Las sirenas sonaban como criaturas provenientes de cuentos de hadas, y Osamu estaba muy alejado de ese tipo de fantasías, no creía en la magia ni en príncipes encantadores, por otro lado; Chuuya, no era capaz de ver el mundo sin un filtro de magia y...
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El ruido del aceite caliente chocando con los huevos sobre la sarten era lo único que se escuchaba en el pequeño hogar. Chuuya y Dazai estaban sentados en la mesa redonda de la cocina-comedor en silencio, sumidos por la tensión que acoloraba la cocina en donde, una joven de cabellos negros dejaba los huevos recién fritos en el plato de Chuuya. —Ya puedes comer —dice la joven acercandole un vaso con jugo de manzana.
—Gracias. —dice apenas cómodo, admirando el plato que tenía enfrente, similar al de Dazai.
Gin se sienta también en la mesa y comienza a untar sus tostadas con mermelada y a comerlas de a poco, ignorando las miradas que pesaban sobre sus hombros. Deja de comer y hay un momento donde queda observando su plato en calma. —No hay más huevos.
—Hoy iré a comprar con Chuuya. —le responde enseguida Dazai quien tenía sus ojos cerrados saboreando su desayuno.
—Bien, necesita que haga algo más?
—Que la próxima vez me hagas caso cuando diga que es innecesario que prepares nuestro desayuno.
Los cubiertos chocando con los platos cortaban el silencio incómodo que se habia formado. Gin tragó dificultosamente.
—¿Chuuya no acostumbra a comer este tipo de desayunos verdad? —cambia de tema rápidamente.
—No, de donde vengo no solemos preparar este tipo de comidas y Dazai hace desayunos ligeros como jugo de naranja o algún té.
—Siempre nos dio curiosida- Me dio curiosidad de donde es que vienes y como llegaste a Alnes. —se corrige el plural por el singular.
Chuuya no sabe si lo correcto es seguirle la charla y seguirle el juego de falsedad, volviendo del hogar de Dazai un enorme show teatral donde juegan a la casa feliz en donde son una familia unida, dejando de lado y casi enterrado en un patio lejano el reciente fallecimiento que tanto parece querer ignorar Gin con sus sonrisas y sus temas de charla tan triviales, pretendiendo que en realidad, lo que ella fue también murió con Akutagawa y fue enterrado y ahora solo era una joven que vivía con un tutor y el amigo de su tutor o lo que fuese Chuuya. Pero no se sentía correcto tapar el infierno con un dedo, ignorando la cicatriz aún sangrante, ver a otro lado cuando la agonía visita tu puerta o hacer oídos sordos al dolor que se cuela y trepa por el rostro.
Pero no podían enojarse con ella ni culparla, quien la culparia de querer evitar ver el cadaver de su hermano presente en todos lados, presente en el desayuno en donde estaba ausente, presente en su pecho doliente y presente en el agonizante presente.
—Gin te molestaría encargarte de los platos sucios mientras Chuuya y yo vamos al almacén en el pueblo vecino a conseguir expensas?
—Claro que no, yo me encargo no se preocupen. —Dijo sonriente mientras levantaba los trastes sucios de la mesa. Fue cuestión de segundos para que recogiera todo y se pusiese a limpiar frenéticamente.