Buena fortuna

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~3~




Sasuke

Abrí los ojos lentamente. Un quejido escapó de mis labios por la rigidez en el cuello. Era la tercera vez que despertaba así. Nadie había venido a verme. Supongo que esperan a que se cumplan las veinticuatro horas para asesinarme.

Y lo peor no fue eso.

Fue darme cuenta, con una claridad brutal, de que Fugaku no haría nada para traerme de vuelta a casa.
Si fuera a hacerlo, ya lo habría hecho.

Debí comerme el waffle con saliva.

Mi estómago gruñía con violencia. Tenía sed. Quería darme un baño. Quería sentir mis manos; estaban completamente entumidas a mi espalda.

Pero no había nada que pudiera hacer.

Resignado, me recargué otra vez en el mismo rincón y cerré los ojos por cuarta vez, esperando que mi tiempo se agotara de una vez.

El sonido de la puerta abriéndose me hizo sobresaltarme.

Era él.

El rubio estaba apoyado en el marco, un cigarrillo entre los labios. No dijo nada. Solo me observó. Tragué saliva, reuní el poco valor que me quedaba y me acomodé con torpeza sobre mis rodillas para mirarlo mejor.

—Supongo que… se agotó mi tiempo —murmuré.

—Sí.

—¿Vienes… a matarme?

—He decidido que te regresaré a tu casa.

Lo miré confundido.
¿Así de fácil?

—Un dedo por día —continuó—. Luego las orejas, las manos y tu lengua. Al final, tu cabeza. Bueno… lo que quede de ella.

Claro.

—¿Podrías enviarlos a la comisaría…? —pedí en voz baja—. No quiero que mamá me vea así.

Sonrió.

Luego salió del cuarto y azotó la puerta.

Solté el aire con dificultad y volví a apoyarme contra la pared. Estaba aterrado, claro que sí. Pero ahora lo que sucediera conmigo ya no dependía de mí. Era decisión de ese hombre.

Unos quince minutos después, la puerta volvió a abrirse.

Otra vez él.

Traía un plato de arroz. Lo dejó en el suelo, frente a mí. Me miró fijamente y señaló el plato.

—Come.

—¿Podrías… liberar mis manos?

—No —respondió sin emoción—. Comerás así.

Se dio la vuelta y se fue.

Dudé unos segundos, pero el hambre ya era demasiado.
Sin más opción, me incliné hasta que mi boca alcanzó el plato y comencé a comer como un animal. Como un maldito perro.

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