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En mis manos

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~31~

Sasuke



Adoro las motocicletas.

Pero jamás imaginé sentirme tan miserable mientras conducía una.

El viento helado golpeaba mi cuerpo con violencia, colándose bajo la ropa y atravesándome hasta los huesos. Aun así, agradecía el frío. Se llevaba mis lágrimas antes de que pudiera sentirlas correr por mis mejillas.

Conducía a toda velocidad.

Solo había estado allí un par de veces, pero conocía el camino lo suficiente. No era un experto manejando, y en otras circunstancias habría tenido cuidado, pero ahora no me importaba.

Mi mente estaba atrapada en cada una de las palabras que Deidara me había dicho.

Estacioné varios metros antes de llegar al edificio para evitar que alguien me reconociera. Caminé con cautela hasta la entrada y esperé el momento adecuado.
Cuando no vi a nadie cerca, me escabullí hacia el ascensor.

Solo conocía el tercer subsuelo, pero esta vez presioné el botón -4, tal como Deidara me había indicado.

Las puertas se abrieron.

Al principio me sorprendió el lujo del lugar.

Después llegó el horror.

Sabía lo que ocurría allí dentro.

Lo sabía.

Pero nada me había preparado para verlo con mis propios ojos.

Las luces tenues apenas lograban ocultar la miseria que impregnaba el ambiente. La música sonaba demasiado fuerte, ahogando gritos y llantos que parecían surgir de todas partes.

Sentí náuseas.

Aun así, seguí avanzando.

Porque, por encima de todo lo que sucedía a mi alrededor, solo podía pensar en una persona.

Naruto.

Me interné cada vez más en el lugar hasta llegar al fondo, donde comenzaba la zona exclusiva.

Allí la música era más suave.

El aire olía a tabaco caro y alcohol.

No tuve que buscar demasiado.

Había pocas mesas ocupadas y en todas trataban a aquellos hombres como si fueran reyes.

Entonces lo vi.

Naruto.

Mi Naruto.

Con esa mujer de cabello oscuro descansando sobre sus piernas mientras él sonreía.

Sentí una lágrima resbalar por mi rostro.

Pero no había llegado tan lejos para dar media vuelta.

Seguí caminando.

Conforme me acercaba, empecé a notar detalles que desde lejos me habían pasado desapercibidos.

Naruto sujetaba con demasiada fuerza el rostro de aquella mujer.

Ella apenas podía mantenerse consciente. Sus ojos estaban vidriosos, perdidos entre el alcohol y el cansancio.
También tenía marcas visibles en la piel.
Y aun así seguía bebiendo.

Naruto reía mientras le acercaba nuevamente el vaso.

Cuando ella terminó de beber, rodeó su cuello con los brazos y buscó sus labios.
Fue suficiente.

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