sale más barata porque soy un cliente habitual. No vale la pena por cinco euros.
-¿Solo te cuesta diez? -pregunté asombrada.
Él asintió con la cabeza echándose a reír. Me gustaba escuchar cómo se reía. Era tranquilizador y contagiaba la felicidad, al menos un poco.
Me levanté y fui hasta mi bolso para buscar mi móvil. Oí cómo Manu se levantaba y se acercaba a mí. Los dos pudimos ver, al encender la pantalla, que no había ni mensajes ni llamadas de Usui. Pero sí que había dos llamadas perdidas de mi madre.
-No te tortures -me dijo acariciándome el brazo desde detrás de mí.
Me besó la cabeza y luego se quedó quieto. Yo no me molesté ni en llorar.
-Tengo que llamar a mi madre -me limité a decir, a continuación me aparté de él y caminé hacia el jardín trasero mientras marcaba re-llamada-. Hola mamá.
-Cariño, me tenías muy preocupada. ¿Estás bien? ¿Dónde estás? -preguntó la mar de acongojada.
-Sí, estoy bien, no te preocupes por mí. Estoy con Manu. No sé cuando volveré. Probablemente mañana, o el domingo. Estamos en su casa en un pueblo a las afueras. Necesitaba irme, mamá -intenté sostener la voz normal pero no pude, se me rompió al decir mamá.
-Hija. ¿Qué ha pasado? -preguntó con un tono de voz algo más aliviado.
Yo me tuve que apoyar en la pared de piedra.
-Es Usui. Fui a su casa y me abrió una chica más mayor que yo en pijama. No pude, me fui corriendo, me persiguió y le dije que estaba con Manu antes de dejar que me contara cualquier mentira. No estoy con Manu pero quería hacer que se sintiera mal. Quería joderle como ha hecho él conmigo. Después de eso paró de seguirme y me fui.
-Hija, no puedes seguir así. Ya habéis terminado, tienes que olvidarte de él. Pero te veo venir, un clavo no saca a otro clavo, así que cuidado con Manu. Es un buen chico pero sigue siendo un chico.
-Lo sé. Tengo que colgar. Chao.
Me despedí de mi madre y después colgué.
-¡La pizza ya está! -gritó Manu desde el salón.
Yo entré y pude olerla. Eso me hizo sonreír y también hizo que mi barriga reclamara esa pizza. Al verla se me hizo la boca agua.
-¿Quieres que vaya a por platos y vasos? -preguntó Manu alzando una ceja mientras me miraba.
Yo arranqué un trozo de pizza sin ninguna delicadeza y me llevé el pedazo a la boca.
-Me tomaré eso como un no.
Abrió su cerveza y luego empezó a comer pizza junto a mí. Estuvimos viendo una reality que echaban en la televisión mientras cenábamos. Nada mejor para despejarse que ver un reality show estúpido y sin importancia, comentarlo mientras cenábamos pizza y bebíamos cerveza. Era como una absolución para mí, me permitía dejar de pensar en todo lo que estaba pasando en mi vida aunque solo fuera un rato.
-¡Manuel! -hacía mucho que no le llamaba por su nombre completo así que se asustó al oírme-¡Mañana trabajo, me has de llevar de vuelta! -los músculos de la cara de Manu se relajaron.
Cogió el teléfono, que no le quedaba muy lejos, y tras marcar un número que yo no conocía se lo llevó a la oreja.
-Prima, necesito un favor.
"Otra vez no, por Dios" pensé.
-Estoy con Coco en su casa y se encuentra un poco mal. Es muy tozuda y pretende ir a trabajar mañana pero yo le he dicho que es mejor que se quede en casa y repose o se pondrá peor.
Oí una voz chillona al otro lado del teléfono. Manu sonrió y asintió con la cabeza como si su prima le pudiera ver.
-Dice que quiere hablar contigo -me pasó el teléfono y yo lo cogí.
-¿Sí? -pregunté mientras Manu me hacía señas para que siguiera con su bulo.
-Como se te ocurra aparecer por aquí mañana te despido.
Me dijo eso y colgó. Vaya, cuando quería se gastaba un carácter de mil demonios. Yo me aparté el móvil de la oreja y me quedé mirando la pantalla un tanto sorprendida.
-¿Qué te ha dicho?
-Como se te ocurra aparecer por aquí mañana te despido -repetí siguiendo perpleja.
Manu soltó una carcajada que me contagió una sonrisa.
-Mi prima está loca. Y desgraciadamente se cree todo lo que le digo. Si algún día te quieres escabullir del curro llámame.
-No me parece bien lo que hemos hecho. Debería ir a trabajar, ella ha confiado en mí al contratarme y me está pagando por trabajar para ella -mi pepito grillo hablaba por mí.
-No, ella ha confiado en mí al contratarte, si haces cualquier cosa mal perderá la confianza en mí, a ti solo te despedirá y no te volverá a contratar. Pero vamos, todos hemos fingido estar malos para escabullirnos alguna vez. Aprovecha este fin de semana y descansa. Hablando de descansar mañana te llevaré a la discoteca.
-¿Qué tiene que ver descansar con salir de fiesta? -pregunté yo que sabía que más bien la discoteca agotaba.
-Pues que el domingo por la mañana estaremos descansando o sea, sobando, porque habremos salido la noche antes.
N.A.: Le he pillado el gustillo a ponerle cara a los personajes. En este capítulo os dejo una imagen de nuestro querido Manu. El actor se llama Thomas McDonell y algunos lo conoceréis por su aparición en los 100 (The 100) como Finn.
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Se llamaba Usui
RomantikUns vez conocí a un chico muy especial. Él cambió mi vida por completo. Fue mi primer y único amor, y no le he vuelto a ver. Pero si queréis, os puedo contar nuestra historia. Él se llamaba Usui...
