CAPITULO 8

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  Cedric llevaba meses probando a olvidarse de Hope; había probado de todo y no lo había conseguido, sin contar qué no podía hacer sexo. En los últimos meses había tenido más mujeres que en los últimos tres años. Ha probado todas las cosas que solía hacer para excitarse y no habían funcionado, su pene no se levanta, jamás le había sucedido, el único momento que se levantaba era cuándo pensaba en Hope. Probó a estar con mujeres pensando a Hope, pero al parecer no podía engañar a su pene.

Cedric continuaba a soñar Hope y Afrodita, las dos le gustaban de igual manera sin imaginarse que eran la misma mujer. Sus sueños eran siempre intensos y le regalaban grandes orgasmos.

No podía continuar así, decidió que iba a conquistar Hope Cooper cueste lo que le cueste. Su orgullo herido no lo dejó perseguirla. Grande error, pero ahora basta, debía haberla, era el único modo para seguir con su vida. Pensaba que una vez que hiciera sexo con ella podía volver a su vida de siempre. Sabía que era un playboy, siempre lo sería y no quería empeñarse con nadie, pero por ahora debía probar una relación empeñada si quería estar con Hope Cooper.

En un mundo perfecto Cedric estaría enamorado de una bellísima chica, iría a cenar con ella en dónde sus padres, que aun estarían vivos o en un hermoso restaurante, caminando tomados de las manos, ella dándole mirada cortadas a la camarera porque no le quitaba los ojos de arriba, él enojado con el propietario porque la miraba cómo si se la quisiera comer. Él le acariciaba las mejillas con amor delante de la camarera para que viera que él ya tenía dueña. Ella le sonreía con amor delante del propietario, gritando con ese gesto a todo el mundo que ella era suya y solo suya sin pronunciar ninguna palabra. Llegaban a su mesa y él de buen caballero le sacaba la silla invitándola a sentarse.

Ya sentados los dos se robaban miradas llenas de amor, sintiendo que los poetas no supieron describir ese sentimiento tan intenso que los dos probaban. Él brillo de sus ojos le describían lo que su alma sentía por él y sabía que los de él le contaban lo mismo. No podían dejar de tocarse, era más fuerte que ellos. Ese fuego que los quema por dentro, que los consumía, no había agua que lo pudiera apagar solo había una cosa que lo podía calmar, y era solo ella y él enredados en sus sabanas, en su cama, haciendo el amor desesperado como dos locos sin rumbo, luego calmándose, recuperados sus respiraciones para así comenzar de nuevo.

Pero como ya sabemos, este no es un mundo perfecto y le tocaba salir un viernes por la noche con Betsy lo cual hacía una fatiga enorme en soportar, pero le debía mucho y debía sacrificarse, lo peor era que ese día se sentía melancólico y quería tener lo que tantas gentes tenían, pero con una sola persona y no sabía si ella también lo quería.

...

En los últimos meses tantas cosas habían cambiado en la vida de Hope. El Doctor Mayer estaba tratando de hacerle creer que no era una sádica, la cosa chistosa era que ni él mismo lo creía y Hope lo sabía, lo que no entendía Hope era el tipo de táctica que estaba usando, para ella no tenía sentido, lo único que le llegaba a la mente era que el Doctor Mayer le tenía miedo y que si ella realizaba la verdad de quién era pondría perseguir las personas inocentes. Y ella se preguntaba ¿Cómo piensa convencerla cuando él mismo no estaba convencido? Solo ella sabía lo que sentía cuando hacía ésa cosas.

Él pensaba que porque tenía un título sabía más que ella. Lo que él no sabía es que desde que ella había entrado en la organización tuvo que estudiar Psicología y conocía lo síntomas.

Todo comenzaba a partir del inició de la misión, especialmente cuando tenía carta libre para hacer lo que quisiera con el prisionero. La adrenalina les subía a las estrellas, su cuerpo se animaba, sentía una felicitad inmensa y todo crecía cíen veces si el criminal qué debían capturar era un asesino serial, un terrorista, un violado, la lista es grandísima, pero los qué más carga de adrenalina le deban eran los pedófilos. Ellos eran a los qué le gusta torturar al infinito, le gusta darle un poquito del dolor qué habían causados a sus víctimas y a sus familiares, nunca sería suficiente lo que ella le hacía comparados con lo que ellos les hacían a sus pequeñas víctimas. Ella no le quitaba la vida a ese tipo de criminal, la muerte sería demasiado buenas para ellos, era feliz y satisfecha cuando cada segundo de sus vidas rogaba porqué llegara la señora muerte, lo cual nunca llegaba. La palabra compasión no estaba escrita en el diccionario de Hope Cooper.

DANZA MORTALDonde viven las historias. Descúbrelo ahora