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Celos

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~11~



Sasuke



Anoche nos acostamos más tarde de lo habitual. Por eso, cuando desperté y no lo encontré a mi lado, no me sorprendió.

Seguramente ya estaba en su oficina.

Me levanté sin prisas y fui directo a la ducha.

Naruto es duro. Siempre da órdenes, siempre decide lo que debo hacer.

He notado que se vuelve aún más severo cuando sus hombres están presentes; verme obedecerlo le provoca un placer que no se esfuerza por ocultar.

Cuando estamos solos, en cambio, es distinto. Pasional. Excesivo. No puede evitar tenerme entre sus manos, besarme, recorrer mi cuerpo como si necesitara asegurarse de que sigo ahí.

Han pasado apenas unos días y, aunque me avergüence admitirlo, me ha convertido en alguien que piensa demasiado en el sexo.

Si dependiera de mí, podría quedarse entre mis piernas todo el día.

Nuestra rutina se ha repetido sin variaciones… o casi.

Por la mañana despierto a su lado, desnudo y más agotado que cuando me acosté. Apenas abre los ojos, me toma de la muñeca y me arrastra a la ducha.

Bajo el agua caliente, las caricias no tardan en transformarse en algo más urgente. Mis manos se aferran a sus hombros mientras él me sostiene por la cintura

El vapor lo cubre todo. El agua resbala por nuestros cuerpos mientras vuelvo a entregarme a él sin oponer resistencia.

Después salimos y vamos directo a su oficina. Incluso consiguió un diván para mí. Me siento allí, cruzando las piernas, mientras lo escucho hablar por teléfono una y otra vez.

Siempre está ocupado con sus negocios. Yo no me atrevo a preguntar nada.

Todavía no.

Si no tiene asuntos pendientes, lo observo entrenar durante horas. Cada movimiento es preciso, calculado.

Luego llegan sus amigos. A veces no quieren que entienda lo que dicen y cambian al ruso.

Cuando eso ocurre, no me queda más que sostener el whisky que Naruto siempre sirve para mí.

Al principio me parecía insoportable. Una semana después, ese único vaso se convirtió en tres.

El sabor ya no me resulta tan áspero, aunque tampoco puedo decir que me agrade.

Cuando la rutina termina, regresamos al cuarto.

No hay noche en que no reclame mi cuerpo.

Lo dice contra mi piel, con esa intensidad posesiva que debería asustarme.

Pero no lo hace.

Al contrario. Hay algo en la forma en que me exige, en cómo me toma sin titubear, que me enciende por dentro. Y, aunque no lo confiese en voz alta, cada noche termino esperándolo.


***


Una vez que estuve listo, lo esperé unos minutos más. No volvió.

La indecisión me sostuvo un instante, pero la curiosidad terminó venciendo.

Salí del cuarto.

Últimamente me tiene más confianza. Me permite moverme por la casa con cierta libertad.

Caminé por el corredor hasta las enormes puertas de metal y bajé las escaleras sin hacer ruido.

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