En un principio habíamos planeado estar en Japón tan solo una semana. Finalmente la cosa se alargó tanto tiempo como lo hizo el caso de mi madre.
-¡Coco, despierta! -oí cómo alguien gritaba.
Abrí los ojos y no me llevé una gran sorpresa al ver a Usui.
-Es demasiado pronto -protesté volviéndome a tapar la cabeza con el edredón.
-Me ha llamado el abogado. ¡Tu madre ha ganado el caso! Han descubierto al asesino de tu padre. Tenía deudas de juego, han inculpado a un matón de una pequeña mafia. ¡Ya está libre! Se ha hecho justicia.
Mi cerebro se activó al momento. Me puse de pie casi de un salto.
-¿Podemos volver? -grité eufórica.
-Oye, ni que te lo hubieras pasado tan mal aquí -fingió estar ofendido-. ¡Si, podemos volver!
Después de oír aquello salté a sus brazos, me abracé a él como un mono que trepa un árbol y luego le besé como si no hubiera un mañana.
-¿Cuando volvemos? Ya no puedo dormir. Vamos a buscar vuelos -me bajé de Usui y corrí hasta el estudio, donde estaba el portátil.
Lo abrí y empecé a buscar vuelos como una loca. Pero no había ningún vuelo para dos personas para el día siguiente. Solo para dos días después. Aún me quedaba otra noche allí.
-Bueno. Lo que queda de hoy no cuenta, una noche más y estaremos de vuelta en casa -dijo Usui detrás de mi.
-Si no fuera por las circunstancias habrían sido las mejores semanas de mi vida. Por cierto, gracias a esto tendremos que repetir curso.
-Vamos, despreocúpate un poco. No será para tanto, solo un año más de nuestras vidas. Volvamos a la cama, mañana será un día nuevo. Y estaremos más cerca de volver a casa.
Volvimos a la cama y nos acurrucamos los dos juntos. Yo no podía dormir, estuve todo el rato dando vueltas. Y Usui no pudo dormir porque yo no paraba de dar vueltas. No pude parar de pensar todo el rato en volver a ver a mi madre. La angustia que tuve en el pecho durante meses desapareció, pero fue reemplazada por una desesperación por volver a casa que no me dejaba dormir.
-Coco, por favor. Intenta dormir.
-No puedo -dije abriendo los ojos, a pesar de que seguía sin poder ver nada en la oscuridad.
-Te entiendo. Pero no me dejas dormir. Por no decir que a ti también te hace falta. Ahora que ya sabes que tu madre es libre, deberías recuperar las horas de descanso que has perdido.
-Te quiero mucho, pero eres peor que mi madre -me puse sobre Usui y le besé la nariz mientras reía.
Él me abrazó y me besó. Luego me hizo girar y quedó encima de mi. Me miró a los ojos sonriendo y me volvió a besar, esta vez más despacio y con más ganas. Empezó a bajar y me besó el cuello. Yo me estremecí, me hacía cosquillas pero no quería que parara. Me mordió el cuello, lo cual al principio me resultó doloroso pero luego descubrí que me encendía como el fuego. Sin darme cuenta solté un gemido que resultó más pornográfico de lo esperado.
Entonces paró. Yo no quería que parase. Lo estaba disfrutando demasiado, no podía parar.
-¿Por qué paras? -le dije levantándome indignada mientras él volvía a su lado de la cama.
-Porque si seguimos no me podré controlar -me dijo sonriendo.
Había un destello de regocijo en sus ojos, obviamente estaba orgulloso del efecto que había tenido su juego en mí.
-No te he pedido que te controles -me volví a quejar.
-¿De verdad te sientes preparada para ir más allá de los besos y las caricias?
Se giró para mirarme y se puso serio al preguntar. Con lo cual tuve que dejar mi rabieta de niña pequeña y pensar bien la respuesta que daría. Me mordí el labio de la manera menos seductora posible mientras me aseguraba de que estaba convencida de mi decisión.
-Sí, creo que estoy preparada. Quiero hacerlo -contesté finalmente.
Usui alzó las cejas y sin querer abrió la boca.
-Creo que deberíamos esperar un poco. Puede que tu respuesta esté condicionado por la euforia que sientes. Es normal, acabas de pasar una de las etapas más difíciles de tu vida y es como volver a nacer. Ahora solo quieres disfrutar, pero no quiero que lo hagamos estando influenciada por esto y luego te arrepientas.
-Usui. Para. Deja de psicoanalizarlo todo. Si digo que tengo ganas es porque tengo ganas. Te aseguro que hace dos minutos no tenía ningún problema y sigo sin tenerlo ahora, igual que no lo tendré mañana. Créeme, estoy preparada. Es la clase de cosas que una chica sabe. Y no es por la euforia de la situación.
Él me miró alzando una sola ceja, se ocupó de exagerar al máximo los gestos para mostrarme que no se fiaba de mí.
-Está bien. Si estarás más tranquilo esperaremos.
Me devolvió la sonrisa. Pero yo no sonreía por lo mismo que él.
-Lo haremos mañana por la noche. Así que prepárate -sentencié.
La sonrisa se le borró de golpe y la mía se hizo más grande. Sabía que reaccionaría de aquella manera. Luego puso los ojos en blanco y suspiró.
-Eres tozuda como tú sola. Luego no me vengas lloriqueando cuando te arrepientas.
Era la reacción que esperaba pero eso no hizo que me cabrease menos.
-Si vas a estar en este plan mejor no hacemos nada -refunfuñé y me volví a tumbar de espaldas a él.
-No es eso, tonta. Es solo que me preocupo por ti. Es un momento muy especial para los dos y quiero que sea perfecto. Al menos para ti. Se que no habíamos hablado de esto pero...
El tono de su voz hizo que me dieran ganas de mirarle. Me giré para poder verle la cara y la preocupación dominaba su rostro.
-Yo perdí la virginidad con una chica que también era virgen. Pero ella solo lo hizo por presión grupal. Yo no lo sabía, pero tampoco me interesé por sus motivos. Cuando acabamos de hacerlo nos dormimos. Me despertaron sus sollozos a mitad de la noche. Me explicó que lo había hecho porque sus amigas habían insistido y que se arrepentía.
Me tuve que levantar y sentarme contra el cabecero de la cama porque la tensión en la voz de Usui y en su cara, me hacían querer estar cerca de él. Quería abrazarle y reconfortarle.
-Me sentí como una mierda. Parte de la culpa de aquello fue mía por no preguntar. Y por quitarle de forma irresponsable el único momento que esa chica no podrá recuperar. No quiero que te pase lo mismo. No quiero ver en ti el mismo arrepentimiento y la misma soledad que vi en ella aquella noche.
-Pero no fue culpa tuya. Fue culpa de ella. Por hacerlo porque sus amigas se lo dijeron y no parar antes de cagarla -le dije defendiéndole.
¿Pero de quien le defendía? Nadie más que él cuestionaba lo que yo le acababa de decir. Estaba defendiendo a Usui de él mismo.
-Sigo pensando que parte de la culpa fue mía. Quizá si le hubiese preguntado primero hubiera recapacitado y se hubiera marchado. O no. Eso ya no importa. La cuestión es que la mayor parte de la culpa la tuvo ella por inconsciente y precisamente por eso quiero que tú te lo pienses bien. No quiero que tomes una decisión equivocada.
-Para. Sigues psicoanalizándolo todo. Solo te pido que confíes en mí. Llevo tiempo pensando en esto. No es una decisión que haya tomado de la noche a la mañana -pensándolo fríamente era bastante irónico que fuera precisamente yo quien pidiera confianza, después de lo que había pasado-. ¿Confías en mí?
-¿Confías tu en mí? -me preguntó él entrelazando los dedos de mi mano con los suyos.
-Sí -contesté sin dudar.
-Entonces no hace falta que te conteste.
Sonrió y me besó. Un beso corto y de amor puro. Me sacó una sonrisa. Me pareció el príncipe encantador de mi propio cuento de hadas.
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Se llamaba Usui
RomansaUns vez conocí a un chico muy especial. Él cambió mi vida por completo. Fue mi primer y único amor, y no le he vuelto a ver. Pero si queréis, os puedo contar nuestra historia. Él se llamaba Usui...
