~5~
Sasuke
Los días siguientes fueron prácticamente iguales, como si el tiempo se hubiera estancado dentro de esa casa.
Naruto pasaba horas encerrado en su oficina, hablando en ruso. Un idioma duro, cortante, que me excluía por completo. No entendía nada, pero el tono bastaba para saber que no eran conversaciones triviales. Después venía el ejercicio. Rutinas largas, exigentes, silenciosas. Luego las reuniones con sus amigos: risas, alcohol, alguna comida rápida sobre la mesa, charlas que no me incluían aunque yo estuviera ahí, siempre ahí.
Y después, dormir.
Donde fuera que él iba, yo tenía que seguirlo. Sin excepción. Al principio lo soporté. Luego empezó a cansarme. No era miedo. Era desgaste.
Una semana después, exploté.
Estaba con sus amigos, bebiendo como siempre. Naruto tomó un whisky y lo colocó en mis manos, como cada día.
Lo sostuve unos segundos, enfadado. Sin probarlo, lo dejé sobre la mesa.
Naruto lo tomó de nuevo y volvió a colocarlo en mis manos.
Apenas lo recibí, lo devolví al mismo lugar.
Entonces levantó la vista. Su expresión cambió.
—Bébelo.
—No.
—¡Bébelo!
—¡No!
Su ceño se frunció. El ambiente se tensó de inmediato. El silencio cayó pesado. Me di cuenta de que todos nos miraban.
—¡Obedece!
—¡No quiero! —estallé—. Estoy cansado. Me tratas como tu invitado y no lo soy. Me secuestraste. Me haces seguirte como un maldito perro a donde vas. ¡Ya no quiero! ¡Libérame o mátame de una vez!
Para mi sorpresa, sonrió.
Giró hacia sus amigos.
—Parece que el momento llegó. Fuera todos.
No entendí nada, pero cuando ellos sonrieron y se levantaron sin discutir, supe que algo estaba muy mal.
Quedamos solos.
Me miró con seriedad absoluta.
—No entiendo —dije, con la voz tensa—. Si no vas a matarme… ¿para qué mantenerme aquí?
Sonrió y negó con la cabeza. Dio un paso hacia mí. Retrocedí instintivamente, pero tomó mi mano con fuerza y me atrajo hacia él. Su otra mano sujetó mi mandíbula.
Lo siguiente fue su lengua invadiendo mi boca, profunda, segura, sin aviso.
Me quedé en blanco.
Reaccioné tarde. Empujé su pecho, pero él atrapó mis manos y no me dejó apartarme. Retrocedí, aterrado, forcejeando hasta que caí de espaldas sobre el sofá donde minutos antes había estado sentado.
Me limpié la boca con el dorso de la mano, temblando.
—¿Qué… haces?
—Me interesas.
Las palabras se me atascaron en la garganta.
—¿Q-qué?
El enojo me golpeó de golpe.
—¡No! Solo quieres divertirte con el hijo del comandante.
Sonrió, tranquilo. Demasiado tranquilo.
—¿Diversión? —negó—. De eso ya tuve suficiente. Dime, Sasuke… ¿por qué crees que no te he matado aún? Te dejo dormir en mi cuarto. Escuchar mis negocios.
—No soy gay —mentí.
La carcajada fue inmediata y sonora.
—Por favor —dijo—. Te sonrojas al morder una salchicha.
Se sentó a mi lado. Se acercó despacio hasta acorralarme contra el respaldo del sofá.
—Además… he visto cómo me miras.
—¿Q-qué? No… no es cierto…
Se acercó a mi rostro. Su voz rozó mis labios, baja, peligrosa.
—¿No te parezco atractivo, Sasuke?
Lo era. Demasiado. Y lo prohibido siempre tiene un peso distinto. Aun así…
—No…
Sonrió, como si mi respuesta no tuviera ningún valor.
Me besó otra vez, esta vez sin delicadeza. Su cuerpo se impuso sobre el mío, su presencia anulándome el aire. Sus manos recorrieron mi torso con descaro, marcando territorio. Intenté apartarlo, pero mi cuerpo reaccionó antes que mi cabeza, traicionándome.
Maldecí cuando su mano descendió y apreto la ereccion que se levantaba en mis pantalones, él sonrió, satisfecho.
—¿No eres gay?
—Déjame…
—No.
Sus dedos buscaron de nuevo el borde de mi pantalón. Esta vez con intención.
—No… espera…
Ignoró mis palabras. Su cercanía me desarmaba y, aunque mi boca decía una cosa, mi cuerpo ya había dejado de luchar. Me di cuenta tarde. Demasiado tarde.
Había bajado mis pantalones y me estaba masturbando, despues de unos segundos bajo el rostro y dejo un caliente y vulgar lenguetazo a lo largo de mi ereccion
Un sonido ahogado escapó de mí.
Se detuvo.
Me miró con atención, como si algo hubiera cambiado de repente.
—¿Con cuántos te has acostado, Sasuke?
Aparté la mirada. El calor me subió al rostro.
—Con nadie…
—¿Qué?
Tragué saliva.
—Soy virgen.
Se apartó lo suficiente para observarme mejor. Frunció el ceño, recorrió mi cuerpo con la mirada y chasqueó la lengua, pensativo.
Con un gesto firme, se alejó del todo. Ajustó mi ropa con brusquedad, como si nada hubiera pasado, y se puso de pie. Luego extendió la mano hacia mí.
La tomé. Me ayudó a incorporarme y a sentarme correctamente en el sofá.
—Ven, Sasuke.
Comenzó a caminar hacia el pasillo que conducía a su habitación.
—¿A dónde ? —pregunté, con la voz todavía inestable.
—No quieres que tu primera vez sea en un sofá, ¿o sí?
No supe qué responder.
Se detuvo un segundo, sin mirarme.
—Lo quieres. Lo sé. Decídete y ve enseguida. No soy muy paciente.
Dio media vuelta y desapareció por el corredor.
Mi corazón latía tan fuerte que podía escucharlo en mis oídos. Apreté los puños, paralizado entre el miedo y la duda, sin saber que hacer
—Mierda…
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Todo lo que pidas
Acción-Gracias, Sasuke... Sin ti no lo hubiéramos logrado. Me arrepiento. Dios... me arrepiento. Papá... Itachi... tenían razón. Naruto tomó mi mandíbula y me obligó a mirarlo. No había culpa en su rostro, ni miedo, ni siquiera parecía impresionado por lo...
