La primera vez

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La mañana se me hizo eterna. Usui cocinó para mí pero estaba tan nerviosa que a penas comí. Obviamente se dio cuenta de mis nervios, pero no dijo nada al respecto. Llegué al punto de evitar su mirada. Mi comportamiento daba a entender que estaba de todo menos preparada y yo no quería darle señales contradictorias a Usui. Así que por la tarde rebusqué por la casa para conseguir cosas que me fueran de utilidad.

Abriendo cajones en el baño encontré velas aromáticas y bombas con pétalos de rosa para la bañera. Decidí abrir el grifo y dejar que se llenara de agua caliente. Mientras la bañera se llenaba coloqué las velas por todo el baño y las empecé a encender con uno de los mecheros de Usui. Cogí mi móvil y me descargué una lista de reproducción de musica romántica. Todo era perfecto, solo faltaba Usui. Y bueno, yo tenía que acabar de adecentarme.

Una vez estaba dispuesta y la bañera completamente llena pude ir a nuestro cuarto. Abrí el cajón de la cómoda y rebusqué hasta encontrar el único conjunto de lencería fina que tenía. No iba a durar mucho rato puesto, pero quería impresionarle.

Luego abrí el armario y saqué una bata fina que solía usar encima del pijama. Me la puse y fui hasta el baño. Desde el pasillo llamé a Usui para que viniera. Le advertí de que no dejara nada en el fuego porque tardaríamos.

Cuando al fin entró en el baño yo esperaba sentada en el borde de la bañera. Me levanté al verle y los dos nos miramos uno a otro sonriendo. Él miró las velas y los pétalos en el agua.

-Vaya. Esto si que no me lo esperaba.-admitió sorprendido. 

Pero le había gustado, estaba segura.

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-Espero que te guste -dije mientras dejaba que la bata se deslizase por mis hombros dejándolos desnudos.

-Estás preciosa. 

Me susurró al oído mientras me cogía las manos. Luego las besó con sumo cuidado. Yo di un paso más para anular completamente la distancia entre los dos. Le cogí la cara y, poniéndome de puntillas, la acerqué a la mía para poder besarle. Su lengua empezó a jugar con la mía pero decidí que era el momento de dar un pasito más.

Le agarré la camiseta que llevaba y se la saqué, con su ayuda. Luego le desabroché los pantalones mientras él me miraba con deseo. Quedamos ambos en ropa interior.

Sin decir una palabra me apartó el pelo a un lado y me desabrochó el sujetador. Mis pechos quedaron expuestos, su mirada pasó por encima de ellos sin detenerse demasiado. Yo me sentía un poco cohibida y él sabía que eso sería así, de manera que no hizo nada que acentuase ese sentimiento.

Me volvió a besar, esta vez agarrándome por la cintura y sin usar la lengua. Fue de lo más caballeroso.

-Deberíamos entrar ya o el agua se enfriará -dije yo en una pausa para coger aire.

Nos miramos mutuamente. Él esperaba mi consentimiento así que asentí sonriendo nerviosa. Se agachó frente a mi y cogió el único trozo de tela que tapaba mi cuerpo. Empezó a deslizarlo hacia abajo por mis piernas. Me deshice del tanga levantando primero un pie y luego el otro, muy despacio. Usui seguía agachado, me besó el ombligo y luego me acarició los lados de mi torso, llevando las manos hasta mi espalda mientras se ponía de pie. Me dio un corto beso en los labios. Yo me disponía a quitarle los bóxer cuando él me cogió las manos y las apartó lentamente. Se los quitó él solo. No pude evitar sonrojarme al ver el tamaño de lo que habían estado ocultando.

Primero se metió él en la bañera y yo fui después. Me senté delante de él, dándole la espalda. El agua estaba a la temperatura adecuada, los pétalos de rosa ya se nos habían pegado al cuerpo. Yo me retiré el pelo hacia un lado y me apoyé en el pecho de Usui. Respiré hondo mientras me empezaba a besar el cuello. Sus manos descansaban en mis caderas, pero mientras me lamía el cuello se las cogí y las puse encima de mis pechos. Paró de besarme el cuello, imagino que un poco sorprendido por mi iniciativa, pero poco tardó en volver a coger el ritmo. Esta vez me empezó a besar el hombro mientras acariciaba mis pechos con delicadeza. Me mordió sin mucha fuerza y solté un gemido. A continuación me comenzó a frotar los pezones, los cuales llevaban un rato excitados. Seguí gimiendo, mientras notaba que mi interior se mojaba y no precisamente por el agua. Poco tardé en darme cuenta de la erección de Usui, su polla se alzaba dura contra mi culo.

Se llamaba UsuiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora