CAPITULO 46

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ALGUNOS DÍAS MÁS TARDE

En una pequeña habitación sentada en una incómoda silla estaba Betsy, delante de ella una mesa cuadrada y un silla para que su visitador se sentará.

Betsy tenía una cadena atacada a una canilla, la cadena era larga para que ella se pudiera mover por la pequeña habitación, el otro lado de la cadena estaba atacada a una especie de parrilla.

No sabía de cuánto tiempo estaba ahí sentada, pero la verdad era que después de más de cinco meses, ese era el lugar más cómodo en que su viejo cuerpo cansando y doliente se había reposado.

No sabía por qué estaba ahí, pensaba que una de sus verdugas le estaba por hacer una visita, pero no estaba tan segura porque le permitieron de sentarse en una silla y no creía que una de ellas se lo hubiera permitido.

Cedric entró en la pequeña habitación informar y se sorprendió al ver, en lo que se había convertido Betsy. Parecía una vieja decaída, la piel parecía papel crespa, los cabellos eran pocos y gris, se podía decir que era casi calva, estaba flaca, muy flaca y la piel tenía un color amarillo, de la mujer que una vez conoció no quedaba nada.

Cuando Betsy vio a Cedric, la emoción fue tan grande que su cuerpo inició a temblar y las lágrimas iniciaron a salir de sus ojos. Ella estaba feliz porque su calvario estaba por terminar, quería evitar las lágrimas porque no quería parecer más débil de lo que ya se veía, pero le era casi imposible.

Tan solo el hecho de pensar que volverá a su vida o mejor, que estará con Cedric, la habían emocionada al punto que estaba llorando incontrolablemente. Ella lo amaba, lo amaba de morir y no podía negarlo, él siempre será el único hombre que ella amará para siempre y ahora vino a rescatarla. Él también la amaba, el solo saber que él también la amaba la hizo llorar aún más. Laura no tenía razón, lo sabía.

Cedric no sintió pena por ella, el odio que sentía era tan fuerte que le parecía que el castigo que le estaban dando no era nada para lo que ella se merecía.

Se quedó de pies púes el sentarse cerca de ella le provocaba náusea. Él la miró y vio que ella le sonrío en medió de las lágrimas y sintió rabia al ver que ella aún tenía la fuerza de sonreír, sus padres nunca más lo harán, nunca más sonreirán y él no recuerda cómo eran cuando lo hacían, porque esa caricatura que pretende ser llamado ser humano se los arrebató cuando él era apenas un bebé de dos años y a él lo hizo vivir un infierno. Ahora tenía el coraje de sonreír como si nada.

- ¿Cedric, como descubriste en donde me tenían?- Betsy trataba de acomodarse el vestido amarillo y sin forma que tenía puesto, se pasó las manos por el rostro para secar las lágrimas y limpiar el rostro o por lo menos darle un poco de color, luego las pasó por el cabello para acomodarlo un poco.

Cedric observaba sus movimientos mostrando poco interés, pero en fondo era interesado porqué Betsy parecía nerviosa y eso era una cosa que él nunca vio.

Él no respondió por qué no le interesaba darle una respuesta y porqué también estaba perdido mirando su comportamiento -Mira lo que me hicieron esas zorras, todo esto es culpa de la zorra con la que te casaste, estoy contenta de que te diste cuentas de quién era y descubriste en donde me tenían secuestrada, espero que tú haya traído muchas guardias porqué el lugar esta llenos de hombres que trabajan para ella. Laura no lo creerá cuando te vea- Betsy continuaba hablar ilusionada, sin darse cuenta de que Cedric mostraba poco interés en su bienestar.

Cedric se dio la vuelta para marcharse sin decirle ni una palabra a Betsy, porqué la verdad era que al final no valía la pena hablar con ella y al escucharla hablar así de su esposa le estaban viniendo ganas de tomarla por el cuello y apretar hasta que dejara de respirar y él no pensaba que su esposa y sus cuñadas quisieran eso, por lo tanto, era mejor marcharse.

DANZA MORTALDonde viven las historias. Descúbrelo ahora