…él más que mi sobrino… es mi hijo, y lo sabes bien de sobra; además tú vas a trabajar ni que te fueras a ir toda la vida, igualmente siempre vamos a estar en contacto…
Mery pov:
Por fin amaneció y después de todo, no ha sido eterna la noche; y ¡qué noche la de ayer! Seguiré fingiendo ser feliz aunque muera por dentro, pero que le vamos a hacer; este es el cruel destino que me tocó vivir y no tengo otra forma de obtener dinero, soy presa de las circunstancias, pues nunca culminé mis estudios, sé que no es el trabajo más digno, pero yo no puedo cambiar el rumbo de mi vida ya es imposible para mí, seguiré siendo una esclava de este mundo… pero mejor no pensar en ello y pasar la página, voy a enfocarme por hoy en Jeremías, ¡ese niño!, ese niño es la luz de mis ojos, es un pedacito del alma de mi hermana que aún vive con nosotros, ¡hoy es su cumpleaños!, pero de seguro Jaime… ese tonto de Jaime, no querrá celebrárselo, como es su costumbre prefiere revivir el dolor de la pérdida de mi hermana, que regocijarse con la vida de mi sobrino.
“Riiiing” –toco el viejo timbre pues dejé la llave, pero nadie abre y vuelvo a tocar–. “Riiiing” –y se oye desde adentro la voz de Jeremías–.
–Ya voy, espere un momento.
Al abrirse la vieja puerta de madera de nuestra casa que da hacia el frente, la silueta del pequeño Jeremías se deja ver por el pasillo débilmente alumbrado por un bombillo, que da hacia donde estoy yo esperándole y contemplándolo por entre las rendijas de la puerta principal, entro caminando despacio y Jeremías se lanza hacia mí, dándole un abrazo, le pregunto por qué es él quien me abre la puerta y no su papá, y en su contestación dice:
–Tía ¿bendición?, lo que ocurre es que mi papá se siente enfermo y está en su cuarto acostado.
–¡Dios me lo bendiga, me lo ampare y me lo favorezca! –Digo y él sale espabilado por el pasillo hacia la casa a lo que repongo–: ¡Bendito! No corras así que te puedes caer, es que acaso tú no vas para el colegio, yo puedo llevarte.
–Eso…, tía… ¡ya va…! –Dice jadeando por la carrera estando ambos ya dentro de la casa–. Eso no lo sé, tendría que preguntarle a mi papá.
–Mery, por favor llévalo tú –interrumpe Jaime diciendo desde su cuarto– Yo me siento un poco mal.
–Está bien, no te preocupes –respondo complacida– descansa, no te fatigues.
–Me voy a bañar; tía espérame, no me tardo –dice Jeremías mientras corre al baño–
Al mucho rato Jeremías está completamente listo y yo le he preparado su desayuno y antes de irnos le digo a Jaime que vendré para acompañarlo.
Jaime pov:
Es bueno que Mery se llevase a Jeremías al preescolar, ya nadie podrá interrumpirme para leer el diario de Alicia, pero… ahora que me acuerdo debo llamar a Sonia para notificar mi repentina ausencia de hoy.
Desde el día de nuestro desliz no hemos vuelto a hablar abiertamente del tema, prefiere hacer como si nada pasó, y eso a mí no me molesta pero me extraña viniendo de una mujer como ella, nunca aclaramos nada, nadie dijo nada respecto a sus sentimientos; por un instante pensé que me despediría, sin embargo no lo hizo.
Tomo el teléfono y al ser atendido digo:
–Buen día, comuníqueme con Sonia por favor, soy Jaime.
–Eres tú Jaime… –dice de manera entrometida Yesica–. Mijito ni al trabajo quieres venir, y… ¿Qué es lo que te pasa?
–No me pasa nada –contesto de forma pedante para callarla–. Solo comunícame con Sonia hazme el favor.
–Está bien solo preguntaba porque me preocupo por ti –dice ella y pasa la llamada a la línea dos–.
–Hola buen día Sonia ¿Cómo estás? –Digo ahora dirigiéndome a mi jefa–.
–Yo bien y tú debes estar mejor pues te tomaste el día libre y sin mi consentimiento –me espeta Sonia a modo de regaño–.
–Al contrario, te equivocas, lo que ando es con un malestar tremendo, por eso no asistí hoy a la empresa, me encuentro indispuesto –me excuso en tono grave–.
–Pero tú sabes bien que en estas fechas estamos bastante apretados de trabajo, hoy precisamente tuvimos hace algunos minutos una reunión importantísima sobre los planos del centro comercial –vuelve ella a regañarme–. Y, por cierto, gracias a Dios, dale muchas gracias a Dios, que Maick supo exponer muy bien los puntos del proyecto, pues sino tú ausencia en la empresa sería definitiva porque te boto, te boto sin derecho a pataleo.
–Eso en verdad me desanima por no haber podido asistir, pero por otro lado me alegro, pues eso quiere decir que Maick está haciendo un buen trabajo –me excuso–. Y no digas eso, nada de botarme, además a pesar de lo mal que me tratas Sonia, sé que me quieres un poquito.
–No digas bobadas, si quiero botarte te boto, loco, y bueno sí, tienes razón ese muchacho se destaca en lo que hace, pero no es para tanto elogio –dice contenta–, tiene un gran potencial. Bien, eso era todo, que te mejores para que vuelvas pronto al trabajo.
Cuelga el teléfono.
Pensé que me diría algo más.
Me alegra mucho que a Maick le esté yendo bien, es un avance significativo en su carrera y lo va ayudar mucho con su situación económica; al colgarle a Sonia me recuesto boca arriba mirando al techo de madera que recubre toda la casa; de pronto suena nuevamente el teléfono.
“Riiiing, Riiiing”
Es Sonia otra vez, y dice:
–Hola Jaime, perdona que te moleste otra vez, es más… tú eres el culpable por no venir al trabajo, lo que ocurre es que hemos recibido una notificación de la empresa principal.
–Hola otra vez Sonia, ¡Ajamm…! y… ¿Qué será lo que dice la fulana notificación? –Pregunto entre bostezos–.
–La notificación la enviaron hace algunos minutos por fax y dice lo siguiente –comienza a leer el comunicado–:
Madrid-España 23 de abril de 1990:
Ante todo, un cordial saludo a nuestros amigos de la sede en Venezuela, el departamento de Recursos Humanos y su oficina central en la empresa constructora de inmuebles “La Española”, la cual tiene sede en Madrid, capital de España; solicita con “URGENCIA” que su sucursal en Venezuela envíe de manera inmediata a un representante de dicho departamento, para una tarea importantísima de la cual se darán los detalles cuando se encuentre residenciado en nuestra ciudad.
Sin otro tema que tratar les enviamos un caluroso abrazo, esperando su pronta respuesta.
Atentamente: Henry Piñero.
Jefe de relaciones exteriores de la empresa.
–Esto es todo lo que dice la carta, corto y conciso –concluye ella– Ah, por cierto, “URGENCIA” está escrito en negrita.
–Me parece bien, pero… ¿por qué me das este tipo de información a mí? –Pregunto presintiendo sus intenciones–. No estarás pensando en…
–Sí, es justo lo que te imaginas, la junta directiva te ha nombrado nuestro representante en España, preferiría ir yo personalmente, pero tengo otros asuntos que debo atender aquí.
¿La junta directiva o… ella?
– ¡Qué! –Exclamo en sobresalto tumbándome de la cama– Y… el proyecto del centro comercial… ¿a quién van a dejar a cargo?
Casi me atraganto por la emoción y el susto, bueno más por el susto que por otra cosa.
–No te preocupes por eso, lo del centro comercial quedará a cargo de Maick, tú te vas para España.
–Tengo que pensarlo bien, ¿Qué voy a hacer con mi hijo? Aún es muy pequeño.
–Está bien, te dejaré que lo pienses y tendrás tiempo suficiente para arreglar tus papeles, la empresa se encargará de todo, pero ten en cuenta que las grandes oportunidades no suelen suceder dos veces en una misma vida –me aconseja y cuelga el teléfono–.
¡Qué gran oportunidad!
La vida hoy me está premiando y no puedo desaprovechar la oportunidad que el destino me brinda, pero… y Jeremías, es tan pequeño, me pregunto qué decisión debo tomar, ¿qué es lo que debo hacer?
Escucho abrirse la puerta y es Mery quien ha llegado y pregunta si estoy bien, a lo que respondo que me siento un poco mejor, pero que aún no sé bien, luego de almorzar le digo:
–Mery tengo una muy buena noticia que darte, pero a ciencia cierta, no sé si sea tan buena como yo digo.
–Y… ¿Cuál será esa noticia que tienes que darme? –pregunta ella confusa–.
–¡Me enviaron a trabajar a España! –Comento emocionado, pero al pensarlo bien repongo en tono más tenso–: Lo que ocurre es que no sé qué va a pasar con nosotros, es decir, con Jeremías y contigo lejos de mí, pues él es muy pequeño aún, y no puedo llevarlos conmigo.
–¡Esa es una excelente noticia…! Por Jeremías no tienes de que preocuparte, bien sabes que yo lo cuidaré como si fuese mi hijo, pues lo considero así, él más que mi sobrino… es mi hijo, y lo sabes bien de sobra; además tú vas a trabajar ni que te fueras a ir toda la vida, igualmente siempre vamos a estar en contacto.
–¡Qué alivio! Sabía que puedo contar siempre contigo, eres lo máximo Mery, gracias por ayudarme siempre con mi hijo, sé que no te lo digo muchas veces, pero quiero que sepas que no sabría que hacer sin ti, tú eres mi pilar, ¡gracias, gracias, gracias!
–Gracias a ti, no sabes cuánto orgullo me da escuchar esos cumplidos de tu parte, realmente mi hermana se ganó la lotería contigo y… ahora bien, ¿ya tienes fecha para tu viaje?
–Esos detalles debo concretarlos en la empresa, pero que te parece si vamos juntos: tú pasas buscando a Jeremías y yo sigo hacia la empresa para finiquitar todo lo referente al viaje –propuse–.
–Me parece bien, vamos –constató ella–.
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La Frontera del dolor.
RomanceJeremías Davalillo puede parecer un chico como cualquier otro, pero no es así; vive una vida de mentira. Toda su infancia de perfección fue solo una ilusión, presagiada por los fantasmas del pasado de su familia: una a la que nunca debió pertenecer...