~19~
Sasuke
Desperté al escuchar golpes suaves en la puerta de mi alcoba.
Abrí los ojos con pereza y miré el reloj sobre mi buró.
Fruncí el ceño.
Era temprano.
La puerta comenzó a abrirse.
-¿Cariño? -asomó la cabeza mamá.
-¿Mamá? Es temprano...
Me sonrió con ternura.
-Creí que estabas ansioso por volver al colegio.
Me senté de golpe en la cama y la miré con una enorme sonrisa.
-Date prisa -continuó-. Itachi te llevará al colegio.
Tan pronto cerró la puerta, salté de la cama y corrí directo a la ducha. El agua fría terminó de despertarme.
Me vestí con lo primero que encontré, tomé mi celular y lo guardé en el bolsillo del pantalón.
Luego bajé las escaleras casi corriendo.
Mamá me miró con diversión desde la cocina.
-Vaya, sí que estás animado.
-Un poco...
-Bien, pero no te irás sin desayunar.
Colocó frente a mí una enorme montaña de hotcakes.
El olor dulce llenaba la cocina.
Comí rápido.
Demasiado rápido.
Cuando terminamos, salí con Itachi y me subí al auto.
Durante todo el camino me quedé mirando por la ventanilla.
Las calles.
Las personas caminando.
Los autos.
Todo parecía extrañamente emocionante después de tanto tiempo encerrado.
Cuando Itachi estacionó frente al colegio, abrí la puerta para bajar.
Pero una de sus manos me detuvo.
Lo miré confundido.
-¿Ita?
Sonrió con calma.
-¿Irás sin cuadernos?
Parpadeé.
Ni siquiera había pensado en eso.
Supongo que mi mente estaba demasiado ocupada pensando en las dos cosas que quería hacer una vez estuviera dentro del colegio.
Itachi tomó del asiento trasero una mochila nueva.
Dentro había algunos cuadernos.
-Papá la compró para ti.
La tomé.
-Gracias.
-Te buscaré a la salida.
Asentí.
Luego bajé del auto y caminé hacia la entrada del colegio.
Varios de mis antiguos compañeros me miraban con curiosidad.
O con morbo.
Según pude escuchar entre los cuchicheos, mi caso había salido en los periódicos.
No era tan sorprendente.
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Todo lo que pidas
Aksi-Gracias, Sasuke... Sin ti no lo hubiéramos logrado. Me arrepiento. Dios... me arrepiento. Papá... Itachi... tenían razón. Naruto tomó mi mandíbula y me obligó a mirarlo. No había culpa en su rostro, ni miedo, ni siquiera parecía impresionado por lo...
