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A cambio

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~29~



Sasuke



Es rubio.

Tan rubio como Naruto, aunque llevaba el cabello largo, cayéndole sobre los hombros en mechones algo desordenados que le daban un aire andrógino.

Tenía la piel tan blanca como la de Naruto... y unos ojos azules igual de intensos que aquellos que me hacían perder la razón.

A pesar de verse mucho más joven que él, eran tan parecidos que el simple hecho de mirarlo me provocaba escalofríos.

El desconocido miró a Naruto y sonrió.
A pesar de su cabello descuidado, su ropa era fina y muy pulcra: una camisa clara perfectamente abotonada y un abrigo elegante que contrastaba con el polvo del camino.

-¡¿Crees que puedes hacer lo que quieras?! -espetó Naruto.

El rubio sonrió con prepotencia.

-Puedo.

Abrió la puerta trasera del auto y sacó dos maletas que arrojó sin cuidado a los pies de Naruto.

-Si vine fue porque me aburrí... -dijo con calma-. Además, supongo que mi querido hermano estaba preocupado por mí.

Una cantidad obscena de efectivo se desparramó de aquellas maletas abiertas, los billetes cayendo al suelo como si no valieran nada.

Naruto las miró con el ceño fruncido.

-¿Dónde estuviste?

-Ya sabes... por ahí.

Sonrió de lado y caminó hacia la casa, pasando de largo junto a todos nosotros como si nada.

-¡Deidara! -gritó Naruto.

Naruto giró enfadado y fue tras él.
Deidara tomó rumbo directo hacia la cocina.

Las luces blancas iluminaron el lugar cuando entramos: una cocina amplia, de acero y mármol, impecablemente limpia.

-¿Dónde estuviste? -repitió Naruto.

Deidara iba a tomar un vaso, pero su mano se detuvo a medio camino.
Miró alrededor.

Frunció el ceño.

-En un buen hotel... con buena comida y un buen casino.

Comenzó a organizar los vasos por color dentro del estante.

Rojo con rojo.

Azul con azul.

Solo cuando los vio perfectamente alineados tomó uno y se sirvió agua con absoluta calma.

-¡Tienes prohibidos los casinos! -gruñó Naruto.

-En esta ciudad no.

-¡Ni lo pienses! ¡No volverás a salir de aquí!

Deidara sonrió.

Se acercó a Naruto hasta quedar frente a él.

-¿Piensas volver a encerrarme?... Creí que te daría gusto verme.

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