Siempre serás tu

798 76 15
                                        



~41~




Naruto

—¡Mierda, Pain! ¡Contesta!

Naruto caminaba en círculos sobre el asfalto, con el teléfono pegado al oído y la mandíbula apretada. La calle estaba casi desierta, iluminada apenas por una farola que parpadeaba sobre su cabeza.

La motocicleta de Sasuke yacía tirada a unos metros, con el manillar torcido y el motor goteando aceite sobre el pavimento.

El silencio del teléfono lo desesperaba.
Gruñó frustrado.

Desesperado, llamó a Choji y le explicó lo ocurrido lo más rápido que pudo.

Necesitaba llegar al edificio cuanto antes.

Pero no había nada más que pudiera hacer.

Con un suspiro pesado guardó el celular en el bolsillo de su chaqueta y, derrotado, se dejó caer en el suelo.

Apoyó los codos sobre las rodillas y pasó una mano por su cabello.

Solo podía hacer una cosa.

Esperar.








Sasuke

El edificio se alzaba frío y oscuro frente a mí.

Apenas la motocicleta se detuvo, salté de ella sin siquiera apagar bien el motor. Mis botas golpearon el pavimento húmedo mientras corría hacia la entrada.

No tenía tiempo.

Pain me vio en cuanto crucé la puerta del vestíbulo.

Sus ojos se abrieron con sorpresa y comenzó a caminar hacia mí a toda prisa.

Le respondí con dos disparos que silbaron a pocos centímetros de su cuerpo.

Pain se quedó completamente quieto.
Aproveché ese instante de shock.
Entré al ascensor y presioné el botón —4 con el dedo tembloroso.

Las puertas se cerraron.

El descenso fue corto… pero suficiente para que la rabia volviera a hervir dentro de mi pecho.

Cuando las puertas se abrieron, el ruido me golpeó de inmediato.

Música, risas, vasos chocando, conversaciones a media voz.

Un club privado.

Caminé entre la gente sin mirar a nadie.
Hasta que una chica se cruzó en mi camino.

La tomé del cuello y apoyé el arma contra su cabeza.

—Hinata… llévame con ella.

La chica se quedó paralizada. Sus ojos temblaban de puro shock.

—¡¿No escuchaste, estúpida?! —gruñí—. ¡Llévame con ella… ahora!

La empujé hacia adelante.

Sus piernas temblaban tanto que apenas podía caminar.

Tomé su brazo con fuerza y la obligué a avanzar más rápido mientras el arma descansaba presionada contra su cintura.

Cruzamos varios pasillos.

Las luces eran bajas. Las paredes estaban cubiertas con terciopelo rojo.
Finalmente se detuvo frente a una puerta.

—E-es ahí… —susurró.

La empujé a un lado.

Abrí la puerta de golpe.

Todo lo que pidasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora