Día perfecto

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~1~

Sasuke

Últimamente el clima es frío. Mucho. De ese frío que no se queda en la superficie, sino que se mete bajo la piel y llega hasta los huesos, como si quisiera instalarse ahí.

Me gusta el clima frío. Prefiero temblar un poco a pasar el día sudando, cansado y sediento. Incluso el ridículo tono rosado que provoca en mis mejillas y en la punta de mi nariz me resulta tolerable. Mi piel es muy blanca, así que el contraste me hace ver como un bobo. Siempre que aparece finjo molestia, me fastidio a propósito. Finjo… porque, en secreto, me gusta un poco.

Anoche tardé en conciliar el sueño y dormí poco, pero despertar no fue difícil. Al contrario. Tenía energía. Abrí los ojos con la sensación de que sería un gran día, y más aún después de lo que pasó ayer.

Aunque debo conservarlo como un secreto. Si papá o Itachi se enteran, seguro la paso mal. Y aunque tengo excelentes notas en el colegio, no soy realmente obediente. Tal vez esa sea una de las diferencias entre Itachi y yo. Bueno, una de tantas. Quizá por eso papá prefiere pasar tiempo con él y no conmigo. O tal vez solo sea trabajo y todo esté en mi cabeza.

Después de todo, un padre no puede preferir a un hijo sobre otro.

¿O sí?

Itachi es malditamente perfecto en todo lo que hace. Y durante años se ha encargado de dejarme claro que jamás seré como él. No me molesta. No… hasta la hora de la cena, cuando empieza a cuestionarme, a corregir mis errores y a dejarme como un estúpido frente a papá.

Es mi hermano. Siempre ha cuidado de mí. Sé que me quiere tanto como yo a él. Pero, de alguna forma, sus palabras duelen.

Me levanté y entré a la ducha. Cada mañana disfrutaba salir de la calidez de mi cama para ir directo a dejar que el agua caliente recorriera mi cuerpo. Ese momento era suficiente para ordenar mis pensamientos. Después de eso, entonces sí, estaba listo para iniciar el día.

Bajé a desayunar como siempre. Mamá estaba preparando waffles frente a la cocinera, que claramente se molestaba cada vez que ella invadía su espacio. Esa es una de las cosas que más amo de mamá. Nunca ha dejado de prepararnos el desayuno, a pesar de tener cocinera y empleadas que podrían hacerlo perfectamente. Ella disfruta levantarse temprano y cuidar de nosotros.

Fui directo a la cocina y pasé un brazo por sobre sus hombros.

—Mi Sasu, buenos días, cariño —dijo—. ¿Qué tal dormiste?

—Bien, mamá.

—Siéntate, cariño, enseguida te sirvo.

Besé su frente y fui al comedor. Papá ya estaba ahí, con su taza de café amargo, casi tan amargo como su carácter. Sonreí al pensarlo.

La mañana iba bien.

Hasta que un golpe ardió en mi nuca.

Una risa burlona cruzó el comedor antes de que Itachi tomara asiento junto a papá.

—Buenos días, padre.

—Itachi, ¿descansaste? —preguntó Fugaku.

—Sí, padre.

—Bien, porque hoy tenemos junta.

—¿Sucede algo?

—Al parecer esa rata escurridiza está más cerca que nunca.

—Perfecto —respondió Itachi—. Entonces démonos prisa.

Mamá le sirvió el plato. Itachi tomó un waffle y lo lamió sin pudor.

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