Capítulo 9

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[Sae Itoshi]

Pese a que estaba intentando con todas mis fuerzas ser lo más callado posible, no podía cerrar la boca. Jadeaba, ni bajo ni lento; era rápido, pesado, como si estuviese corriendo la maratón de mi vida o escapando por mi vida, solo que de aquí no quería huir.

Su mano era grande, podía agarrarme con sus dedos y hacerme venir sin hacer demasiado esfuerzo, y dios que tenía la fuerza suficiente como para fijarme en un lugar y hacerme lo que deseara sin que yo se lo impida, lo cual tampoco era problema para él, porque yo no me estaba resistiendo. 

—Carajo... ah, carajo...

Lo único que podía decir para expresar lo que estaba sintiendo eran unos cuantos insultos, seguidos de unas cuantas patadas con las cuales trataba de defenderme sin mucho éxito, era fácil para él apartarlas, abrirlas más y hacerse más espacio para atacar. 

Ni hablar de los besos. No podía decidirme si estaba demasiado sensible por que él era bueno en lo que hacía, o por que yo era demasiado virgen e inexperto. Seguramente los dos, pero tampoco me molestaba. 

—Mierda... ah, mngh, no... no ahí... 

Ya sabía dónde debía tocar, qué lugar haría que me esté retorciendo y que trate de apartarlo de mí, de qué forma y qué velocidad debía poner para hacerme gemir y jadear.

—Basta... cara...

—¡Sae!

Mi frente chocó contra la mesita de luz que estaba a un lado de mi cama al despertarme de golpe por el grito de alguien llamándome a lo lejos. Me sobé la cabeza mientras siseaba del dolor y me sentaba sobre el colchón, fulminando la puerta con odio.

—¡Cierra la puta boca, deja de llorar!—Cualquiera diría que Rin se despertó con la pierna izquierda solo por oír como insultaba tanto tan temprano por la mañana, pero yo sabía bien que era todo lo contrario. 

Chasqueé la lengua, al mismo tiempo en que me revolvía el pelo y me senté en el borde de mi cama, dejando caer la mirada a mi regazo en tanto me sentí algo pegajoso... y extraño.

—Qué mierda.

Tenía el pijama húmedo, y debajo de él, lo que más temía. 

—¿Tuviste un sueño húmedo, con quién!?—Preguntó el idiota de Oliver, casi gritándolo para que toda la puta fila del kiosco escuche lo más vergonzoso que me habrá pasado en la vida.

—Bajá la voz, pelotudo—Mascullé mientras miraba a los lados para asegurarme de que nadie lo haya oído, solo para volver a fulminarlo con la mirada.—No te interesa con quién—Bufé, tomando la gaseosa que compramos antes de caminar lejos de la fila, sin interés en saber si él me estaba siguiendo o no.

—Pero—Oliver sí me siguió, mirándome algo confundido.—Me interesa saber quién es el afortunado que tuvo un espacio en los sueños de aquel que le chupa un huevo hasta como está su propio hermano—Me detuve, mis orbes verdes hundiéndose en los suyos con odio antes de suspirar.

—Me voy antes, voy a buscar el celular—Cambié el tema, lo cual Oliver entendió como que no debía seguir con lo mismo si no quería que le rompa el brazo y me largue sin dar ninguna explicación.

—Ah, ¿ya encontraste a alguien que te ayude con eso?—preguntó, algo curioso.

—No, algo mejor. 

Sin dar muchas vueltas, volví a casa después de unas horas más haciendo mis deberes en la biblioteca de la facultad, horas antes de la hora de salida de los demás, lo cual me dejaba la casa sola para recibir (nuevamente) mi precioso paquete.

Hilo de mierda || RyusaeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora