Buscas mi amor en el lugar equivocado

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Usui y yo decidimos ir caminando hasta mi casa. En realidad se lo había pedido yo, aún estaba un poco conmocionada por el desafortunado incidente con aquellos tíos y necesitaba que me diera el aire. Siempre que me agobiaba, caminar por la calle me ayudaba a calmarme.

-¿Estás bien? -me preguntó cuando pasábamos por al lado de un parque. 

-Sí, solo ha sido el susto -le contesté sin mirarle y seguramente fue por eso que se dio cuenta de que no estaba diciendo la verdad.

Me cogió de la mano y me estiró hacia el interior del parque, que estaba desierto. Me llevó hasta los columpios, una vez allí nos sentamos cada uno en uno. El uno al lado del otro.

-Parece que tengas un imán para las desgracias. Primero el robo en el bar, ahora esto... 

Yo le miré a punto de llorar. Me estaba viniendo abajo gracias al miedo y al estrés. ¿Y si tenía razón? Atraía las desgracias como la miel a las moscas. Primero la enfermedad de mi madre, luego mi padre nos abandona, el atraco al bar, y ahora casi me violan. ¿Qué más me podía pasar? 

-Pero por suerte siempre sales bien parada de esas situaciones. 

Eso también era verdad. Nunca me había pasado nada malo físicamente. La enfermedad de mi madre no era culpa mía, y que mi padre nos hubiera abandonado tampoco lo era. 

-Aunque a lo mejor soy yo el gafe, porque en ambas situaciones estaba yo ahí.

-Más bien diría que eres mi salvador, porque en ambas, si hubiera estado sola, a lo mejor las cosas hubieran acabado de otra manera -se me escapó una lagrimilla y empecé a llorar en silencio, evitando el contacto visual.

-No sabía que trabajabas en ese bar... Vivo por la zona y nunca te había visto por ahí. 

-Es que hoy ha sido mi primer día -le contesté muy bajito, de otra manera mi voz se hubiera roto y se hubiera dado cuenta de que estaba llorando.

-Pues vaya manera de empezar. 

Eso me hizo echarme a llorar aún más fuerte de lo que ya lo hacía. Emití un gemido que a Usui no le pasó por alto. Se levantó para ponerse de rodillas delante de mí. Apoyó sus manos en mis rodillas y no pude evitar mirarle. 

-¿Qué te pasa? Y no me digas que solo lloras por lo de esos tíos porque no me lo trago, después de verte golpear a uno de ellos con el bate como si fuera una piñata -no me quedó otra que reírme del comentario, aunque la risa solo me duró unos segundos antes de volver a llorar como una niña.

-La situación en casa es un poco complicada. Mi madre y yo vivimos solas, ella está enferma, tiene problemas respiratorios debido a sus pulmones y he conseguido este curro para ayudarla a pagar sus medicamentos. Conserva su empleo aunque no puede trabajar por su enfermedad, pero con un solo sueldo... Mi padre nos abandonó cuando nos enteramos de lo de mamá. Mi madre empeora cada día y hasta que no cobre por este trabajo no podré pagarle las medicinas. Es muy duro. Podría morir en cualquier momento y vivo aterrada de que pase eso. 

Usui escuchó pacientemente hasta que acabé de hablar y entonces me abrazó. Me abrazó y no me soltó, por una vez en la vida sentí que no tenía que preocuparme de nada porque alguien me protegía. 

-Créeme que a tu madre no le pasará nada. Ahora ya tienes trabajo, puedes pedir un adelanto y comprar las medicinas, ya verás como se mejora en poco tiempo. 

-No tiene nada grave pero sin el tratamiento es muy fácil que surjan complicaciones y ese es el problema. 

-Pues ya está, no tienes nada de que preocuparte -todo esto lo dijo sin soltarme y haciéndome caricias en el pelo. 

Se llamaba UsuiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora