Sam dio unos pasos atrás dejando sitio para que la muñeca aterrizara. Esta cayó sobre una pierna a escasos centímetros del infante, que se quedó inmóvil.
La frágil figura infantil lo analizó con detenimiento. Le cogió una mano y notó el calor emanando del humano. Se la soltó como si le hubiera quemado y sacudió la suya propia.
Sam apartó la mano y la muñeca se puso de puntillas para mirarle fijamente a los ojos.
Apretó el puño con temor y una mezcla de dolor y sorpresa recorrió su cuerpo cuando esta le dejó un suave beso en los labios.
Cuando se apartó canturreó.
-Mi amor, mi amor, nos llevan al árbol. Mi amor, mi amor, penderé por ser tan promiscua.
El infante no entendía la mitad de las palabras, bueno ni siquiera las había oído porque sentía un dolor punzante en la extremidad que antes había agarrado la muñeca.
Abrió el puño y de su palma cayó una pieza de porcelana ensangrentada.
El infante se miró confuso la herida.
Estuvo a punto de desmayarse, nunca había visto aquel fluido carmesí, solo sabía que era mala señal y que dolía.
Empezó a llorar.
-Mi amor, mi amor, moriremos por pecadores. Mi amor, mi amor moriremos de amor.-Siguió canturreando la muñeca.
El payaso Pierrot abrazó a Sam y al ver que eso no servía para acallar sus lágrimas tomó su mano herida y la lamió.
De repente se le encendió un brillo en los ojos, como quien era bendecido con el don del saber, y rasgó uno de los vestidos del armario.
Con la tela desgarrada de la prenda le vendó la herida.
-Estarás bien.-Dijo el payaso
Y se tapó la boca con las manos en señal de sorpresa.
-Puedo hablar.-Exclamó.
-¡Puedes hablar!-Celebró el infante, como si fuera un triunfo propio, olvidándose completamente del dolor.
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Oniria
ParanormalSam, un tímido niño, se pierde en el bosque. Ahí encuentra una vieja mansión, donde habita una marioneta de payaso y una muñeca de porcelana con vida. Dos almas, dos tiempos; una sola oportunidad de arreglar el pasado.
