La mañana siguiente, Wonwoo se quedó tumbado en la cama mientras Mingyu se vestía, observando cómo se ponía una de esas camisas de diseño especial para las alas. Se sentía magullado, dolorido. Él lo había abrazado durante toda la noche, pensó. Había mantenido a raya las pesadillas. Por él encontraría la fuerza necesaria para luchar contra una culpa que amenazaba con ahogarlo.
Se sentó y tomó un sorbo del café que había junto a la Rosa del Destino.
—¿Cómo se cierra el bajo de tus camisas? —Nunca había visto botones bajo las ranuras de las alas. Al parecer, los ángeles más poderosos preferían esas camisas, con cierres diminutos y discretos, casi invisibles. Los ángeles más jóvenes, en cambio, parecían más inclinados por los diseños complicados, cada uno tan único como la persona que lo llevaba.
Mingyu enarcó una ceja.
—¿Soy un arcángel y tú me preguntas cómo mantengo las camisas cerradas?
—Siento curiosidad. —Se concentró en esa distracción para mantener su mente alejada del pasado. Dejó el café en la mesilla y realizó un gesto con el dedo índice para pedirle que se aproximara.
Según parecía, el arcángel estaba de buen humor, porque lo obedeció: dejó la camisa sin abotonar y se acercó a el.
Mingyu apoyó las manos a ambos lados de su cuerpo y agachó la cabeza para besarlo. El beso fue una reclamación absoluta. Largo, intenso y lento, un beso que le hizo doblar los dedos de los pies, que despertó sus terminaciones nerviosas y que le arrancó un gemido gutural.
—Provocador... —lo acusó en un susurro cuando él apartó la cabeza.
—Debo asegurarme de que nunca pierdas el interés.
—Ni aunque viviera un millón de años —replicó el, atrapado por el azul eterno de sus ojos—. Creo que jamás encontraré a un ser tan fascinante como tú. —Una acuciante vulnerabilidad lo abrumó un instante después, así que se apretó contra el calor de su pecho—. Enséñame la camisa.
Mingyu le alzó la barbilla y le dio un beso que mostraba que esa mañana se sentía tierno.
—Lo que mi doncel desee. —Se volvió para darle la espalda.
Tras apartar las sábanas, Wonwoo se puso de rodillas.
—No hay costura —murmuró mientras examinaba la parte inferior de las aberturas—. Ni botones, ni cremallera. Casi esperaba ver una especie de velcro.
Mingyu empezó a toser.
—Si no fueras mío, cazador, tendría que castigarte por ese insulto.
Su arcángel estaba bromeando con el. Era extraño, y eso hizo que el peso que sentía en su corazón se aliviara un poco.
—Vale, me rindo. ¿Cómo cierras las aberturas?
Le costó un verdadero esfuerzo apartar la vista de los maravillosos músculos de su pecho. Si no tenía cuidado, se dijo, ese arcángel lo convertiría en su esclavo. Abrió los ojos como platos en el instante en que se fijó en su mano.
—¿Es eso lo que creo que es? —Su mano desprendía un fuego azul, y eso le provocó un vuelco en el corazón.
—No es fuego de ángel. —Mingyu cerró la mano y acabó con el juego de luces
—. Es solo una manifestación física de mi poder.
Wonwoo dejó escapar un suspiro.
—¿Utilizas eso para sellar los bordes?
—En realidad, los bordes no están sellados. Fíjate bien.
Wonwoo los examinó con detenimiento, y esa vez alzó el bajo de la camisa casi hasta sus ojos. Fue entonces cuando los vio. Unos hilos del azul más claro, tan delgados que resultaban casi invisibles, se entrelazaban con el lino blanco de la camisa. Maravillada, se preguntó cuánto poder era necesario para crear algo así sin pensarlo. Él jamás le diría que Wonwoo era demasiado fuerte, demasiado rápido, demasiado duro.
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La marca del Arcángel - Meanie [2]
Fiksi Penggemar𝑎̵͟𝑑̵͟𝑎̵͟𝑝̵͟𝑡̵͟𝑎̵͟𝑐̵͟𝑖̵͟𝑜̵͟𝑛̵͟, 𝑠̵͟𝑒̵͟𝑔̵͟𝑢̵͟𝑛̵͟𝑑̵͟𝑜̵͟ 𝑙̵͟𝑖̵͟𝑏̵͟𝑟̵͟𝑜̵
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