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Fuera de si

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~37~


Naruto


Volví a casa antes del anochecer. Estaba ebrio y cansado; solo quería dormir.

Entré pensando subir directamente a mi alcoba, pero la puerta entreabierta de la habitación de Sasuke me hizo asomarme con curiosidad.

No estaba.

Fruncí el ceño y, sospechando lo peor, fui a la habitación de Deidara. Abrí la puerta y me llevé una gran sorpresa…

—¡Oh, hermanito! Llegaste. ¿Quieres un whisky? —dijo con una sonrisa.

Deidara no estaba ebrio.

No…

Pero, al mirar el estado de Sasuke, fruncí el ceño y entré en la habitación. Lo miré a los ojos, enfadado.

—Vamos.

Sasuke me miró por un par de segundos, pero casi de inmediato devolvió la mirada a mi hermano, ignorándome.

—¿No me escuchaste?

Nuevamente me ignoró.

Fruncí el ceño, lo tomé por el brazo, tiré de él y lo arrastré por el pasillo hasta su alcoba. Cerré la puerta y lo empujé sobre el colchón.

—¿A qué estamos jugando, eh, Sasuke?
Me miró… y sonrió.

—Tú… dímelo… ¿Dónde estuviste, eh, Naru? No… no me digas algo que ya sé…

Más que hablar, balbuceó.

Bebió del vaso que tenía en las manos. Lo miré enfadado y se lo arrebaté.

—¡Te dije que te quería lejos de Deidara!

—¡Oh, Naru…! También te quiero lejos de ella… pero claramente eso no sucederá.

—¿Qué pretendes?

—Ya… déjame tranquilo. Estoy cansado.

Se dejó caer sobre el colchón y, aún con los zapatos puestos, se acurrucó dispuesto a dormir.

—¡Sasuke!

Grité furioso, pero él parecía más dormido que despierto.

Me abalancé sobre él y comencé a besarlo.

Me empujó con fuerza y se sentó de golpe.

—No me toques…

Fruncí el ceño y nuevamente me abalancé sobre él. Comencé a tocarlo.

—Dije que no me tocaras…

Otra vez me empujó.

Lo miré enfadado.

—¡Eres mío!

—No… no más…

Lo tomé por el cuello, enfadado, y comencé a besar sus labios. Él me empujaba por el pecho, pero no había mucho que pudiera hacer.

Continué tocándolo…

Al menos hasta que una fuerte mordida en mi labio me hizo alejarme de golpe.

—¡Mierda, Sasuke! ¿Qué pasa contigo?

—¡Largo! No quiero… Lárgate con ella… Burlense de mí tanto como quieran… Ya no me importa.

Un par de lágrimas cayeron por su rostro.

Estaba muy ebrio.

Tanto que, solo un par de minutos después, se quedó profundamente dormido.

Supongo que lo mejor sería dejarlo tranquilo.

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