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Mark y Jeno sentaron a Jaehyun en la cama para poderle quitar las botas. En el hospital les habían dado ropa y un par de mantas que llevaba sobre sus hombros para mantenerlo caliente durante el traslado del hospital al vehículo y del vehículo al apartamento. Su pecho estaba apenas cubierto debido al gran cabestrillo del brazo y el vendaje que cubría sus costillas de la herida en el costado opuesto. Su brazo estaba quebrado, pero no era una mala fractura. La bala había atravesado la carne de la parte superior del brazo, era dolorosa pero no grave. La puñalada en el costado había sido la mayor preocupación. Había perdido mucha sangre y el cuchillo había dañado no solo tejidos sino también las costillas. Fue afortunado de que la hoja no llegara a los pulmones. De momento, le dolía al respirar y moverse, pero viviría.

Taeyong había salido de la aterradora noche con una buena cantidad de hematomas, un labio partido, laceraciones en las muñecas de cuando estuvo atado en la silla tratando de alcanzar el cuchillo, y una genuina crisis nerviosa. Pero ahora estaba más calmado y adormecido; había llorado en el hospital y finalmente había logrado calmarse. Miraba a Jaehyun mientras los otros hombres lo acomodaban, tratando de resistirse a la urgencia de acercarse. En lugar de eso, solo observaba la impasible expresión de Jaehyun.

Éste estuvo medio-dormido, medio-consciente de camino a casa desde el hospital. El doctor había dicho que posiblemente estuviera en estado de shock. Definitivamente a causa de la morfina. Todavía no decía una palabra a nadie, ni siquiera miraba a Taeyong.

—Voy a traer las cosas del hospital —dijo Mark tranquilamente antes de salir del cuarto. Taeyong sabía que seguía enojado. Se movía y hablaba con delicadeza desde que había golpeado a Jaehyun en el almacén, tratando de no mostrar más ira, pero solo la refrenaba haciéndola más obvia.

Taeyong no podía culparlo. Ahora que el miedo a la muerte había pasado, no podía mirar a Jaehyun sin querer estrangularlo al recordar todo el dolor que su pérdida le había causado. O sin querer acurrucarse a su lado y simplemente sentirse aliviado de que estuviera vivo.

Jaehyun parecía estar haciendo un gran esfuerzo para enfocar su vista, y miraba inexpresivo a Taeyong, el cual quería gritar y sacar fuera toda su frustración. No podía hacerle las preguntas que quería ni patearlo en las espinillas, hasta que sanara y estuviera consciente de nuevo... En lugar de gritarle, se acercó y pasó la mano por su hombro sano.

—Cuidado —advirtió suavemente mientras le guiaba hacia las almohadas.

Jaehyun, lentamente, tomó la muñeca de Taeyong. Levantó la vista para mirarlo a los ojos, todavía ligeramente adormilado, pero luchando por resistir a la morfina que le habían administrado.

—Te extrañé —dijo suavemente.

La calidez inundó su pecho, y se mordió el labio, gimiendo de dolor. Mirando a Jaehyun a los ojos antes de contestar, asintió despacio. Después de un momento de mirar a los oscuros ojos de Jaehyun, finalmente se dio cuenta de que no sabía qué decir.

Jaehyun exhaló irregularmente y mirando hacia Taeyong, llevó la mano a su boca y besó el interior de la muñeca, antes de colocar la palma en su cara y cerrar los ojos de nuevo.

Taeyong cerró los ojos mientras acunaba la mejilla de Jaehyun, acariciando la piel con la punta de sus dedos. Le había extrañado tanto que era incapaz de respirar sin sentir dolor. Taeyong ya no quería más dolor. No quería dolor para ninguno de los dos.

—Necesitas descansar —le dijo suavemente. Pero no podía obligarse a retirar su mano.

Jaehyun asintió y bajó la cabeza abatido. Y entonces se movió cautelosamente para acostarse.

—¿Te duele? —preguntó Taeyong mientras colocaba cuidadosamente su mano en la frente de Jaehyun, temiendo que ya hubiera pasado el efecto de los analgésicos.

Martes | JaeyongHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora