XIII

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Aquella luz intelectual que cotidianamente golpeaba a Dazai en su juventud, para el, era aterradora. La maquinaria de una mente prodigio era sin lugar a dudas una bendición, bendición que lo atormento toda su adolescencia. No es que, esa iluminación sea desagradable, para nada, por el contrario era una experiencia satisfactoria y adictiva; Sentir como la solución que parecía imposible aparece como un delirio frente a él.

En un laboratorio, aquella epifanía era santificada por todos los trabajadores y por eso mismo, era la razón de disgusto de Dazai. Sin poder controlarlo, le daba la solución a aquellos hombres vestidos de parca para así, todo gracias a su estúpido intelecto, otra vida fuese arrebatada, beneficiar e impulsar los.propositos inhumanos de aquellos cuerpos sin alma. Todo, gracias a el.

Por eso mismo, cuando una solución comenzó a presentarse de forma nítida, fortaleciéndose como una llama que recién comenzaba. Le era imposible no sentir la repulsión subir por su garganta así mismo como el placer por enhebrar el esquema comenzaba a quemar en su pecho. Cual incendio forestal en su cerebro, su actuar racional fue desapareciendo hasta solo ser cenizas mientras caminaba a pasos acelerados al laboratorio del hospital. Sus manos envueltas por el conocido látex blanco, sostenían fórmulas y químicos, mezclandolas de forma casi autómata.

Controlado por aquella iluminación momentánea, junto a un cuentagotas sacaba soluciones para mezclarla con otras. Utilizando casi todo el material del laboratorio para aquella fabricación extraña.

Cuando sus manos terminaron aquella danza milimétrica, Dazai quedó estático frente a su creación, teniendo dos diferentes líquidos vertidos en diferentes frascos, siendo uno de pigmentación traslúcida y otra, de coloración violáceo oscuro casi negro. Llegado el momento, sostuvo en su mano una pequeña muestra de sangre de Atsushi, vertió menos de una gota de aquel líquido traslúcido en la muestra sanguínea.

La reacción tuvo lugar apenas tres segundos luego, o quizá menos. Aquella gota de sangre comenzó a coagularse y separarse en dos. Con el vértigo a flor de piel el castaño añadió aquel líquido oscuro.

De inmediato traslado la muestra junto a él mismo hacia el microscopio y ver, como aquel químico recién creado al entrar en contacto con las células "extrañas" —Lo que logró separarse en el primer momento— Se destrozaban.

Las células se rompían y morían al instante, casi desapareciendo por completo, dejando así únicamente la sangre de Atsushi únicamente. Sólo sangre humana, sin células ajenas. Aquel material biológico de Chuuya que se había mezclado con el peliblanco había desaparecido. En resumen había encontrado la forma de separar y eliminar aquellos restos, en otras palabras, la cura.

Una cura.

Es lo que buscaba, la forma de permitirle a Atsushi una vida normal.

El blanco ensordecedor de las paredes lo mareaban, el aroma a medicamentos se calaba en sus fosas quemando todo el recorrido hasta el estómago. Dazai tuvo que apoyarse a su mismo sobre la mesa del laboratorio, para no perder la conciencia en ese momento. Sus manos temblaban al igual que sus piernas, quizá producto del trauma y el miedo a lo que podría ocurrir.

El chico del rio | SoukokuHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora