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Llamaron a la puerta de Taeyong un viernes por la mañana. Más temprano que de costumbre, pero Jaehyun no sería nada si no fuera impredecible cuando quería serlo. La procesión de cachorritos se dirigió a la puerta, ladrando y saltando, parecían unos locos trapeadores. Taeyong sacudió la cabeza y pasó entre ellos para asomarse en la mirilla. Abrió la puerta sorprendido.

—¿Jeno? —preguntó tentativamente.

—Buenos días, señor —saludó el hombre con un ligero movimiento de cabeza. Estaba vestido con su acostumbrado traje hecho a medida, igual que el que usaba su jefe siempre, su cabello rubio-blanco muy corto tenía copos de nieve que aún no se derretían. Aunque él no parecía notarlo.

—¿Sería tan amable de acompañarme, señor? —le preguntó diplomáticamente.

—¿Acompañarte? —Taeyong inclinó la cabeza hacia un lado. Eso tenía que ver con Jaehyun. Una sensación de miedo mezclado de curiosidad comenzó a crecer en su pecho—. Ah, claro —dijo de todos modos, sabiendo que ninguna pregunta que hiciera seria contestada aunque la expresara—. Solo necesito ponerme los zapatos y mi abrigo —dijo mientras bloqueaba que salieran los cachorros con uno de sus pies—. ¿Quieres pasar?

—Gracias, señor. Esperaré aquí —le aseguró Jeno con otra inclinación de cabeza y una neutra sonrisa.

Taeyong asintió lentamente.

—Claro. Ahora regreso —cerró la puerta, cogió su abrigo y corrió por sus zapatos. Ya llevaba puestos sus vaqueros y un suéter; eso estaría bien. Jaehyun parecía preferir esa ropa. Aunque él no sabía por qué, sospechaba que tenía algo que ver con que Jaehyun usaba casi todos los días ropa formal y cara.

Revisó los tazones de comida de los perros, les dio una caricia y cogió las llaves mientras volvía a abrir la puerta.

—Bien, estoy listo.

Jeno no dijo nada. Simplemente asintió, se giró al estilo militar y se dirigió hacia las escaleras, el coche estaba afuera, abrió la puerta para Taeyong quedándose rígidamente parado a un lado.

Taeyong hizo una pausa pero se encogió de hombros ante la rara sensación y subió al coche.

—Gracias —dijo, preguntándose a dónde irían.

Jaehyun no estaba en el coche como Taeyong había esperado y Jeno no ofreció alguna explicación; éste se acomodó en el asiento del conductor y arrancó el coche. Mientras conducía por el pesado tráfico, sus azules y fríos ojos revisaban a Taeyong por el espejo retrovisor, y le daba lo que podía considerarse una tranquilizadora sonrisa.

Taeyong consideraba que el chófer se parecía mucho a Jaehyun. Ellos obviamente no se veían igual. Pero había en ellos algo de capacidad, un aire de infalible calma.

Taeyong estaba casi seguro, cuando vio a Jeno, que había tenido algún tipo de entrenamiento militar. Sabía que Mark había sido médico en alguna división del ejército hacía años. Quizás de esa forma se conocieron todos. Podía reunir valor para preguntarle a Jaehyun.

Relajándose un poco dentro del lujoso asiento, Taeyong miró por la ventanilla para ver a la ciudad pasar. Hacía mucho tiempo que las casas conocidas habían pasado y eran reemplazadas por las grandes casas parecidas a la que recordaba del último viaje con Jaehyun en el Lexus.

Esta vez con la luz del día podía ver más y era incluso más impresionante. No creía haber visto casas como esas ni siquiera en la televisión. Eso le hizo pensar en lo extremadamente rico que era Jaehyun. Taeyong estaba seguro que solo los impuestos de esas casas podrían drenar las cuentas bancarias de la gente en un momento. Sacudió la cabeza. No había pensado que Jaehyun fuera tan... rico. Para él, era solo Jaehyun.

Martes | JaeyongHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora