Takemichi apretó los puños con fuerza, sus nudillos volviéndose blancos mientras el eco de las últimas palabras de Manjiro resonaba en su mente.
"Te espero en la suite."
Era cierto. No podía decirle que no, no en su situación. Pero cada fibra de su ser se retorcía de dolor y humillación al recordar el beso que Manjiro acababa de imponerle.
Respiró profundamente, intentando recuperar el control. Las lágrimas amenazaban con caer, pero no podía permitirse el lujo de llorar frente a él. No de nuevo. No después de todo lo que había soportado. Ya había sido vulnerable demasiadas veces y cada una de ellas había terminado en sufrimiento.
— Odio que tengas razón... —susurró, incapaz de mirarlo directamente a los ojos.
Manjiro permaneció en silencio, observándolo con esa calma perturbadora, como si supiera exactamente cómo doblegarlo. Siempre había tenido ese control sobre él, desde el principio. Conocía sus debilidades, sus límites... y cómo hacer que los cruzara una y otra vez.
Takemichi alzó la cabeza, respirando hondo. No le daría el placer de verlo completamente derrotado. Quizás no pudiera decirle que no, pero tampoco se rendiría sin luchar. No esta vez.
— Haz lo que quieras. —Su voz tembló ligeramente, pero su determinación seguía intacta—. Pero te aseguro que nunca volverás a tener el control completo sobre mí.
Manjiro entrecerró los ojos, su expresión impasible. Dio un paso hacia él, inclinándose lo suficiente para susurrar cerca de su oído.
— ¿Es eso lo que crees?
El aliento cálido de Manjiro rozó su piel, enviando un escalofrío por su espina dorsal. A pesar de sus palabras, de la determinación que intentaba mantener, su cuerpo reaccionó ante la proximidad del otro. Y lo odiaba por ello.
— Te espero en la suite.
Con esas palabras, Manjiro se alejó, dejándolo solo en la oficina.
Takemichi se quedó quieto, paralizado por la mezcla de rabia, tristeza y desesperación que le atenazaba el pecho. Sabía que tenía que ir. Sabía que no tenía elección. Pero también sabía que, cada vez que aceptaba estar en su presencia, una parte de él se desmoronaba un poco más.
Necesitaba respirar. Necesitaba recordar por qué estaba haciendo todo esto.
Shinichiro.
Su hijo. Su razón de vivir.
Dio media vuelta y salió de la oficina con pasos pesados. Sabía que Manjiro lo esperaba, pero antes de enfrentarlo, necesitaba ver a su hijo. Solo él podía darle la fuerza que necesitaba para seguir adelante.
—✦—
La guardería estaba tranquila, con un suave murmullo de risas infantiles llenando el ambiente. Al cruzar la puerta, su mirada se posó de inmediato en su pequeño Shinichiro.
Estaba en el suelo, jugando con Bruce, el cachorro que había adoptado hacía unos meses. El perrito ladraba emocionado mientras Shinichiro reía, intentando atraparlo con sus manitas pequeñas.
Takemichi sintió cómo su corazón se apretaba.
Por unos segundos, todo el peso del mundo desapareció.
Shinichiro se veía tan feliz, tan inocente... como si nada malo pudiera tocarlo, como si el mundo no fuera un lugar cruel y despiadado.
Cuando sus ojitos oscuros encontraron a Takemichi, su rostro se iluminó de inmediato.
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El Amor De madre
Fiksi PenggemarTakemichi, un joven Omega de 22 años y padre soltero, lucha por superar el dolor Atrapado en el mundo de la prostitución, Takemichi se esfuerza por brindar un mejor futuro para su hijo, Shinichiro. A medida que Takemichi enfrenta su pasado y busca p...
