Capitulo 37

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 El rostro de Mingyu carecía de expresión.

—No es Wonwoo quien ha orquestado el secuestro y el abuso de un niño.

Alguien aspiró entre dientes, y Wonwoo comprendió que había sido Hyelim. El cuerpo de la arcángel se inclinó hacia Anoushka, a pesar de que se encontraba a la izquierda de Mingyu.

—Patrañas —dijo Anoushka, que respiraba con más facilidad ahora que su cuerpo había comenzado a curarse—. La cazadora pretendía labrarse un nombre matando a un ángel.

Las palabras escaparon de la boca de Wonwoo sin más.

—Ayudé a matar a un arcángel. No tengo nada que demostrar.

Leo se puso en pie con movimientos tan sinuosos y suaves como los de las pitones que tenía por mascotas.

—Dame tu mente.

De pronto, Wonwoo se vio inundado por las esencias de la lluvia y del mar. Mingyu alzó una mano cargada de fuego de ángel.

—Nadie tocará a Wonwoo. Es en la mente de Anoushka donde debes buscar.

Hubo un estallido de movimientos en lo alto, y poco después Aodhan aterrizó junto a Wonwoo, aunque dado su ángulo de descenso, habría sido mucho más fácil para él aterrizar entre Hyelim y Mingyu. El ángel estaba cubierto de tanta sangre que sus alas brillantes como diamantes habían adquirido el color del óxido. Sin embargo, no fue eso lo que hizo que todo el mundo en aquel patio guardara silencio. Aodhan tenía a un vampiro en sus brazos. Y a ese vampiro le faltaban todas las extremidades, aunque seguía vivo.

Wonwoo se esforzó por no mostrar el horror que sentía. La última vez que había visto a un vampiro en esas condiciones, el tipo había sido torturado durante días por un grupo racista.

—Sire. —Aodhan depositó su carga sobre los adoquines del suelo—. Fui detenido por el capitán de la guardia de Anoushka. En su mente se encuentra la verdad.

A juzgar por la expresión de Anoushka, no había dudas sobre la identidad del vampiro. Wonwoo lo vio solo porque no había apartado los ojos de la princesa: un destello de dolor, de pérdida. La mujer sentía algo de verdad por aquel vampiro. Pero no lo suficiente. Tras ponerse en pie, la hija de Leo cogió el kukri con uno de sus rápidos movimientos reptilianos y lo arrojó hacia el cuello del vampiro.

Mingyu lo atrapó por la hoja, y su sangre empezó a gotear sobre el pecho destrozado del capitán de la guardia.

—Lee Chan, Wonho... Indagad en su mente.

El silencioso arcángel persa cerró los ojos. El enorme arcángel de cabello negro hizo lo mismo. Tardaron menos de un segundo.

—Culpable —susurró Chan, que se dirigía a Leo—. Aunque Wonsik perdonara el asesinato de su concubina, aunque Wonho perdonara el asesinato de una mujer en sus tierras, aun cuando Minygu perdonara la tortura de uno de sus hombres y el intento de asesinato de su compañero, no podrías salvarla.

—Rompió nuestra ley suprema. —La voz de Wonho resultaba incongruentemente suave en una criatura tan grande. Los turgentes músculos de su pecho empezaron a resplandecer alrededor del peto de acero que llevaba puesto.

—El abuso de un niño —murmuró Wonsik con un tono casi académico mientras se acariciaba la pequeña barba negra con un par de dedos—. Puede que esa sea la única prohibición que aún respetamos. Atravesar esa línea sería como rendirnos a la oscuridad que nos acecha a todos.

—El chico no está muerto —replicó Leo.

—El asesinato o un ataque brutal, el castigo es el mismo; y el chico estuvo tan cerca de la muerte que hay poca diferencia. —Un arcángel con acero en la voz y unos ojos de color castaño dorado. Junhui—. Lo peor es que no lo hizo sola. Enseñó a otros a disfrutar del dolor de un inocente.

La marca del Arcángel - Meanie [2]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora