El día transcurría como cualquier otro. Takemichi había pasado la mañana en la oficina, revisando algunos documentos y asegurándose de que todo estuviera en orden. Últimamente, su vida parecía haberse estabilizado de alguna manera, aunque no podía decir que todo estuviera bien. La relación con Manjiro aún tenía altibajos, pero había momentos en los que se sentía más tranquilo, como si poco a poco se estuvieran acostumbrando a la presencia del otro sin necesidad de estar en constante confrontación.
Shinichiro, ajeno a los pensamientos de su madre, estaba en su pequeña cuna junto a él, jugando con una manta y riendo de vez en cuando. Takemichi desvió la mirada de los papeles por un momento, observando a su bebé con una sonrisa tenue. Era increíble cómo una criatura tan pequeña podía traerle tanta paz en medio de un caos que aún no terminaba.
Sin embargo, esa sensación de calma se rompió abruptamente cuando la puerta de la oficina se abrió sin previo aviso.
Takemichi.
El sonido de su nombre, pronunciado con firmeza, lo hizo levantar la cabeza de inmediato. Senju estaba en la entrada, con su postura rígida y esa expresión que siempre llevaba, como si tuviera el control absoluto de cualquier situación.
Takemichi sintió un escalofrío recorrer su espalda. Algo en su instinto le dijo que lo que estaba por suceder no sería nada bueno.
Necesito que vengas a la oficina de Manjiro. Tenemos que hablar los tres.
El tono de Senju era serio, aunque no agresivo, pero había algo en su forma de decirlo que puso a Takemichi en alerta.
¿De qué se trata? -preguntó con cautela.
Senju no respondió de inmediato. En su lugar, simplemente le lanzó una mirada impaciente antes de girarse y salir de la oficina, dejándolo con más preguntas que respuestas.
Takemichi frunció el ceño. Su incomodidad aumentó. No era común que Senju le pidiera reunirse con Manjiro, y mucho menos con un aire tan tenso. Algo en su actitud le resultaba sospechoso.
Con cuidado, levantó a Shinichiro en brazos. El bebé balbuceó alegremente, aferrándose a su ropa con sus diminutas manos. Takemichi le acarició la cabeza con suavidad antes de salir de la oficina y dirigirse al despacho de Manjiro.
Cada paso que daba hacía que su inquietud aumentara.
Al llegar, empujó la puerta y se encontró con Manjiro sentado detrás de su escritorio. Su esposo tenía el ceño fruncido y una expresión de desagrado en el rostro, claramente tan sorprendido como él por aquella reunión repentina.
¿Qué pasa? -preguntó Takemichi, ajustando a Shinichiro en sus brazos mientras el bebé jugaba con los botones de su camisa.
Manjiro lo miró con una expresión igual de desconcertada.
No lo sé. Senju solo dijo que debíamos hablar, pero no explicó de qué.
Takemichi apretó los labios. Algo definitivamente no estaba bien.
Senju estaba de pie junto a la ventana, con los brazos cruzados y una mirada calculadora. Finalmente, se giró hacia ellos con una expresión tensa y una ligera sonrisa que no alcanzaba sus ojos.
Siéntate, Takemichi.
El tono de su voz era educado, pero la autoridad en él era evidente.
Takemichi vaciló por un segundo, sus instintos gritándole que no bajara la guardia. Sin embargo, finalmente se sentó, sosteniendo con más firmeza a Shinichiro, quien comenzó a moverse inquieto.
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El Amor De madre
أدب الهواةTakemichi, un joven Omega de 22 años y padre soltero, lucha por superar el dolor Atrapado en el mundo de la prostitución, Takemichi se esfuerza por brindar un mejor futuro para su hijo, Shinichiro. A medida que Takemichi enfrenta su pasado y busca p...
