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Una semana realmente agotadora arrasaba con Dazai, es como si todas las señoras del pueblo se hayan decidido a hacerse chequeos hoy, todas a la vez

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Una semana realmente agotadora arrasaba con Dazai, es como si todas las señoras del pueblo se hayan decidido a hacerse chequeos hoy, todas a la vez. discutir con señoras jamás fue el mayor entretenimiento para Osamu, lo que provocó una carga física y mental mayor.

Cualquiera volvería a su hogar y simplemente se arrojaría a morir por unas horas en el colchón, o tirarse a un sofá y ver la tele, la definición de descansar para Dazai era muy diferente, siquiera pasó por su hogar, caminando a paso decidido fue al único sitio que podía llamar hogar.

Ese sitio era, cual fuese sin personas, sin muros, luces artificiales ni voces. Cual fuese el sitio donde el aire libre lo abrace y le permita descansar allí con su libreta. Su idea era llegar a la pradera de flores amarillas y descansar pero, su cansancio era tanto que tuvo que echarse a la orilla de un bosque, donde, fue bien recibido por los imponentes árboles, y las aves que, al no considerarlo una amenaza, siguieron con lo suyo.

Apenas pudiendo enfocar su vista, Dazai creyó que si simplemente ignoraba su malestar y seguis sus bocetos, en poco tiempo se le pasaría. A cada trazo perezoso del lápiz, las horas de desvelo comenzaban a cobrar sus cuotas, asomándose por un lado las innumerables comidas que se saltó lo saludaban "Hey! ¿me recuerdas?" parecían decirle. Finalmente su cuerpo decidió desconectarse de la tan maltratada mente. Dando sus últimos esfuerzos para no cerrar sus ojos y no soltar el lápiz, dejo que su cuerpo recargue un poco de energía.

El allí estaba a salvo, nadie le haría daño, solo por eso, se permitió descansar bajo el calmado manto de ramas y hojas verdes. Con su cuerpo descansando pero su mente aún sin rendirse—pero rendida en intentar conectar con sus extremidades—solo podía oír el océano, no sabría decir que tan lejos estaba de la costa, siquiera sabía en qué dirección estaba la costa, dentro de su burbuja espinosa formada por árboles, difícilmente podía saber siquiera en donde estaba tirado.

Oía las pisadas pequeñas de los animales que pasaban, algún que otro pajarito saltaba curioso frente a él para luego irse dando graciosos brinquitos. Fueron las pisadas de otro ser, lo que lo desconcertó, no habían animales muy grandes aquí, o no lo recordaba, el compás de los pasos era desigual, no parecían pisadas de cuatro patas.

Pero eso no alcanzo para alertarlo, de alguna forma, aquella atmósfera de naturaleza aún se mantenía. No es que Dazai tuviese un super poder, pero podía sentir cuando una persona se acercaba, al igual que los animales pequeños sienten el peligro de sus asechores sin siquiera poder verlos.

Pudo haber sido el cansancio físico o mental, como su curiosidad, como un presentimiento, pero permitió que se le acercase.

Los pequeños rayos de sol que antes iluminaban sus párpados se había desvanecido, advirtiendo que alguien estaba frente a él. El sonido de la marea seguía escuchándose lejano, pero podía jurar que sentía el aroma de la costa, del mar salado y la caliente arena de la playa. Sintió algo similar al agua helada acariciando su mejilla, y, sin titubear, como si su cuerpo y mente hubiesen tenido una sobrecarga de energía repentina, abrió sus ojos de un golpe a la vez que su mano atinaba a aferrarse a lo que sea que tendría enfrente.

El chico del rio | SoukokuHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora