Cuando llegamos al edificio de Usui me quedé flipando. Era un rascacielos enorme, en el centro de la ciudad. Tenían un portero de unos cuarenta años muy agradable, dando la bienvenida a los vecinos y a sus invitados.
Subimos hasta la planta catorce. Y entramos en su piso, el cual era impresionante. Estaba decorado a la perfección. En realidad no había exceso de muebles, sino que habían los necesarios y poco más. Pero los que había eran preciosos. Era muy minimalista y me gustaba. Un par de cuadros y poco más. Se notaba que todo era muy lujoso. Me quedé enamorada de la cocina, que era abierta y daba al comedor, junto al salón. Todo era abierto, muy espacioso. Luego había un pasillo bastante largo, con cuatro puertas cerradas.
-Perdona que no haya demasiados muebles, aún la estoy decorando.
-¿Estás de coña? Esta casa es brutal -dije observando todos y cada uno de los espacios que había en la estancia.
De golpe vi el enorme ventanal que daba al balcón. Fui hacia allí y salí fuera. Las vistas de la ciudad eran impresionantes.
-Desde aquí se ve mi casa -dije embobada mientras Usui se sentaba a mi lado en una especie de sillón que había.
Era redondo, grande. Parecía una cama pequeña en forma circular, la mitad de este parecía una cúpula porque tenía como un "techo" plegable. Te podías estirar en ella como si fuera una cama, de echo cabíamos tanto Usui como yo. Los dos a la vez. Era grande y estaba a un lado de la terraza.
-¿Te gustan las vistas? -me preguntó sonriendo mientras se encendía un cigarro.
-Son impresionantes. ¿No deberíamos saludar a tus padres? -pregunté, dándome cuenta de que acababa de entrar en una casa sin saludar a los propietarios.
-No viven aquí -dijo sin darle importancia.
-¿No vives con tus padres? -pregunté alucinada.
-No. Vivo solo.
Y yo acababa de ir a su casa, estábamos los dos solos y ya nos habíamos liado. Malísima idea.
-Les pedí ir a vivir solo. Necesitaba privacidad y autonomía. No me gustaba vivir como un niño mimado con ellos. Las criadas se ocupaban de limpiar y cocinar, yo no movía un dedo. Si necesitaba algo me lo compraban ellos, vale, admito que siguen pagando mis gastos pero al menos yo cocino y limpio. Voy a los sitios sin que me lleve el chófer. Si tengo que pagar algo o arreglar un recibo en el banco voy y lo hago. Antes esas cosas las llevaba el contable de mi familia.
-Por una parte entiendo que quieras valerte por ti mismo, por la otra me sorprende que quisieras abandonar esa vida de lujos y comodidades.
-Simple. La vida fácil es aburrida. Te acabas cansando de que te lo hagan todo. Además, viviendo con mis padres tenía que ir a ciertas fiestas y eventos a las que realmente no quería ir. Rodearme de gente rica sin valores morales, tener amigos solo por interés. Eso no es nada divertido.
-Supongo que todo se resume a lo de siempre. Todo lo bueno tiene un precio, y no todo el mundo está dispuesto a pagarlo según lo que sea.
-Digamos que mi prioridad es la moral más que el dinero. Y ciertas personas, por el dinero y la educación que han recibido, son unos niñatos consentidos que están acostumbrados a hacer lo que les dé la gana sin importar las consecuencias.
Nos quedamos en silencio unos momentos. Tenía toda la razón.
-¿Vamos a ver una peli? -eso es igual a sexo hoy en día y no, no quería perder mi virginidad aún.
-No.
Mi respuesta fue demasiado rápida, ni siquiera me lo pensé dos veces. Usui me miró extrañado.
-¿No? -me preguntó.
Decir que no a una peli era totalmente estúpido.
-Perdón, quería decir que sí. Estoy un poco nerviosa, ya sabes, por los niños y tal. ¿Qué peli vemos? -pregunté mientras entraba y me sentaba en el sofá demasiado deprisa.
Era mucho más cómodo que el mío obviamente. Pero mi mente estaba pensando en otras cosas como para darse cuenta de ese detalle.
-Puedes ponerte cómoda, como si fuera tu casa -me dijo desde la terraza mientras se acababa de fumar el cigarro.
Yo me tomé lo que dijo al pie de la letra. Me quité las Andrea y subí los pies al mullido sofá de cuero. Cogí el mando de la tele y la encendí. Por cierto, la tele medía de lado a lado casi lo mismo que yo de pie. Eso parecía el puto cine.
-¡Corre, Usui, están dando Grease! -de golpe se me pasaron los nervios y me puse a cantar las canciones de la película sin ningún tipo de vergüenza.
Probablemente estaba tan nerviosa por estar a solas con Usui en su casa que cantar era mi forma de deshacerme de mi ansiedad.
Sin que me diera cuenta Usui me grabó con su móvil mientras cantaba y bailaba al son de la música. Cuando me di cuenta no me importó en absoluto que lo hiciera e incluso canté para él.
Al final resultó que no hicimos nada sexual. Comimos patatas fritas, vimos la tele, nos reímos mucho haciendo comentarios de los programas que vimos y charlamos de todo un poco. No os mentiré, también nos dimos el lote. E incluso tuvimos que frenarnos porque teníamos una química tan explosiva que pasábamos de cero a cien en nada y menos.
Pero finalmente llegó la hora de conocer a los pequeños diablillos. Me calcé, me miré un poco en el espejo del baño de Usui antes de salir (por cierto, menudo baño, su bañera también era jacuzzi) y finalmente fui a picar a la puerta de los niños a los que haría de canguro.
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Se llamaba Usui
RomansaUns vez conocí a un chico muy especial. Él cambió mi vida por completo. Fue mi primer y único amor, y no le he vuelto a ver. Pero si queréis, os puedo contar nuestra historia. Él se llamaba Usui...
