Era una mañana fresca y soleada, el tipo de día perfecto para celebrar el primer cumpleaños de Shinichiro. Desde el momento en que abrí los ojos, sentí la emoción palpitar en mi pecho. Hoy era un día especial. No importaba que no pudiéramos hacer una gran fiesta o comprar regalos costosos; lo importante era estar juntos y crear recuerdos que, aunque él no pudiera recordar ahora, quedaran guardados en fotos y en mi corazón.
Me levanté temprano y fui directo a la cuna donde Shinichiro dormía plácidamente. Su pequeño pecho subía y bajaba con cada respiración, su cabello desordenado caía sobre su frente, y sus labios entreabiertos dejaban escapar un leve suspiro. Me quedé mirándolo por unos segundos, grabando esa imagen en mi mente. Era increíble pensar que hace un año lo había sostenido en mis brazos por primera vez, tan diminuto, tan frágil.
Con delicadeza, pasé mi mano por su cabecita, despeinándolo aún más.
— Feliz cumpleaños, mi amor —le susurré con una sonrisa.
A los pocos segundos, sus ojitos se abrieron lentamente, parpadeando con somnolencia antes de mirarme fijamente. Y entonces, como si entendiera mis palabras, esbozó una sonrisa amplia y dulce, estirando sus bracitos hacia mí.
— Buenos días, campeón —reí suavemente mientras lo levantaba de la cuna.
Lo llevé al baño para darle un buen baño. Le encantaba el agua, y tan pronto como lo puse en la tina, empezó a chapotear con entusiasmo, salpicándome sin piedad. Su risa llenaba el pequeño baño, y yo no podía hacer más que reír con él.
— ¡Oye, pequeño bribón! —exclamé mientras me secaba la cara—. ¡Estás empapando todo!
Él solo respondió con más risas, encantado con su pequeño caos. Lo lavé con cuidado, asegurándome de que estuviera completamente limpio para su gran día. Cuando terminamos, lo envolví en una toalla y lo llevé a la habitación, donde tenía preparada su ropita.
Allí, cuidadosamente doblado en su pequeño armario, estaba el mejor conjunto que tenía para él: un mono azul con pequeños dibujos de estrellas. Tal vez él aún no comprendía la importancia de vestirse bien, pero para mí, este día debía sentirse especial en cada detalle.
— Hoy será un gran día, mi amor —le susurré mientras lo vestía con delicadeza.
Shinichiro solo me miraba con esos grandes ojos curiosos, moviendo sus manitas mientras intentaba jugar con los botones de su ropa. Cuando terminé, lo cargué en brazos y nos miré en el espejo.
Él se veía hermoso. Tan pequeño, tan inocente. Mi corazón se llenó de emoción al pensar en todo lo que estaba por venir.
—✦—
Cargué su bolsa con todo lo necesario y nos dirigimos al parque. No era un parque lujoso, pero tenía áreas verdes, un lago pequeño y un acuario cercano, y sabía que sería el lugar perfecto para nuestro día especial.
Nuestra primera parada fue el acuario. Cuando entramos, Shinichiro abrió los ojos con asombro, mirando a su alrededor como si estuviera en otro mundo. Los enormes tanques de cristal llenos de peces de todos los colores parecían hipnotizarlo.
— Mira, esos son peces payaso —le dije, señalando un tanque lleno de pequeños peces naranjas con franjas blancas—. ¿Ves cómo nadan?
Él golpeó el cristal con sus manitas, sin entender cómo esas criaturas brillantes podían moverse con tanta ligereza. Cada vez que uno de los peces se acercaba, su risa sonaba como una melodía.
— Te gusta, ¿verdad? —le pregunté mientras él seguía riendo.
No podía perderme esa expresión maravillada en su rostro, así que tomé muchas fotos. Quería capturar cada pequeño detalle, cada emoción que surgiera en su rostro. Sabía que estos momentos no se repetirían.
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El Amor De madre
FanfictionTakemichi, un joven Omega de 22 años y padre soltero, lucha por superar el dolor Atrapado en el mundo de la prostitución, Takemichi se esfuerza por brindar un mejor futuro para su hijo, Shinichiro. A medida que Takemichi enfrenta su pasado y busca p...
