[Sae Itoshi]
El clima en la casa ahora resultaba... más extraño de lo normal.
Rin bajó las escaleras con pasos pesados y agigantados, echando humo por los oídos mientras yo me encontraba sentado en el sofá con un brownie en la mano y una taza de café en el otro, actuando como si estuviese muy ocupado viendo mis series en la televisión para poder espiar un poco el por qué de su humor tan de mierda.
Azotaba las puertas de la cocina, chasqueaba la lengua y gruñía por lo bajo, dando vueltas por ahí antes de percatarse de mi existencia.
—Deja de respirar tan fuerte—Masculló después de estar a mi altura, me arrebató el control remoto, y antes de que pudiese quejarme, le bajó el volumen a la tele.—Dios, pareces un pug.
—¿Bueno?
Terminé de comer y de beber antes de juntar mi mochila y salir de la casa, sin darme la vuelta a saludarlo al pelotudo con el que comparto sangre porque sabía que ni bien lo miraba me iba a tirar por la ventana de la bronca. A los veinte minutos, mi conductor privado me dejó en la entrada de la facultad, no tardé en bajar y buscar con la mirada a Oliver.
—¡Ah, Sae!
Una voz femenina que venía desde detrás llamó mi atención ni bien entré al instituto. Quise ignorarla para seguir de largo, pero una figura se paró en medio de mi camino, impidiéndome seguir. Alcé la ceja, mis ojos entrecerrándose en un esfuerzo por recordar su nombre.
—¿Mura..?
—Nishimura—Me corrigió con una sonrisa antes de colocar un mechón de pelo detrás de su oreja, divertida.—¿Hacer como que no te acordás de mí es una nueva forma de coquet...?
—No—Mi respuesta hizo que su alegre energía caiga hasta el piso, y yo bajé la mirada hasta el reloj en mi muñeca para fijarme la hora en la misma. Al menos veinte minutos antes de que empiece mi horario.—Estoy llegando tarde—Mentí, pero ella me vuelve a detener.
—¡Esperá!—Dijo algo apurada. Yo ya no pude disimular mi cara de irritación, así que la miré fijamente para hacerla hablar. Murmuró algo que no alcancé a entender, así que me incliné para escucharla mejor.—Eh, bueno... pensé que nos íbamos a ver de nuevo, y me dejaste plantada...—Explicó.
¿Qué dice esta pelotuda?
Mi mente se quedó en blanco por unos segundos antes de que mi ceja inconscientemente se alce al recordarlo, juntando las fichas hasta que por fin me rescato; claro, yo estaba a nada de verme con ella antes de que pase lo de... bueno, eso.
—¿Y?—Me salió. Mi voz hizo que ella se encoja en su lugar, pero después toma coraje para seguir hablando, haciéndose cada vez más chiquita desde su espacio.
—Para compensarme... pensé que podías invitarme a tu casa—Lo que dijo me hace alzar la ceja y entrecerrar los ojos. Mushinira o como se llame tragó saliva al darse cuenta de lo estúpido que sonó lo que había dicho, así que rápidamente se apresuró a corregirlo.—Digo, las últimas veces yo te invité a mi casa, sería bueno que vos también me enseñes tu...
—No.
Me acomodé mejor la correa de mi mochila sobre mi hombro antes de hacer otro intento de escapar de ella y sus intentos de hacer lo que sea que esté haciendo, pero obvio que iba a fallar; me tomó del brazo, haciendo ojitos de perro oloroso pateado como para tratar de hacer que cambie de opinión.
—¡Porfa!—Insistió.—¡Salgamos esta tarde, entonces! Después de tus clases, ¿sí?—Propuso. Sentí mi dedo arder, jalando mi brazo de vuelta hacía mí con la sensación de algo quemándose en mi dedo. Me tomé de mi propia muñeca al notar el hilo rojo ardiente, brillando como nunca antes, e instintivamente miré al final del pasillo.
ESTÁS LEYENDO
Hilo de mierda || Ryusae
RomansaDonde Sae va a un barrio horrible a hacer un trabajo con un compañero de su clase y le roban el teléfono. O donde un día este Itoshi despierta y ve que tiene el hilo rojo del destino en su dedo... ¿pero quién es el que está del otro lado? Shidou Ry...
