La habitación estaba en penumbras, iluminada apenas por la tenue luz de la lámpara sobre la mesa de noche. Takemichi estaba de espaldas, vistiéndose con movimientos lentos y mecánicos, como si cada prenda pesara toneladas sobre su cuerpo. Su piel aún tenía la sensación del contacto de Manjiro, y eso lo hacía sentir enfermo.
Su reflejo en el espejo era un recordatorio de lo que acababa de pasar. De lo que siempre terminaba pasando.
Se pasó una mano por el rostro, intentando borrar las marcas invisibles que Manjiro siempre dejaba en él. Pero no había forma de eliminarlas. No importaba cuántas veces intentara fingir que era fuerte, que podía soportarlo todo... la verdad era que estaba roto por dentro.
Pero esta vez sería diferente.
Terminó de abotonarse la camisa y tomó aire profundamente. Si no podía alejarse de Manjiro, al menos intentaría recuperar algo de control sobre su vida.
Se giró lentamente, encontrándose con la mirada oscura de Manjiro, quien aún estaba recostado en la cama, con el torso desnudo y los mechones de cabello desordenados cayendo sobre su rostro. Parecía tranquilo, satisfecho... como si todo lo que acababa de suceder hubiera sido un juego más para él.
Takemichi sintió su estómago revolverse de rabia e impotencia.
— Acepto el trabajo.
Manjiro entrecerró los ojos, interesado.
— Oh. ¿Eso significa que finalmente estás cediendo?
Takemichi apretó los dientes.
— No lo hago por ti.
El silencio se alargó, y Manjiro pareció evaluarlo por unos segundos antes de soltar una suave risa.
— Por supuesto que no.
Takemichi odió lo bien que Manjiro lo conocía. Sabía que no tenía opción. Sabía que lo hacía por Shinichiro.
Y eso era lo peor. Que Manjiro siempre tenía razón.
Tomó aire y obligó a su voz a mantenerse firme.
— Si voy a trabajar para ti, será con mis propios méritos.
Manjiro arqueó una ceja.
— ¿Con tus propios méritos? —Repitió, como si la idea le resultara divertida.
Takemichi asintió.
— Sí. No quiero un trato especial. No quiero que me mantengas bajo tu control como antes. Quiero ser tu secretario porque soy capaz, no porque tú lo decidas.
Manjiro lo observó en silencio, con una expresión que Takemichi no supo descifrar. Era difícil saber en qué estaba pensando.
Pero cuando finalmente habló, su voz era suave.
— ¿Eso es lo que quieres, Takemichi? ¿Demostrar que puedes valerte por ti mismo?
Takemichi lo miró fijamente.
— Sí.
Por Shinichiro.
Por él mismo.
Por la persona que alguna vez fue antes de que Manjiro destrozara todo a su alrededor.
Manjiro apoyó la cabeza en su mano, su mirada siguiéndolo con un brillo extraño en sus ojos.
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El Amor De madre
FanfictionTakemichi, un joven Omega de 22 años y padre soltero, lucha por superar el dolor Atrapado en el mundo de la prostitución, Takemichi se esfuerza por brindar un mejor futuro para su hijo, Shinichiro. A medida que Takemichi enfrenta su pasado y busca p...
