Las sirenas sonaban como criaturas provenientes de cuentos de hadas, y Osamu estaba muy alejado de ese tipo de fantasías, no creía en la magia ni en príncipes encantadores, por otro lado; Chuuya, no era capaz de ver el mundo sin un filtro de magia y...
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Los pequeños párpados se unían de forma perezosa y a regañadientes, queriendo estar despierto más tiempo para disfrutar de la forma en que su cariñosa madre lo mecía en sus brazos. De forma borrosa despegandose del ensueño que formaban las brillantes paredes de perla bajo los fuertes rayos del sol que navegaban las profundidades del océano hasta allí. Como telas elegantes se cruzaban por su vista partes rojizas de la cola de su madre, danzando ante el hipnotizantemente.
Una melodía lo acunó hasta el ensueño deseando aferrarse a aquellas telas rojas en el fondo turquesa del mar. La gruesa voz de aquella mujer continuaba en su cabeza como una canción de cuna, hilos de voz que lo abrazaban y acobijaban.
Y por eso mismo, sintió frío al despertar en completa ausencia, ausencia siempre presente pero esta vez sin siquiera una dulce canción de cuna que le de calidez. Al abrir su mirada solo podía encontrarse con un azul profundo y oscuro junto a sus propios cabellos anaranjados cruzando su vista. Alrededor había tanto vacío, tanto como para hacer sentir solo al océano en una noche desolada como lo era. Una donde un niño se despertaba de su sueño sin su madre cerca. El aire tan nostálgico como para entristecer a la luna.
Pesadamente trazó los muros que lo protegían del exterior, alejándose del castillo color marfil y navegando su cuerpo a profundidades desconocidas para el mismo. Sintiendo que quizá la oscuridad de un pequeño pozo oscuro podría hacer sentir acompañado a su pequeño cuerpo desolado.
Peces nadaban lejos apenas distinguían el brillo cobrizo y el turquesa de sus escamas, huyendo de ese brillo lo más lejos posible, así mismo los pequeños caballitos de mar y otros animales que descansaban en la arena. El pequeño no se esforzará en obligarlos a quedarse. Deteniéndose en la orilla arenosa que delimitaba la zona trasera del castillo, viendo de frente la oscuridad en picada que prometía todo y nada para el infante medio sonámbulo.
Volteando su mirada encontrándose con la de varios animales marinos quienes lo observaban con cautela y en el fondo miedo, pero todos ansiosos a que el pequeño príncipe de cualquier forma se aleje de ellos asípodrían volver a existir de forma tranquila sin la presión de su presencia.
Tímidamente regreso su mirada al silencioso vacío, entrando de forma calmada y tomándose su tiempo para sumergirse siguiendo el suelo de arenisca. Unos momentos fueron suficientes para que al voltear, la luminosidad del castillo quedase tan olvidada como una pequeña perla en el fondo del mar brillando. Por el contrario delante suyo aparecía gradualmente un nuevo brillo desconocido.