Capítulo 17

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[Shidou R.]

—No lo quiero—Dije mientras estiraba la mano para empujar la carta hasta él de nuevo. Junté fuerzas para levantar la mirada y mantenerla, al mismo tiempo en que el rubio se volteaba para dejar su vaso a un lado e inclinarse sobre la mesa, los brazos cruzados sobre el pecho.

—¿Vos me estás cargando?—Masculló entre dientes, sus ojos azules afilados que hacían contraste con el delineado rojo en el límite de los mismos se clavaron en mi rostro. Sus cejas perfectas se arrugaron, y apretó la quijada.—¿Por qué no?

—No quiero hacer esto—Murmuré, la voz se me hacía débil, y podía sentir esa amargura formándose en mi boca ante el mero pensamiento de trabajar para él y hacer eso, solo por plata.—No puedo, no lo siento...

—¿Correcto, vas a decir?—Me interrumpió. Él cerró los ojos y bufó, tomando el sobre entre sus dedos para sacudirla en el aire.—Esto, Shidou, te lo estoy regalando, porque sé que lo estás necesitando, ¿o qué pensás, que la gente no se da cuenta cuando salís a robar por ahí, casita por casita, esquina por esquina?—Escupía palabra por palabra. Bajé la cabeza, podía sentir como mis mejillas ardían en vergüenza. 

Vergüenza por robar. 

—El casero tuyo seguramente les está subiendo el precio de alquiler porque está pensando en echarte de ahí, por eso tu viejo no puede pagarle—Alcé la mirada y lo fulminé ante aquella mención. Él no retiró lo que dijo, pero lanzó el sobre de nuevo cerca de mí.—¿Sabés que va a llegar un punto en que no va a poder ni levantarse de la cama, no? Tomalo, hacé algo antes de que pase.

—Kaiser... 

—En ningún lado toman a un pibe de quince, mucho menos alguno que tiene antecedentes como los tuyos—Dijo mientras se paraba de su lugar. Tomó su campera y su mochila para cargarla sobre su hombro.—Te conviene hacer lo que yo te diga, tu papá es una bomba de tiempo que necesita ayuda ahora

Miré por el gran ventanal del restaurante donde él nos citó, su plato vacío y el mío sin tocar, frío. No había comido desde hace días con tal de juntar algo para el precio de la renta que se estaba acumulando desde hace dos meses, pero aún así no juntaba fuerzas para levantar ese tenedor y llevar comida a mi boca, el nudo en mi garganta me lo impedía.

—Tenés mi número. Llamáme cuando te decidas. 

Kaiser abandonó el lugar, el sobre aún yacía sobre la superficie de madera, y yo no podía dejar de mirarlo. Estaba totalmente perdido, sin saber qué hacer. Normalmente, un adolescente cualquiera estaría preocupándose más en la nota del examen para el cual no estudió, en qué va a hacer este fin de semana con sus amigos o qué va a usar durante un día de clases normal. 

Pero en mi caso era todo lo contrario; ¿estuvo bien lo que hice?   

No quería. Odiaba tener que robar; tener que ver las caras asustadas de la gente o la bronca de las mismas al verme arrebatándole sus cosas cuando estaban en un momento vulnerable, cómo lloraban con sus objetos desaparecidos o simplemente se culpaban a sí mismos por no ser lo suficientemente rápidos para darse cuenta de cuándo alguien tiene estas intenciones, pero tenía que hacerlo. 

Necesitaba hacerlo. 

No sabía que Kaiser estaba en lo correcto, y no quería ni pensarlo. Nadie quería contratar a un pendejo de quince años que apenas sabía hacer ecuaciones en el colegio, mucho menos a alguien que tenía acusaciones de ser un ladrón desde chico. Lo fácil era salir con él y hacer lo que me pidiera para conseguir dinero fácil. 

Tampoco me imaginaba que tenía más razón de lo que ya creía.

—Perdón, Shidou—Karasu puso su mano sobre mi hombro y se levantó del piso. Hacía tiempo que no teníamos una conversación decente, y ese día no fue una excepción. Pasó de largo a mi lado, dejándome ahí sentado con la pequeña caja de cenizas que me habían entregado hace poco más de una hora. Otoya me dio una sonrisa débil antes de irse detrás de él. 

Hilo de mierda || RyusaeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora