X V I

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Eran justo antes de las siete de la tarde del viernes. La primavera llenaba la ciudad y el sol estaba poniéndose, iluminando apenas las ventanas. Las decoraciones brillaban por todo el "Martes"; estaba decorado para una fiesta privada que empezaría en cualquier momento, y el lugar estaba hirviendo con los preparativos. Detectores de metal en las puertas y grandes oficiales de seguridad alrededor del cuarto y revisando la exclusiva lista de invitados. Los hombres usaban esmoquin y las mujeres vestidos de grandes colas.

El restaurante cerraba para fiestas privadas varias veces al año por su excelente reputación, su discreción, respeto, elegancia, su tranquila ubicación en el piso superior y particularmente porque Mark Lee tenía grandes conexiones. Habría un montón de nombres importantes en el restaurante esa noche.

Celebridades, políticos, poderosos hombres de negocios, atletas profesionales, y debutantes en la sociedad. Un surtido de gente poderosa además de su propio personal.

Esas noches siempre eran interesantes. Y provechosas, si los invitados se emborrachaban lo suficiente. Y Mark siempre se aseguraba de que se emborracharan lo suficiente.

En el vestíbulo de fuera de la entrada del restaurante, Jaehyun levantó sus manos y miró al corpulento guardia de seguridad que lo revisaba, palmeándolo de arriba a abajo.

Cuando el hombre lo hizo, se puso de pie de nuevo y asintió hacia Jaehyun.

—Que tenga una buena noche, señor.

—Y usted —respondió Jaehyun suavemente mientras se detenía en la puerta y le daba a la camarera encargada su nombre. Ese no era su nombre, pero afortunadamente no era Jihyo la que estaba monitoreando la lista de invitados.

La mujer le señaló la entrada después de revisar la lista.

Asintió diplomáticamente, y pronto él estaba en el interior de la fiesta apretando los dientes ante la urgencia de gruñir. Jaehyun odiaba las multitudes. Esas lo llevaban al borde de su paranoia. Especialmente multitudes como ésta, donde los problemas podían venir de alguien que supiera cómo causarlos. La mayoría de los invitados se encontraban al frente del lugar, varios camareros con bandejas plateadas llevaban champagne y pequeños aperitivos.

Jaehyun se movió entre la multitud saludado diplomáticamente con un leve movimiento de cabeza a quienes lo saludaban y levantaban su copa de champagne. Mark tenía un cliente entre la multitud, uno que podría hacer un tiro al blanco en la espalda de alguien tan pronto como Jaehyun lo encontrara. El viernes normalmente estaba reservado para Taeyong, pero con una fiesta como esta, Taeyong había sido asignado a trabajar de todas maneras. Jaehyun había pensado que esta noche no tendría más remedio que quedarse en su casa mirando las paredes pero la inesperada necesidad de su presencia había sido tan repentina que ni siquiera había llamado a Taeyong para advertirle que no iría. Pero cuando Mark le llamó, Jaehyun se movió. Con la única razón de que debería de estar aquí y no en su casa recuperando su sueño.

—Taeyong —murmuró Yerim cuando ella llegó al área de servicio a llenar su bandeja—. Jaehyun está aquí.

Vio el champagne que servía y sonrió.

—¿En serio? No sabía que estaría aquí.

—¿Por qué no? —preguntó incrédula.

—No le pregunto dónde va a estar cada minuto del día —dijo Taeyong mientras dejaba la botella a un lado.

—Entonces. ¿Él sabía que ibas a trabajar en una fiesta a la que él asistiría y no te lo dijo? —preguntó Yerim, dudando.

Taeyong frunció el ceño un poco.

Martes | JaeyongHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora