…Un mundo donde no hay tiempo para lloriqueos infantiles…
…Lo que fueron rosas hoy tan solo son espinas…
Jeremías pov:
Hace un mes que lo perdí todo.
Hace 30 días que vi la luz se escapar de los ojos de mi tía.
Dejándola vacía y fría.
Todas las noches revivo aquel trágico episodio.
El Teatro.
Mi diploma.
El rechazo de mis compañeros.
El taxi.
La plaza.
El puente.
Mi casa.
Los escombros, el fuego, el humo…
Mi desesperación.
Mi impotencia, mis preguntas…
Mi tía. Su cuerpo atrapado en los escombros.
La desesperación en sus ojos.
El llanto y sus palabras balbuceantes tratando de consolarme.
Su despedida.
El llanto, el rencor.
Mi vida desmoronándose ante mis incrédulos ojos.
Al parecer cada noche me visita un espíritu, que me succiona el alma y me deja solo con el horror de mi vida.
No he podido ocultar mi llanto. Las lágrimas resbalan por mi rostro.
Pero debo fingir.
Debo aceptar mi nueva realidad.
Me levanto a recoger el catre donde me han permitido dormir, o mejor dicho recostarme.
Hago mis deberes.
Todos acá deben ganarse el pan.
Limpio las habitaciones comunales, lavo los trastos o corto la maleza que va creciendo con la lluvia.
Nos dan dos comidas al día.
Casi siempre es el mismo pobre y sencillo menú.
Un pan duro, mantequilla y café frío, alguna que otra vez está tibio.
Por la media tarde, casi el llegar las 6.30pm nos dan un tazón con pasta y frijoles o una salsa de no sé que cosa.
Bueno, la verdad es que mi vida no será jamás la de antes.
He perdido los cimientos.
En el refugio nos han dado la tarea de vender algunas golosinas: galletas, chupetas, caramelos y cosas así.
Cada persona de acá debe aportar para el mantenimiento propio y del lugar.
Salimos a la calle.
Y me enfrento a esta gran ciudad.
Avenidas abarrotadas de autos que generan un ruido ensordecedor.
Motocicletas que casi te llevan por delante.
Gente gritando, pelando, todos alborotados y agobiados.
Cada uno absorto en sus propios problemas.
Me invade a veces la cobardía.
El miedo de no estar a la altura de la situación.
Casi siento desmoronarme, desplomarme en medio de la calle.
Cargando con tanto peso en mis espaldas.
Pero seguiré avanzando.
Aunque tenga que ir con mi dolor a cuestas.
Bueno no todo a sido malo, creo que esto me ha hecho ver el mundo como es en realidad.
Duro.
Duro y lleno de injusticia.
En el que debes aprender a sobrevivir, a ser más fuerte que los problemas, un mundo donde no hay tiempo para lloriqueos infantiles.
Eleiza pov:
Hoy puedo decir que soy la esposa de Román Hopkins y a 6 meses de nuestro feliz matrimonio y mi embarazo, puedo estar segura que soy feliz.
Mi embarazo va muy bien y cada día olvido más mis tristezas del pasado, me distraigo con las convenciones sociales y las reuniones con gente del medio artístico: cantantes –todos muy buenos– de fama nacional y con una que otra incursión en países latinos, en especial en México, quienes son siempre receptivos al talento español de buena calidad, bailarinas –algunas de ellas extranjeras– y, en lo personal a la que más admiro por su dedicación además de su pronta ascendencia en las esferas internacionales es a Carla Winchester, venezolana, que al igual que yo emigró de allí para cumplir su sueño.
Ser una bailarina de ballet de alguna compañía en Moscú, Rusia y luego de mucho empeño, sudor y lágrimas, logró ser contratada y ahora visita Barcelona en su gira por España antes de marchar rumbo a Portugal, me alegra sobremanera haberle conocido.
Podría decirse que ya soy toda una mujer de mundo, una dama de sociedad, rodeada de la crème de la crème en el basto mundo de la música y el arte.
También nos acompaña en la recepción un panista estadounidense, de nombre Thomas Chursh, íntimo amigo –por no decir algo más, púes sus miradas se entrecruzan sospechosamente– de la Srta. Katherine, asistente de mi marido, quien le recomienda y elogia en cada oportunidad ante Román con disimulado interés de incluirlo al grupo de músicos preelegidos para la orquesta.
Una inmaculada y bella cantante de ópera clásica, divinamente vestida para la ocasión, soprano entre su clase, hace alarde de su voz, quebrando el fino y caro cristal de una bellamente decorada copa que sostiene entre sus fuertes y corpulentas manos sedosas.
Todos los aquí reunidos pertenecen a la alta esfera económica y con familias de estirpe y abolengo, exceptuándonos claro está, a las dos venezolanas que formamos el grupo en disonancia con la posición económica del resto de los comensales.
Aunque es cierto que yo era una niña rica en Venezuela pero acá eso no se compara.
Después de demostrarnos a todos sus dotes musicales, la bella Natalina Bonvichini, se sienta y roba las miradas con su hermoso vestido y sus excelsos accesorios.
Lleva un hermoso vestido color durazno hecho a mano y que le queda a la medida acentuando sus curvas y sobre todo su cintura.
Mataría por tener un vestido como el de ella.
En este tipo de reuniones del lobby artístico y musical, me paso los días en mucha calma y a su vez con premura, por la cantidad de invitaciones que recibimos y que con mucha pena, hemos tenido en su mayoría que rechazar: cenas con abogados, representaciones teatrales, conciertos de música clásica y contemporánea, fiestas de escritores y filósofos, entrevistas a medios de comunicación –periódicos, tv, revistas y reseñas en artículos de prensa– todos nacionales e internacionales.
Nos pasamos los días entre concurridos bautizos de libros y obras de arte, por la mañana asistimos a una que otra inauguración de cierta galería, restaurantes y floristerías, entre tantas solicitudes de nuestra comparecencia que hemos tenido que hacer uno que otro desaire a algún que otro conocido, para tener tiempo a solas, sin fotógrafos ni gente persiguiéndonos para alguna declaración o autógrafo de mi marido.
Al parecer este es el precio que debo pagar para tener dinero.
Todo eso me tiene ofuscada, tal vez sea el embarazo, pero a la vez muy feliz, pues jamás llegué a imaginar todo este mundo que, parece fácil, pero en ningún sentido lo es.
Pero, aunque todo va bien, siento algo muy dentro de mí, que he tratado de obviar y que no me ha dejado en paz…
El recuerdo de mi vida anterior.
De mi vida junto a… Jeremías.
El tiempo pasa a prisa.
Después de 7 trajinados meses en espera, desde que recibí la noticia de que tenía 2 meses de embarazo, por fin mi hijo ha nacido y hemos decidido llamarle Samuel.
Sus ojos azules como el cielo me cautivan y también me hacen dudar mucho.
Me recuerdan a…
Pero prefiero no imaginarme cosas donde no las hay o… ¡eso espero! Pues no quiero pensar en lo que muy dentro de mí ser presiento y, que puede ser verdad.
Román sale mucho de viaje por toda España y a otros países, antes de dar a luz, yo le acompañaba regularmente a muchos de sus compromisos y a uno que otro viaje a otros países, pero ahora que Samuel nació debo estar al pendiente de él.
Román me ha sugerido que contrate una niñera, pero yo no accederé nunca a una petición como esa, pues implica que yo me separe por periodos muy largos de tiempo de mi hijo, por ese motivo no salgo mucho de casa.
Ya Samuel tiene un mes de nacido y mi relación con Román se ha vuelto distante y un tanto fría debido a que el niño consume todo mi tiempo; él me cela sin razón pues ni siquiera salgo de casa, me cela del cartero, ha despedido al jardinero, al chofer, se ha aumentado sobremanera su celopatía, a hasta el punto de que tengo pavor de él.
¡Tengo mucho miedo!
Ya no salimos como antes, por su temor a que otros me miren, ni hablamos como antes, es más puedo decir que… ya no nos amamos como antes, él tiene una actitud muy autoritaria y represiva que me sorprende y me molesta, su tono pedante me ha hecho entender que la vida en pareja no es un cuento de hadas, intenté decirle que me disgusta su forma de actuar y solo se oyeron sus gritos y por poco me golpea.
Todo ha cambiado, lo que antes eran palabras bonitas ahora son gritos, lo que fueron rosas hoy tan solo son espinas.
Esta mañana me dio una bofetada porque no le traje el café a tiempo; no me atreví a decirle nada… por… por miedo a algo peor.
¡Jamás imaginé que pasaría esto!
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La Frontera del dolor.
Любовные романыJeremías Davalillo puede parecer un chico como cualquier otro, pero no es así; vive una vida de mentira. Toda su infancia de perfección fue solo una ilusión, presagiada por los fantasmas del pasado de su familia: una a la que nunca debió pertenecer...