Las sirenas sonaban como criaturas provenientes de cuentos de hadas, y Osamu estaba muy alejado de ese tipo de fantasías, no creía en la magia ni en príncipes encantadores, por otro lado; Chuuya, no era capaz de ver el mundo sin un filtro de magia y...
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El interior de la ambulancia se sentía ajeno a los sonidos y la vida fuera de ella, un mundo separado creado para encapsularlos. El menor inclusive parecía ser ajeno a aquella separación terrenal, con ojos cerrados y la respiración trabajosa. Cada exhalación e inhalación, ayudada por los respiradores transformaba el aire mucho más denso de lo que ya era.
Su propio aliento chocando con el barbijo de médico inhibia sus pensamientos. Hace sólo un momento descansaba en su pequeño nido de calor junto a Chuuya, casi como un animal descansando entre flores de una pradera, ajeno al dolor fuera del herbazal. El pánico tocó su puerta de forma acelerada siendo Gin quien se encontraba detrás. Gritando y llorando frases inentendibles donde podía rescatar un par de palabras para conectar, siendo las más importantes "Akutawaga"; "cáncer"; "En el suelo". Suficiente para que salga corriendo al mismo tiempo que contactaria con sus compañeros de trabajo para hacer el labor mucho más rápido.
Y así como se había mencionado Akutagawa yacía sobre su propio charco de sangre, con su cuerpo agonizante de costado cubriendo apenas su boca, ocultando el rojo que evidenciaba su padecimiento. Cuando Dazai llegó el menor aún estaba consciente. No. Eso sería una mentira, no estaba consciente, no había forma que lo estuviese. Sus ojos lo observaban desde el suelo fijo, ojos oscuros ausentes de color pero con el dolor presente e inyectado en sus irises. La misma mirada que daría un animal salvaje herido, aceptando la ayuda de la mano humana como ultima voluntad antes de una muerte próxima. Esa mirada. Ah.
Llevo sus dedos a sus párpados casi acariciando el recuerdo filoso. Saboreando el filo de la ironía y aceptando con lágrimas ser siempre aquel humano con mirada superior, observando desde arriba el último destello de vida. Anhelando que fuese lo que fuese el destino, dejase de poner en sus manos la chispa para avivar la vida de criaturas agonizantes o la frialdad para apagarlas.
Las puertas de la ambulancia se abrieron de golpe, en cuestión de segundos habían desalojado velozmente al muchacho, aquellos enfermeros jóvenes lo observaban pidiendo un informe del estado de Akutagawa, y esperando inconscientemente que Dazai los siga hasta la sala de emergencias. Otra vez poniendo en sus manos la responsabilidad y el deber de salvar una vida o arrebatarla. Era lo lógico, pensó Dazai; Así se decidió, el no podría levantarse por las mañanas rodeando a su persona amada con sus brazos adormilados sin manchar las sábanas de sangre ajena, de vidas arrebatadas, de vidas casi salvadas.
Llevando una mirada serena en lo que perseguía la camilla por los pasillos blancos y distorsionados. Sintiendo una punzada en el pecho por recordar la mirada de angustia de Chuuya al salir, imaginar acariciarla y manchar sus mejillas perladas con la sangre de sus dedos. ¿Que expresión llevaría Chuuya si lo viese? ¿Lo abrazaría de todas formas? ¿Tomaría su mano manchando sus escamas de la sangre y el dolor de vidas arrebatadas? ¿Lo haría?
—Cáncer pulmonar hace más de 3 años por lo que se sabe del paciente, una resonancia magnética urgente, al quirofano mientras preparan la sala de operaciones de inmediato. —Ordenaba viendo a los enfermeros y enfermeras correr por todo sitio y otros médicos del área ocuparse de lo pedido. Inevitablemente no pudo evitar notar la edad de algunos de ellos que iban a preparar la sala de operaciones, posiblemente de su edad. Y en ese momento no supo que hacer con aquella información en su pecho.