Cuatro dias

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~34~






Sasuke



La persecución fue larga. Se extendió por más de veinte minutos sobre la autopista.

Naruto aceleraba tanto que comenzaba a asustarme. La motocicleta daba tumbos y giraba bruscamente de un lado a otro; por momentos estaba convencido de que caeríamos en cualquier instante.

Después de que al fin logramos ganar algo de ventaja, abandonamos la autopista y nos adentramos en una zona boscosa, donde Shikamaru tuvo que tomar la delantera.

Al parecer conocía bien el lugar.

Otros quince minutos nos tomó atravesar aquel bosque.

Finalmente llegamos a un pequeño pueblo que tuvimos que rodear para pasar desapercibidos.

Un poco más adelante apareció una cabaña aislada.

Tan pronto estacionamos, Naruto me ayudó a bajar mientras Pain guardaba las motocicletas en un viejo cobertizo a un lado de la casa.

Entramos.

No había casi nada en el interior, a excepción de un par de sillones y una mesa cubierta de polvo. Pero ni siquiera le presté mucha atención.

—Iré a conseguir algunas cosas —dijo Shikamaru.

—Localiza a Deidara. Explícale lo que pasó —ordenó Naruto.

Shikamaru asintió y salió sin decir más.
Naruto me guió hacia el interior de la casa.

Subimos por unas escaleras de madera hasta llegar a las alcobas.

Abrió una de las puertas y me cedió el paso.

Tampoco había gran cosa allí dentro: un par de burós, un armario y, por supuesto, la cama.

El colchón estaba recargado contra una de las paredes, y Naruto se apresuró a colocarlo sobre la base.

Abrió el armario y comenzó a buscar algunas mantas.

Yo no lo resistí más.

Me recargué contra una de las paredes y me deslicé lentamente por ella hasta quedar sentado en el suelo. Cubrí mi rostro con ambas manos… y me rompí en llanto.

Naruto suspiró.

Fue directo a uno de los burós, sacó una botella de whisky y, después de limpiar una copa polvorienta con su camisa, sirvió una buena cantidad. Luego se acercó a mí.

—Toma…

Lo ignoré.

Se inclinó, apartó mis manos de mi rostro y colocó la copa entre ellas.

—Bebe… Lo necesitas.

Volví a ignorarlo.

Seguí llorando, mirando el whisky temblar dentro de la copa.

Naruto suspiró otra vez. Se sentó a mi lado, me abrazó y comenzó a acariciar mi cabello.

—Ya está, Sasuke… Lo hiciste bien.

Lo miré con furia.

Dejé caer la copa al suelo y me levanté de golpe. Él hizo lo mismo de inmediato.

—¡No! ¡No lo hice bien! —grité—. ¡Asesiné a mi padre…! Por alguien… por alguien que no me quiere.

La expresión en su rostro fue imposible de descifrar. Durante un momento pareció no saber qué decir. Finalmente se acercó e intentó abrazarme.

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