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Yo, si...

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~40~





Naruto

—¡SASUKE!

A él pareció no importarle en lo más mínimo lo que acababa de decirle.

Aceleró.

Y comenzó a alejarse sin ninguna intención de detenerse.

—¡Mierda!… Estúpido niño…

Por un instante, la idea de entrar a la casa y mandarlo al carajo cruzó por mi cabeza.

Pero mi impulsividad fue más fuerte.

Corrí hacia mi motocicleta.

Subí de un salto.

Me limpié con furia la sangre que goteaba de mi nariz con el dorso de la mano y arranqué el motor, decidido a traerlo de vuelta… arrastrándolo si era necesario.

Aceleré como un loco.

Tanto que, en apenas unos minutos, pude verlo a lo lejos.

Una silueta oscura sobre la carretera.

Apreté más el acelerador.

El rugido de mi moto debió alertarlo.

Sasuke se dio cuenta de que lo seguía…
y también aceleró.

—¡SASUKE! —grité—. ¡VUELVE AQUÍ!

El rugido de su motor aumentando de velocidad fue la única respuesta.

Tomó rumbo hacia la autopista.

Y, tan pronto subió a ella, aceleró aún más.

Lo seguí durante varios minutos.

Pero no dejaba de aumentar la velocidad.

Poco a poco, mi enfado comenzó a disiparse.

Ahora otra sensación comenzaba a apoderarse de mí.

Preocupación.

Sasuke aún no es muy bueno conduciendo.

Aceleré hasta ponerme a su lado.

El viento golpeaba con fuerza contra mi rostro.

—¡SASUKE! —grité por encima del rugido de los motores—. ¡BAJA LA VELOCIDAD! ¡YA!

—¡VETE A LA MIERDA! —respondió él.

Y, sin importarle las peligrosas curvas que se aproximaban, volvió a acelerar con imprudencia.

Apreté los dientes.

Sin otra opción, aceleré a fondo hasta rebasarlo.

Luego derrapé frente a él, cruzando mi motocicleta en la carretera con la intención de obligarlo a detenerse.
Pero él…

Maldita sea.

¡Tan estúpido!

Intentó esquivarme.

En lugar de frenar.

Pero no tenía suficiente espacio para lograrlo.

Su motocicleta se desestabilizó.

Intentó controlarla.

Durante unos segundos, la vi tambalearse peligrosamente sobre el asfalto.

Y entonces…

todo se salió de control.

Unos metros más adelante, observé horrorizado cómo su motocicleta derrapaba violentamente, girando sobre sí misma antes de impactar contra la gravilla al costado del camino.

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