Capítulo 04

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-Así que

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-Así que... ¿estás coqueteándole al novio de Andrea?-preguntó Emiliano, golpeándole con su codo en la costilla y levantándo una ceja al ver a Arturo sentado en una de las mesas mirando hacia afuera.

-Cállate, chismoso. No le estoy coqueteando, no sé de donde sacas eso- Diego le miró mal, apoyado en la puerta que llevaba a la cocina.

-Oye, piojo, soy tu mayor, respétame-Emiliano le empujó suavemente.

-Me vuelves a decir piojo y juro que te estampo una de las tortas en la cara, imbécil―el pelinegro le sacó la lengua, y antes de que Emiliano pudiese darle un zape que le sacaría hasta los ojos, le empujo de vuelta a la cocina y caminó triunfante hacia la barra, yendo a atender el nuevo cliente que había llegado.

-¡Hola, buenas tardes! ¿Desea ordenar?- Preguntó Diego con una amable sonrisita en la caja, mirando al guapo chico -no tanto como Arturo que había llegado.

-Hola-oh vaya, parece que Diego se ha corrido de lo gruesa que era la voz del chi-hombre. Detalló un poco su cara por unos segundos, ojos pequeños, cara redonda y labios. finos, su cabello era castaño y corto, peinado algo hacia arriba.

El chico era guapo, pero no tanto como el que estaba en la mesa por encima del hombro del castaño, el cual le miraba capciosamente.

―Quiero una infusión de té de maqui y canela y...-Diego apretó unas cuantas teclas antes de mirar nuevamente al cliente, captándolo mirándole con una sonrisa algo coqueta-Y tu nombre, si puedes, también tu número.

Diego enrojeció hasta las orejas al tan simplemente procesar aquel comentario, ¿tan gay se veía para que le coquetearan en público? Soltó una risa, contagiando al chico de ojos pequeños.

-Me llamo Diego, pero no te daré mi número-bajó la cabeza, perdiéndose la mirada desilusionada del chico
-Son $150.

-Soy Sebastian.

Diego le miró con una sonrisa y el ceño fruncido, mientras recibía el dinero, entregaba la boleta y comenzaba a preparar la infusión― Bueno, Sebastian,¿lo quieres para servir o llevar?

-Hoy para llevar, mañana para servir- Diego miró el rostro coqueto de Sebastian, y soltó un pequeño bufido nervioso, ignorando al chico y esperando no enrojecer.

Sintió la mirada de los pequeños ojos de Sebastian sobre él, y mirando de reojo, pudo notar que Arturo igualmente le miraba, y que este ahora se encontraba sentado en la barra, a dos asientos de Sebastian con una de esas miradas intimidantes pero sumamente calientes que Diego no podía soportar.

Sentía una tensión sofocante dentro de su perimetro. Tener a dos hombres extremadamente guapos que le miraban como un pobre pedazo de carne -Diego no era tonto, sabía decodificar miradas- era casi un martirio y ni si quiera habían pasado 5 minutos, se sentía ahogado, observado, y lo peor es que muy en el fondo le gustaba sentirse así y ser el centro de atención.

Pero más le gustaría que solo Arturo le mirase.

Tapando el envase luego de terminar la infusión caliente, agregó una pequeña carita sonriente a la copa de cartón y se acercó a Sebastian con una sonrisa. -Aquí tienes, Sebastian- le entregó la infusión al chico, sintiendo las pesadas manos de este abrazar las suyas por un segundo y sintiendose extraño con Arturo observándole-. Ten un bonito día-le deseó, porque el chico le había resultado agradable, aunque le hubiese coqueteando en toda su corta platica.

-Nunca tan lindo como tú-Sebastian le giñó un ojo, antes de darse la media vuelta y dejar a Diego con un revueltijo en la cabeza por lo directo que resultó ser.

Se despabiló luego de unos segundos, cuando sintió otra presencia demasiado cerca suyo y un toque en su cabello que le hizo exaltarse.

-¿Qué dem-?-se mordió el labio al ver a Arturo tan cerca de él, tironeando un mechón de su cabello con poca fuerza.

Literalmente podía ver aquellos ojos tan despampanantes que tenía Arturo, tan profundos, llenos de miles de cosas por expresar. Vió aquellas gorditas mejillas que no tenían imperfección ni lunar alguno, y esos labios rosas que lucían algo mordisqueados.

-A-Arturo ... ¿qué haces? -preguntó nervioso, comenzando a sudar enseguida por sus manos y apretándolas con fuerza en el mandil. Sintió un pequeño tirón más fuerte que los demás en su cabello, y como Arturo le sonreía de costado.

-Tenías una basurita en el cabello-le respondió, sin alejarse todavía y tampoco borrando esa sonrisa socarrona que comenzó a acelerar el pulso de Diego .

Lo único que atinó a hacer fue morderse el labio y mirar hacia un costado avergonzado.

Lo único que atinó a hacer fue morderse el labio y mirar hacia un costado avergonzado

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