Capítulo 22

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Wonwoo vio que los labios de Mingyu se curvaban un poco al escuchar sus palabras airadas, pero él no dijo nada más. En lugar de eso, se acercó a un pequeño armario que había en uno de los rincones. Los músculos de su espalda se movían con una fuerza fluida que hizo que sus hormonas cobraran vida.

Tras sustituir los vestigios del pasado con el placer sensual que le provocaba ver cómo se movía su arcángel, se acercó a él mientras abría el armario para dejar al descubierto una pequeña caja negra del tamaño propio de las que contienen joyas.

Se estremeció y dio un paso atrás.

—Arroja esa cosa al foso más profundo que puedas encontrar —se apresuró a decirle.

Mingyu lo miró de reojo.

—¿Qué sientes?

—Me pone los pelos de punta. —Se abrazó y empezó a frotarse los brazos con las manos. Sentía una capa de hielo en el estómago—. No quiero tener eso cerca de mí.

—Interesante... —Mingyu metió la mano en el armario y sacó la caja—. Yo no siento nada y, aunque no hay sangre, tú percibes un montón de cosas.

—No lo toques —le ordenó Wonwoo con los dientes apretados—. Te he dicho que te deshagas de esa cosa.

—No podemos hacer algo así, Wonwoo. Y lo sabes.

No quería saberlo.

—Jueguecitos de poder... Bueno, ¿y qué? Le daremos las gracias y le enviaremos cualquier fruslería. Tienes muchas por ahí.

—Eso no servirá. —Sus ojos se ensombrecieron hasta adquirir el tono de la zona más oscura del alba en el momento justo en el que el sol asomaba por el horizonte—. Este es un regalo muy específico. Es una prueba.

—¿Y qué? —repitió Wonwoo—. A los arcángeles les gusta jugar a ver quién es el más fuerte. ¿Por qué coño tengo que hacerlo yo?

Mingyu colocó la caja en una esquina del escritorio y rozó las alas de Wonwoo con las suyas.

—Te guste o no, al convertirte en mi amante, has aceptado participar en esos jueguecitos.

Wonwoo tenía una sensación extraña en la piel, como si un millar de arañas corretearan por su cuerpo.

—¿Podemos tirarlo a la basura después de abrirlo?

—Sí.

—¿Eso no se considerará de mala educación?

—Será una declaración. —Le ofreció la mano—. Ven, cazador. Necesito una gota de tu sangre.

—¿Lo ves? Da escalofríos. —Estremecido, sacó uno de sus cuchillos y se hizo un corte en el dedo índice de la mano izquierda—. Quienes hacen regalos que solo la sangre puede abrir jamás te enviarían toallas de baño.

Mingyu tomó su mano y la sostuvo sobre la caja antes de apretarle el dedo con la fuerza suficiente para arrancarle una única y luminosa gota de sangre. Wonwoo observó el líquido rojo, que colgó por un segundo de la yema de su dedo, como si odiara esa cajita de terciopelo, antes de caer con suavidad. La caja pareció consumirse, como una oscuridad voraz hambrienta de vida.

El cazador apretó los dedos de la otra mano sobre la empuñadura del cuchillo.

—No quiero ir a ese baile, de verdad.

Mingyu le besó la yema del dedo antes de soltarle la mano.

—¿Quieres que la abra yo?

—Sí. —No tocaría esa cosa si podía evitarlo.

La marca del Arcángel - Meanie [2]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora