12

497 48 4
                                        

El día transcurría como cualquier otro. Takemichi había pasado la mañana en la oficina, terminando algunos papeleos mientras cuidaba de Shinichiro, quien jugaba con una manta en su pequeña cuna junto a él. La rutina había vuelto a ser parte de su vida, y aunque las cosas con Manjiro no siempre eran fáciles, últimamente había sentido una especie de estabilidad, algo que valoraba profundamente. Sin embargo, esa calma se rompió cuando Senju entró en la oficina con su típico aire de seguridad, esa presencia que siempre llevaba consigo como si controlara todo lo que la rodeaba.

- Takemichi -dijo con voz firme, pero sin levantarla-, necesito que vengas a la oficina de Manjiro. Tenemos que hablar los tres.

Takemichi parpadeó, sorprendido. No era común que Senju lo llamara, y mucho menos para una reunión conjunta con Manjiro. Algo en el tono de su voz le puso nervioso. Su primer instinto fue preguntar de qué se trataba, pero antes de que pudiera hacerlo, Senju ya había salido de la habitación, dejándole una sensación de inquietud en el estómago.

Con cuidado, recogió a Shinichiro, quien se aferró a él con una sonrisa inocente, ajeno a la tensión que Takemichi comenzaba a sentir. Se dirigió a la oficina de Manjiro con pasos lentos, preguntándose qué podría ser tan importante para convocarlos a los tres. Cuando llegó, empujó suavemente la puerta y se encontró con Manjiro sentado detrás de su escritorio, con una expresión de desconcierto en su rostro, igual de sorprendido por aquella reunión.

- ¿Qué pasa? -preguntó Takemichi, todavía con Shinichiro en brazos, quien balbuceaba felizmente.

Manjiro lo miró y luego se giró hacia Senju, claramente tan confundido como él.

- No lo sé -respondió Manjiro con una voz baja-. Senju insistió en que habláramos todos juntos, pero no me ha dicho de qué se trata.

Senju, quien estaba de pie junto a la ventana con los brazos cruzados, finalmente se giró hacia ellos. Su mirada era intensa, como si hubiera estado esperando este momento durante mucho tiempo.

- Por favor, siéntate, Takemichi -dijo con una sonrisa tensa, aunque no del todo amable.

Takemichi vaciló por un momento, pero finalmente se sentó, aún sosteniendo a Shinichiro, quien, de repente, comenzó a agitarse. Algo en la atmósfera no le gustaba, y Takemichi también lo sentía. Senju caminó hacia ellos, y antes de que Takemichi pudiera reaccionar, tomó a Shinichiro de sus brazos, casi arrancándolo de su pecho. El bebé comenzó a llorar de inmediato, sus pequeños brazos se extendieron hacia Takemichi, buscando consuelo, pero Senju lo sostuvo con firmeza, sin mostrar ningún interés en calmarlo.

- ¡Oye! -Takemichi alzó la voz, su instinto paternal encendiéndose al instante-. ¿Qué estás haciendo? ¡Dámelo!

Manjiro también se levantó de su asiento, su mirada se oscureció.

- Senju, ¿qué demonios estás haciendo? -preguntó con tono autoritario, claramente molesto por cómo estaba manejando la situación.

Senju, ignorando tanto los llantos de Shinichiro como las protestas de ambos hombres, se giró hacia Takemichi con una expresión seria, casi demandante.

- Necesitamos hablar sobre algo importante -dijo, su voz cortante-. He estado pensando en esto durante mucho tiempo, y creo que es lo mejor para todos nosotros. Quiero adoptar a Shinichiro.

La habitación se quedó en silencio.

Takemichi sintió que el aire se le escapaba del pecho. **¿Qué había dicho?** Sus ojos se abrieron como platos mientras miraba a Senju, quien sostenía a su hijo, su hijo, como si fuera un objeto que podía ser entregado sin más. Volvió a mirar a Manjiro, esperando alguna señal de que aquello era solo un malentendido, pero el rostro de Manjiro reflejaba el mismo shock y confusión.

- ¿Adoptar a Shinichiro? -preguntó Takemichi con voz temblorosa, sin poder creer lo que acababa de escuchar-. ¿Qué... qué estás diciendo, Senju?

Senju no mostró signos de vacilar. Sostuvo a Shinichiro con más firmeza, sin molestarse en tratar de calmarlo mientras el bebé seguía llorando, claramente incómodo lejos de su madre.

- Escúchame, Takemichi -comenzó a explicar, su tono calculador-. Manjiro y yo hemos hablado de formar una familia. Quiero un hijo, pero... no he podido concebir, y Manjiro me dijo que podría ser infértil.

Takemichi lo miró, incrédulo. **¿Infértil?** Sabía que aquello no era cierto. Manjiro no era infértil, no cuando Shinichiro existía.

- Eso no es verdad -murmuró, apretando los puños con fuerza-. Manjiro no es infértil. Si lo fuera, no tendríamos a Shinichiro.

Manjiro permaneció en silencio, mirando a Senju con el ceño fruncido.

- Yo nunca dije que fuera infértil -aclaró finalmente, su voz llena de tensión-. ¿De dónde sacaste eso?

Senju lo miró por un segundo, pero no se desvió de su propósito. Volvió su atención a Takemichi, como si la declaración de Manjiro no importara.

- Quiero darle una buena vida a Shinichiro -continuó-. Puedo darle todo lo que necesita. Educación, estabilidad, amor... todo lo que se merece. Quiero ser su madre, Takemichi. Por eso te estoy pidiendo que me dejes adoptarlo.

Takemichi sintió que su estómago se retorcía de rabia. **¿Cómo podía Senju siquiera sugerir algo así?** ¿Cómo se atrevía a pedirle que entregara a su hijo, el ser más importante en su vida, como si fuera un simple trámite? Apretó los dientes, sus ojos brillaban con una mezcla de incredulidad y furia.

- ¿Estás escuchando lo que estás diciendo? -replicó Takemichi, alzando la voz, su pecho subiendo y bajando con la emoción contenida-. ¡Shinichiro es mi hijo! ¡Es nuestro hijo! No puedes simplemente venir aquí y pedir que lo entregue como si fuera algo tuyo para tomar. ¡No tienes ningún derecho!

Shinichiro seguía llorando en los brazos de Senju, y Takemichi se levantó bruscamente, extendiendo los brazos para que le devolviera a su bebé.

- ¡Dámelo! -exigió, su voz temblando-. ¡Dámelo ahora mismo!

Manjiro también se acercó, su expresión era sombría.

- Senju, suéltalo -dijo con una autoridad inconfundible en su tono.

Por un momento, Senju vaciló. Quizás no había esperado tanta resistencia, pero estaba claro que no tenía ninguna intención de ceder.

- Manjiro, ¿no entiendes? -insistió-. Yo también merezco tener un hijo. Quiero ser una madre, y Shinichiro puede tener una vida maravillosa conmigo. Tú mismo me dijiste que querías que formáramos una familia. Esto es lo que necesitamos.

Manjiro la miró, pero su expresión no cambió. Sus ojos estaban fríos.

- No puedes adoptar a Shinichiro, Senju -dijo con firmeza-. Él ya tiene una familia.

Senju se quedó en silencio por unos momentos, apretando los labios, antes de soltar un suspiro frustrado. Finalmente, con algo de renuencia, le devolvió a Takemichi a su bebé, quien inmediatamente dejó de llorar al sentir los brazos de su madre alrededor de él.

Takemichi lo abrazó con fuerza, sintiendo que su corazón latía frenéticamente. Sus manos temblaban mientras acariciaba la cabeza de Shinichiro, quien poco a poco comenzó a calmarse.

- No vuelvas a sugerir algo así -dijo Takemichi, su voz ahora baja pero llena de una intensidad inquebrantable-. Shinichiro no es algo que puedas tomar. Es mi hijo, y nunca te lo voy a entregar.

El Amor De madre Donde viven las historias. Descúbrelo ahora