Las sirenas sonaban como criaturas provenientes de cuentos de hadas, y Osamu estaba muy alejado de ese tipo de fantasías, no creía en la magia ni en príncipes encantadores, por otro lado; Chuuya, no era capaz de ver el mundo sin un filtro de magia y...
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—¿Podrías creerme cuando digo que este sitio se siente mucho más cálido que mi hogar? —Preguntó apoyado a un grueso tronco de pino, rodeado de largos pastos meciéndose contra el fuerte viento al igual que sus cabellos.
—¿Eh? ¿Aquí? —confuso por la repentina confesión Chuuya saco un poco la cabeza del agua para ver al hablante. —Es imposible, en tu casa tienes muchas cobijas, chimenea encendida y cuatro paredes que cubren el viento o el frío. Es mucho más cálido.
Escuchándose por un momento solo el sonido húmedo de su cuerpo jugando dentro del agua así como la marea chocando las imponentes rocas con entusiasmo. Y apenas audible para él, las hojas del pino sacudiendose. Dazai pareció pensarlo, buscando una explicación verbal en el tritón inquieto jugueteando con las olas.
—No ese tipo de calor, creo jurar que siento el frío metiéndose como agujas.
—¿Ah? Y... ¿Entonces?
—Solo es así, se siente cálido y ya. En casa ni metiéndome a las brasas sentiría algún calor, emocionalmente hablando.
Chuuya quedo quieto por un momento, viéndolo con una expresión aburrida, sin entender las divagaciones de Dazai y, tampoco queriendo entenderlas. Bastante acostumbrado al excentrisismo de Dazai se sentía cómodo simplemente ignorandolo.
—¿No te ocurre algo similar?—Preguntó Dazai antes de que Chuuya volviese a sumergirse.
—Creo que a veces el fondo del mar es muy frío, nunca sentí tu hogar frío. —Habló sin importancia, relajándose por las olas chocando con su espalda.
—¿El agua ahora está fría?
—No, no lo está. —irritado por tener que darle la verdad de manera parcial. Y alejándose una vez más con ayuda de su cola al sentir el sutil ardor de sus mejillas cuando recibió una sonrisa del castaño.
Inmóvil, mucho más quieto que la maleza en su entorno, no dejo de sonreír levemente ni cuando ya no era observado. Una sonrisa al mar vacío de una mirada.
Casi de sorpresa Chuuya saca su cabeza para verlo, ahora, con una mirada enojada. Acercandose rápido a la orilla lo observo acusatoriamente. —¡Tú! ¡Hace más de dos horas me dijiste que te irías!
Luego de mucho, movió sus extremidades para fingir un dramatismo falso, apoyando sus manos en el pecho autopadeciente. —¡Auch! ¡Chuuya quiere que me vaya y quiere que aleje mi miserable existencia lejos de su divina presencia! ¡Que dolor!
—¡Sabes que no es lo que quería decir!
—¿De verdad? ¿Y que es entonces lo que querías decir? —Preguntó, esta vez, en un tomo sugerente apoyando su mentón con una mano e intentando perturbar al otro con su mirada, principalmente, para despistarlo.