Capítulo 5: Besos tibios sobre un cuerpo frio:

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Jaime pov:

No pudo responder a mi pregunta, la luz de sus ojos se esfumó, murió de un paro cardíaco, tan solo ver su cuerpo inerte sobre la camilla, me paraliza. Su cuerpo frío y sin vida me produce horror. Es algo espantoso sentir tan de cerca las caricias de la muerte, la habitación se siente inmensa, puede que este loco… ¡pero aun puedo escuchar ese PIIIIIIIIIIIIIII retumbando en mi cabeza!

Beso sus frígidos labios sin movimiento, y lloro… Lloro como un niño que se ha perdido en el más espeso de los bosques amazónicos, lloro por ella, lloro por mí, lloro por “el nosotros” que nunca más seremos, por la familia que nunca tendremos, por las risas que no compartiremos, por todo lo que no le di, por lo que debí decir y no dije, por lo feliz que fuimos, por lo triste que seremos, por lo vacío que estará el mundo –mi mundo, nuestro mundo, el de los dos y de nadie más– por su ausencia, por el odio y dolor que nos ha llenado el alma, por la falta que me hará, por cada maldito segundo que tendré que esperar para volverle a besar, por lo que soy, por lo que ella era, por esos dulces ojos azules con los que me veía, y que no me verán jamás, por lo suave de sus besos, por Dios por habérmela dado, por Él –egoísta en su forma de gobernar el Universo– por su empeño en arrancarla de mi lado.
Lloro por la vida, también lloro por la muerte. La de ella.

La de los dos.

Los doctores han llegado y me sacan de la habitación, puedo alcanzar a ver como cubren el cuerpo de Alicia con una débil tela azul

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Los doctores han llegado y me sacan de la habitación, puedo alcanzar a ver como cubren el cuerpo de Alicia con una débil tela azul. Allí, ¡en esa maldita habitación que tanto odio!

Se acabó la vida de mi amada, ¡ahora está en un mejor lugar!

Estoy aquí en esta sala de espera –aunque ya no espere nada–, tan solo viendo con rencor e ira como la gente se aferra inútilmente a la esperanza.
¡Esa que hoy me ha fallado!

Aunque haya mucho ruido, todo es gris y silencioso a mi alrededor; el vacío de mi alma llena todo este lugar ¿Quién podrá darme la paz?; pero debo ser fuerte… ser fuerte y no desmayar para cuidar de mi hijo…

Mi pensamiento se interrumpe con la voz llorosa de Mery, la hermana de Ali, quien me dice con un abrazo:

–Lo siento mucho Jaime, lamento tanto la muerte de mi hermana, pero… no te preocupes yo te acompañaré.
–¡Es increíble cómo pasó todo Mery! –Digo entre sollozos–. Aun no entiendo cómo fue que ella se enfermó de esa manera, ella era tan joven…
–Y ¿Cómo está el bebé? –Pregunta desesperada–. ¿Pudo salvarse o acaso…?
–El bebé afortunadamente está bien –le he interrumpido–, pero aún está en observación, sin embargo, tienes razón; se han tardado demasiado, ah… quizás es por el cambio de guardia.
Seco las lágrimas que brotan de mis ojos.

Una sensación de escalofrío recorre en este instante mi cuerpo, la voz de Mery se pierde entre la gente, por mi mente solo flotan recuerdos, ¡dulces recuerdos!

De todos esos momentos felices que pasé junto a Alicia…

–Hasta pronto –dije sonriente despidiéndome de mis amigas que cruzaban la otra acera– ¡Nos vemos mañana! –Grité al final.
Sin mirar por donde caminaba, tropecé con una chica que llevaba algunos libros, su piel morena y cabello largo me cautivaron, pero lo que me paralizó al instante, fue ver sus ojos azules por entre el cristal de sus lentes, rápidamente reaccioné y le dije:
–Lo siento, ¡que torpe soy, de verdad lo siento! Permíteme ayudarte con tus libros.
–Gracias –dijo en voz baja.
Mientras recogía sus libros, tuve una idea –preguntarle sobre alguno de esos gordos escritos–, uno de portada verde agua, fue mi elección.

–¿De qué se trata esta historia? –Le pregunte caminando con ella por el monumento, para sacar conversación.
–Se trata, de la historia de una pequeña niña muy inteligente y perspicaz, quien conoce a un hombre gordo e inseguro, convive con él, junto su familia y ambos se enamoran, ella intenta hacer que entienda a Dios desde la vista de una niña… Una bella historia de amor.
–¡Que interesante!... ah, por cierto, no me he presentado: Me llamo Jaime.
–Mi nombre es Alicia –comentó.
–Alicia… que bonito nombre… significa "la mujer de verdad", como Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll.
Ella se sonrojó mientras corría a montarse en el autobús…
–Me caes bien –dijo ya en el autobús– tienes razón soy Alétheia en el país de las maravillas.

¡Aaahhh!…

Que recuerdos más cálidos, pero ya no la veré jamás… Y, una lágrima se escapa de mis ojos, como se escapa una liebre de las redes de un cazador –de imprevisto–.

Mery pov:
Mientras Jaime habla conmigo su mente está distante, está sumido con tristeza en los recuerdos del ayer, sus ojos expresan el profundo dolor que esconde su alma, se ha quedado dormido, me siento un tanto incómoda y no me atrevo a decirle nada, no encuentro las palabras para calmar su dolor, yo también estoy desconcertada con la noticia, pero ¿habrá podido Alicia revelarle su secreto a Jaime?…

Eso ahora ya no importa; las lágrimas brotan de mis ojos bañando mis mejillas y dañando mi maquillaje.

La voz de un médico de estatura baja, cabello blancuzco por las canas y de edad avanzada, ha interrumpido mis pensamientos diciendo:

–Usted es familiar directo de Alicia Granados.
–Sí, sí doctor soy su hermana –contesto rápidamente–. ¿Para qué sería?
–Señorita, necesito que firme el acta de defunción –dice dándome el documento.
–Sí, como no, está bien –respondo resignada mientras firmo el acta.
–Puede retirar el cuerpo en la morgue del hospital –dice el doctor mientras se retira.

No puedo creer que lo que voy a ver es eso, un cuerpo, vacío de alma, sin vida, inerte. Jamás imaginé a mi hermana, mi hermanita de esa horrible manera.

Así que levanto a Jaime por un brazo, y llamo a la funeraria.

Jaime pov:
Llegamos a la morgue y nos entregan el cuerpo de Alicia, ¡mi amada Alicia!, Mery y yo vamos a esperar a que preparen el cuerpo para el sepelio.

No tengo palabras, solo pronunciar esa frase “Cuerpo”, me desploma y me deja sin aliento, como si hubiesen imputado mi espíritu, como si ya no estuviera vivo por completo.

Nos sentamos en un banco de mármol blanco que está en una sala pintada de amarillo incandescente; en otra sala del lado izquierdo, bastante iluminada por varias lámparas, se está efectuando un servicio fúnebre: Todos visten de negro y una mujer de tez blanca, su cabello largo y negro, llora lamentando la muerte de su esposo; su llanto y su lamento son gritos audibles de mi alma, que se  ha empecinado en hacerse oír en labios de otros seres, resuenan por todas partes.

Terminaron por fin de preparar el cuerpo de Alicia, Mery se ha marchado a saber cómo está Jeremías, y eso en verdad me tranquiliza, sé que podré contar con ella en todo momento y que siempre me brindará su apoyo.

Me dispongo entonces a organizar el lugar para el funeral.

La casa de Alicia donde hemos vivido estos últimos meses, será el mejor lugar, por acá la conocía mucha gente, creció aquí, y estoy convencido de que hubiese querido que su funeral fuera en esta, su casa.

Transcurren algunas horas y varios compañeros de la universidad han comenzado a llegar, también profesores para darme el pésame, algunos vecinos al verme llegar se han acercado; Rita la anciana de al lado, también vino para condolerse.

Ella ha sido muy unida a Alicia y a Mery y se ha convertido en una segunda madre para ellas; pero no puedo creer quien ha venido –quizás Mery le avisó– es el profesor de historia de 5to año quien nunca nos trató bien, y ahora… su actitud ha cambiado y, de alguna forma me siento mejor, es muy amable y condescendiente quizás sea porque él también ha perdido a su esposa.

La Frontera del dolor.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora