Loca de atar

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-Estás bien? Coco! -Usui me hablaba pero yo casi no me daba cuenta. Estaba en shock. Me esforcé por prestar atención a lo que me decía.

-Sí. Creo que sí. -Las ambulancias acababan de llegar, y un paramédico me llevó hasta una de las ambulancias para revisar que no estuviera herida.

-Está en shock. Será mejor que la lleven al hospital y vea a uno de nuestros psicólogos. Siéntese en la camilla por favor.

-Yo iré con ella.

-Es família?

-No, pero piensa que en su estado es mejor que vaya sola? -Preguntó Usui muy seriamente.

-Suba. -Le dijo el paramédico a Usui.

Los dos fuimos en ambulancia hasta el hospital. Durante todo el trayecto me había abrazado. Allí una enfermera nos acompañó hasta la consulta de un psicólogo. Usui esperó fuera mientras me atendían.

El psicólogo me ayudó a tranquilizarme y a explicarle lo sucedido. No recuerdo muy bien la sesión porque me habían dado un tranquilizante fuerte, pero recuerdo que dijeron que estaban llamando a nuestros padres.

Cuando yo salí Usui no estaba, pero mis padres sí. Me abrazaron mientras lloraban, diciendo que estaban muy preocupados por mí y que se habían asustado mucho. Que hasta mis dos amigos Juan y Manu habían llamado a casa para saber si estaba allí o si estaba bien.

Me llevaron a casa y estuve allí una semana entera sin salir. Solo salí para ir al psicólogo, uno diferente. Este recomendó que yo volviera a la vida cotidiana cuanto antes. No sufrí ninguna lesión física y tampoco un trauma. En realidad solo estuve en shock tras lo sucedido hasta que llegué al hospital, pero después del tranquilizante estuve bien.

Tube pesadillas noche tras noche, el psicólogo dijo que se pasaría con el tiempo. Pero en mis pesadillas Usui siempre me salvaba.

Le eché de menos esa semana y me entristeció que no me enviara ningún mensaje ni nada.

Al volver a clases la semana siguiente todo el mundo me prestaba mucha atención. Sinceramente, me acabaron agobiando un poco.

A la hora del patio subí a la zona en obras, mediante el ascensor. Allí me encontré con Usui.

-Qué haces aquí? -Me preguntó al verme, su cara era inexpresiba. Yo no supe que contestarle así que me quedé callada durante un rato.

-No me llamaste, ni me enviaste un mensaje. -No lo dije enfadada, más bien triste, aunque creo que él se lo tomó como un reproche.

-Casi no nos conocemos. Ni si quiera somos amigos. -Contestó sin mirarme. Parecía enfadado. Pero me dio más la impresión de que yo no le importaba lo más mínimo. Eso me hizo sentir estúpida por haber ido a hablar con él.

-Eso es lo que crees? -Intenté sonar firme como si no me importara. Pero la voz me falló. -Entonces debería irme. -Finalicé apenada. -Solo quería darte las gracias por salvarme la vida. -Me dirigí al ascensor, triste, lentamente.

De golpe se abalanzó sobre mí y me agarró del brazo.

-Lo siento. No debí decirte eso. -Se disculpó mirándome a los ojos. -Estaba preocupado por tí, sabes? Pero no sabía si sería adecuado llamarte o preguntar por tí. -Entonces me estrujó entre sus brazos. -Lo siento. -Susurró. Mi pelo tapaba su cara. De todos modos no le hubiera podido ver. -Pero bueno, hubiera sido un desperdicio dejar morir a una chica tan guapa... Y con este culito. -Me dio una palmada en el culo y yo le empujé lejos de mí y le di una bofetada.

-Serás pervertido! No te me acerques nunca más alien pervertido del planeta feromona! -Me fui en el ascensor a toda prisa, rezando porque no viera mi cara totalmente roja.

Manu estuvo más amable de lo normal conmigo, y Juan había entrado en modo "Esta niña es de cristal, si le soplo se rompe" y prácticamente estaba paranoico con hacer o decir cualquier cosa que me pudiera perjudicar. Así que me los llevé, saltamos el muro y fuimos a un parque para poder hablar tranquilos.

-A ver chicos. Ya se que quedé algo traumatizada por el robo y tal, pero estoy yendo al psicólogo y lo tengo controlado. Me podéis hablar con normalidad, hacerme las bromas de siempre, etc. Estoy hasta las narices de que me tratéis como si fuera de porcelana! -Les acabé gritando. Una viejecita que daba de comer a las palomas migas de pan, se me quedó mirando ofendida, por haber chillado en público.

Juan y Manu hicieron aumentar la indignación de la abuelita porque estallaron a carcajadas.

-Perdona Coco, teníamos miedo de que haciendo o diciendo algo, te recordara aquel momento y te pusieramos peor.

-Chicos, es cierto que me traumatizáis con vuestras mentes pervertidas y sádicas pero, ya estoy acostumbrada, puedo vivir con ello. -Les dije bromeando.

-Me alegro de que ya estés bien. No sabes lo mucho que echaba de menos poder meterme contigo sin preocupaciones. -Me soltó Manu, con un "fea" al final.

-Manu y su encanto personal... -Dijo Juan suspirando.

Juan era muy guapo... Me pregunté cómo era que no tenía novia ni estaba liado con ninguna tía. Y Manu... Era un chico musculoso y grandote, no era exactamente guapo, su cara era normal, del montón (ni muy guapo ni muy feo, era corriente).  A lo mejor sí que tenían algún lío de faldas pero no me lo habían contado...

-Por cierto. Ahora que "ya estás bien". -Anunció Manu dibujando las comillas en el aire. -Tú y yo tenemos una apuesta pendiente... Una apuesta de cincuenta euros ni más ni menos. Una apuesta en que has de trepar EL muro.

-CHAN CHAN CHAAAAAN. -Ese era Juan con la banda sonora dramática. Y todos reímos otra vez.

-Claro. Mañana será EL día. El día en que treparé EL muro.

Se llamaba UsuiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora