Takemichi sintió cómo la mano de Manjiro se cerraba alrededor de su brazo, firme, como si quisiera aferrarse a algo que ya había perdido. Un escalofrío le recorrió la espalda, no por miedo, sino por la intensa oleada de recuerdos que lo golpearon de golpe.
Era inevitable. Cada vez que Manjiro lo tocaba, aunque fuera de la manera más mínima, su mente lo arrastraba al pasado. A ese tiempo en el que pensó que su vida podría ser diferente.
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Todo comenzó con una oferta de trabajo.
Takemichi era joven, desesperado y sin opciones. Con un pasado lleno de dificultades y un futuro incierto, aceptó cualquier oportunidad que le permitiera sobrevivir. Fue así como terminó trabajando en aquel lugar, un club exclusivo donde la belleza y la compañía eran mercancías de alto valor.
Ahí fue donde conoció a Manjiro.
Desde el primer momento, hubo algo en él que lo hacía destacar entre los demás clientes. No era solo su dinero, ni su estatus. Era la manera en que se movía, la seguridad con la que hablaba, el magnetismo que desprendía. Manjiro no pedía las cosas, las exigía. Y cuando posó sus ojos en Takemichi, fue como si lo marcara con fuego.
Al principio, todo fue sutil. Pequeños gestos que hicieron que Takemichi bajara la guardia. Manjiro no lo trataba como los demás. No lo veía solo como alguien que trabajaba ahí, sino como una persona.
— ¿Te han dicho que tus ojos son hermosos? —le preguntó una noche, con esa sonrisa ladeada que lo hacía parecer inofensivo.
Takemichi se rió, sin darle demasiada importancia.
— Seguro que le dices eso a todos.
— No —negó Manjiro, inclinándose un poco más cerca—. Solo a los que lo merecen.
Así empezó todo. Conversaciones que se alargaban hasta el amanecer, miradas que duraban más de lo permitido, roces intencionados que hacían que el corazón de Takemichi latiera con fuerza.
Y luego, llegó el día en que Manjiro le pidió algo más.
— Quédate conmigo esta noche.
No era una orden, ni una exigencia. Era una petición. Algo que Manjiro rara vez hacía.
Takemichi no supo en qué momento empezó a confundirse, en qué momento dejó de ver a Manjiro como su jefe y comenzó a verlo como algo más. Pero cuando se dio cuenta, ya era demasiado tarde.
Lo suyo no era una relación convencional. No podían llamarse pareja, pero tampoco eran simples conocidos. Manjiro lo trataba como si le perteneciera, como si fuera suyo.
Y Takemichi, con su corazón ingenuo, creyó que eso era amor.
Hasta que todo se vino abajo.
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— No hemos terminado —dijo Manjiro, su voz firme, pero sin la frialdad que Takemichi esperaba.
Takemichi lo miró con los ojos encendidos por la rabia y la desesperación. Su mano tembló bajo el agarre de Manjiro, no de miedo, sino de la necesidad de apartarlo, de romper esa conexión que alguna vez creyó sagrada.
— ¿Qué más quieres? —espetó con la voz cargada de veneno—. ¿No te basta con lo que ya hiciste?
Manjiro lo observó en silencio, como si ya hubiera anticipado esa respuesta. Suspiró y cruzó los brazos, recostándose contra el escritorio de su oficina. Luego, con una voz más suave, le hizo una pregunta que Takemichi no esperaba.
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El Amor De madre
FanfictionTakemichi, un joven Omega de 22 años y padre soltero, lucha por superar el dolor Atrapado en el mundo de la prostitución, Takemichi se esfuerza por brindar un mejor futuro para su hijo, Shinichiro. A medida que Takemichi enfrenta su pasado y busca p...
