Capítulo 16

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[Shidou R.]

Mis pies aterrizaron en el suelo después de haber hecho cálculos mentales y fuerza física para caer en el pasto desde la ventana del primer piso sin quebrarme las piernas en el intento. Me agaché, cerré los ojos con fuerza y me atajé el tobillo con la mano, mordiéndome el labio.

—La concha de mi hermana...—Lloriqueé en voz baja, con la otra mano sosteniéndome la frente para evitar soltar algún sonido que llame la atención de quien sea que esté dentro de la casa.

—¿Acabas de..? 

Alcé la mirada rápidamente al sentir la presencia de alguien posándose enfrente mío, soltando un suspiro aliviado al ver que no se trataba de nadie importante. Solo el repartidor que me acaba de salvar la vida.

—No robé nada, eh—Aclaré mientras me paraba y hacía un esfuerzo sobrehumano para no ponerme a llorar en su cara del dolor en mi pierna.—Vine a recibir el pedido, tranqui—agregué. Podía ver que el pibe este todo granoso tenía una ceja levantada al ver mi cara retorciéndose ligeramente, pero lo ignoró y me tendió la bolsa.

—Tomá. 

Lo recibí con la mejor de las ondas, para después dirigirme hasta la puerta cojeando. Apoyé el brazo sobre la misma y descansé unos cuantos segundos, tratando de prepararme mentalmente para poner alguna excusa por mi tardanza y el misterioso dolor que tenía cuando la puerta se abrió de par en par. 

—¡Shidou, al fin!—Dijo Otoya, con ese típico tono relajado de siempre.—Rin ya estaba diciendo que no te iba a dejar entrar si tardabas un segundo más—Se movió para un lado y me dejó pasar, así que ni dudé en seguirlo hasta la sala con las manos en los bolsillos y la correa de la bolsa colgando de mi muñeca.

—Qué raro que el pestañitas me estaba esperando—Digo con la voz más insoportable de la tierra, sabiendo bien que Rin me está escuchando desde donde sea que esté.—No pensé que me iba a extrañar si salía, ahora me voy a quedar a vivir en su casa.

—Ese hijo de puta de nuevo—Escuché al Itoshi menor, la voz viniendo desde otra habitación.—¿¡Por qué le mentís, drogadicto estúpido!?—Otoya alza las manos para fingir inocencia, y Reo se ríe, sarcástico.

—Igual, tampoco tomes en joda lo que dice Ryusei—Dijo, para después arrebatarme la bolsa de las manos. Me rebajó con la mirada, y revisó el contenido.—¿Te contó Isagi lo que hizo este parásito?—Rin rodó los ojos.

—¿Qué, que te robó las llaves y que llevó a una chica a tu viejo departamento?—El Itoshi me fulmina antes de pasar de largo e ir directo a la bolsa también, sacando vasos para comenzar a servir de la bebida. Yo me dejé caer en el sofá vacío, mis brazos sobre la espalda del mismo.—Sí, ya me enteré. Todo el pueblo se enteró de la negrada que hizo este.

Eructé después de soltar una carcajada.

—Yo ya les dije que no llevé a ninguna chica—Repetí por milésima vez.—Además qué te importa a vos, chismoso. Estar con el chusma del Yoi te recontagió—Me burlé. Rin hace una mueca de asco, y justo cuando está a nada de iniciar otra discusión, alguien entra por la entrada de tal ambiente.

Nuestras miradas conectan al instante pese a que hay cinco monos más en la habitación (sin contar al emo del hermano), como si una chispa se hubiese encendido. Le sonreí con ganas al notar esa pequeña pero notoria marca que se ve si te quedas mirándolo fijamente por más de diez segundos, pero él voltea y se mueve directo a Rin, quien le da un vaso con lo que él mismo compró. 

—Tenés suerte de que de pedo trajiste lo que a mí me gusta tomar, sino ya te habría echado de mi casa a patadas—Habló el Itoshi menor, cruzándose de brazos.

Hilo de mierda || RyusaeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora