[Sae Itoshi]
Qué carajos.
—Ah, mm...
Dejé que mis ojos caigan hacia su rostro con un suspiro abandonando mi labios cuando su lengua bailó alrededor de la punta que ya estaba medio lubricada por su saliva, lista para recibir su boca. Apreté la quijada y mis dedos recorrieron su pelo inconscientemente.
Por más que sabía que esa Nigaraki (la chica con la que me junté antes) era una inexperta, no se comparaba a la ignorancia de este negro estúpido que tenía frente a mí sobre sus propias rodillas; se ahogaba con mi carne cuando trataba de ir profundo, paraba para toser y recuperar el aliento de vez en cuando, y yo no podía evitar que mis uñas se claven en su cuero cabelludo cada vez que sus dientes rozaban la sensible erección que dolía, dolía muchísimo por él.
Pero era obvio que esto era incomparable porque, a diferencia de la patética mujer que intentaba excitarme con movimientos lentos y sensuales, este imbécil podía solo mirarme y hacer que me fallen las piernas.
Alzó los ligeramente sus irritados ojos cuando notó que lo observaba, lagrimeando cuando empujé su cabeza hacia abajo y forcé al menos otros cinco centímetros dentro de la calidez de su boca húmeda. No pude evitar apoyar la nuca contra la espalda del sofá y gemir, sabía que él podía ver cómo mi pecho se comprimía y se inflaba con lo pesado que respiraba.
Comenzaba a acalambrarme la mandíbula de tanto que la presionaba para tratar de mantenerme callado, no quería ni imaginarme cuánto le dolía a él teniendo mi pene desde hace poco más de diez minutos dentro de su cavidad, pero Shidou sabía que el límite ya estaba cerca, y yo no iba a durar mucho.
No importaba cuántas arcadas le den o lo mucho que hiciera dolerme la pija por sus dientes rozando mi sensibilidad, esto se sentía deliciosamente bien.
La sensación de que estaba a nada de mearme encima de la excitación se avecinaba, y por la última (y única) vez que experimenté aquello, sabía que lo bueno estaba a punto de acabar.
Tragué saliva y un gemido involuntario escapó de mis labios cuando él se apartó para respirar, su mano masturbándome para no matar el sentimiento mientras se limpiaba con la lengua el exceso de saliva y liquido preseminal mezclada, pero yo no lo quería.
No quería parar.
Dejé que mi mano vaya a parar sobre el apoyabrazos del sofá para levantarme ligeramente y empujar su cabeza de vuelta. Pude escuchar (y sentir) las vibraciones del gemido ahogado que soltó en tanto la punta de mi erección alcanzó lo profundo de su garganta, solo para comenzar a empujar las caderas hacia él y cogerme su boca. Lento al principio, pero perdiendo paciencia rápidamente.
Pequeños gruñidos abandonaban mis labios entreabiertos, suspirando y jadeando cuando Shidou por fin se rindió y relajó la garganta para facilitarme el trabajo, mi pito deslizándose con fluidez y mi mano tomando de su cabello para inmovilizarlo en su lugar.
—Mierda...
Sus uñas se clavaron en mis caderas al embestir con fuerza, casi arañando mi piel cuando al fin alcancé el punto de gloria y acabé disparando toda mi carga dentro de su boca.
Tenía la mente en blanco, solamente admirando cómo Shidou se sostenía la garganta y con trabajo trataba de tragar el semen que restó en su boca. Las mejillas rojas, sus ojos irritados y llorosos, babeando... si pudiese sacar mi teléfono y tomar una foto lo hubiese hecho, pero cuando moví la mano lejos de él volví a caer en la tierra.
Shidou. Shidou Ryusei me chupó la pija en su casa. Yo lo ayudé a él y terminé en su boca. Yo. Shidou. Sae Itoshi.
Shidou y yo.
ESTÁS LEYENDO
Hilo de mierda || Ryusae
Roman d'amourDonde Sae va a un barrio horrible a hacer un trabajo con un compañero de su clase y le roban el teléfono. O donde un día este Itoshi despierta y ve que tiene el hilo rojo del destino en su dedo... ¿pero quién es el que está del otro lado? Shidou Ry...
