Las sirenas sonaban como criaturas provenientes de cuentos de hadas, y Osamu estaba muy alejado de ese tipo de fantasías, no creía en la magia ni en príncipes encantadores, por otro lado; Chuuya, no era capaz de ver el mundo sin un filtro de magia y...
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Cerró sus ojos en un bostezo duradero mientras seguía conduciendo su bicicleta hasta su hogar, con los ojos cargados por un turno nocturno que no esperaba, tenía sus cabellos apuntando a todos los lados y unos ojos que parecían permanecer cerrados de tantos bostezos que soltaba. Abrió finalmente sus ojos cuando —según sus cálculos—llegó a su hogar. En el se encontraba una joven esbelta de cabellos largos y oscuros al que se había esmerado en llamar por el nombre de "Gin". Desconcertado se bajo de su bicicleta acercando el paso y divisando al mismo tiempo unas maletas en la puerta que servían de predicción a lo que continuaba.
—Gin?—Preguntó dormido mientras se fregaba un ojo.
—Oh! Dazai, no esperaba que estuvieses tan temprano ya.
—¿Un turno de diez horas desde las once de la noche hasta las nueve de la mañana del día siguiente es poco para ti?
Gin apretó sus labios pareciendo avergonzada por tratar tan a la ligera el trabajo de Dazai como doctor/enfermero. —Lo siento.
Con la voz cansada y otro vistazo esboza un bajo "no hay problema".
—¿Y bien?
Gin parecía nerviosa parada en el mismo sitio con sus pies muy juntos y las manos entrelazadas por adelante con un juego de dedos. —Pienso volver a mi hogar por unos días.
—¿Por unos días?
—Si, luego me iré.
—¿Irte? ¿A dónde? —Preguntó con confusión en su voz.
—A Suecia.
—¿Ah? —Preguntó aún más confundido que antes.
—Mi hermano dejó una pequeña caja de ahorros que me alcanzan para el viaje hasta allí y, ya veré como pagar mi estadía luego, conseguiré un trabajo allí y me pagaré mi universidad.
—Vas muy rápido ¿Porqué... todo esto?
Gin no dejaba de ver el suelo y a sus propias manos pálidas que descansaban una sobre la otra. En algún momento de ese largo silencio pequeñas gotas caían desde sus ojos hasta el suelo, chapoteantes cayendo una tras otra sin prisa, a su ritmo.
—Porqué, así lo hubiese querido mi hermano.
—Tu hermano habría querido que no trabajes ni te esfuer-
—Lo hago por mi hermano y por mi, por eso unos días estaré en mi casa, porque quiero llorar por mi hermano. Quiero sentir que mi alma se desgarra viendo el suelo en donde nos criamos y en donde el ya nunca caminara. Necesito que mis huesos salgan al exterior por las hambrunas de no comer de tanta tristeza que tengo encima. Y luego, luego de haber sentido que mi vida se iba por una ventana abierta quiero tomarla con fuerza, con tanta fuerza que no se me pueda escapar y rehacer mi vida. Ser la hermana protegida y el hermano que me protege al mismo tiempo, quiero llorar y sanar, se que mi hermano hubiese querido eso así como yo lo quiero.